Don’t Stop Believin’: Everyman’s Journey

Don’t Stop Believin’ es material para los nostálgicos de la banda y aficionados al documental musical
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Uno podría pensar que Journey no tiene ya mucho que ofrecer y quizá estaría en lo correcto: no fue la suya una carrera musical particularmente creativa o llena de aportes. Tienen, eso sí, un par de rolas inolvidables, aunque ninguna como Don’t Stop Believin’, épico tema de la América Profunda, inmortalizado de forma definitiva en Made in America, el episodio final de Los Soprano. Poquito más podría decirse, salvo que son grandes exponentes del llamado rock de estadio, con una horda de fans que difícilmente claudicarán su culto.

Por otro lado, hay que reconocer que, como buena banda de hard rock y géneros afines que se respete, la historia de Journey está llena de altos y bajos como de tragedia griega: peleas, separaciones, rupturas, reencuentros, vocalistas que se van –han cambiado de vocalista dos veces, sustituyendo al anterior con uno más joven y talentoso: son como un millonario que cambia de esposa. El último cambio de vocalista es el que da a luz a este documental, que sigue el camino de Arnel Pineda, joven filipino que, tras ser avistado en un video de YouTube en el que covereaba temas de la banda, fue reclutado para integrarse a la banda.

Y ya. Eso es todo lo interesante de esta historia, que sigue a la banda durante un año en el camino, mientras Arnel se integra y ‘cumple su sueño’. Todo Don’t Stop Believin’ es un infinito lugar común que deriva en bostezo prolongado; su duración es inexplicable: casi dos horas de nada, de un ascenso a la fama, sí, fascinante –¿cuántas veces al año reclutan a filipinos por Youtube para cantar en bandas de rock legendarias?—, pero poco explorado. ¿Cuál es el conflicto de Arnel, más allá de decir ‘no puedo creer que todo esto esté pasando’? ¿Cuál el de los miembros de la banda, que no hacen más que mostrarse boquiabiertos con su talento y satisfechos con su desempeño? Don’t Stop Believin’ es tan solo material para los nostálgicos de la banda y aficionados al documental musical: acaso un editor o director más avezado habría dejado su duración en 45 minutos o una hora, seguramente con mejores resultados.

Para los fanáticos de Journey, el documental forma parte de la actual gira Ambulante.

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