Clara Roquet: Libertad vislumbrada

El debut en la dirección de Clara Roquet es una obra limpiamente rodada y melancólica sobre la amistad en la adolescencia.
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Libertad, el primer largometraje de Clara Roquet, se pasó en la Semana de la Crítica de Cannes y acaba de estrenarse en España, después de ser exhibida y premiada en diversos festivales internacionales. Libertad es el nombre de una de las adolescentes protagonistas (Nicolle García), la que llega de Colombia a reunirse con su madre, Rosana (Carol Hurtado), en la casa de verano de la Costa Brava donde esta trabaja. Gran parte de su trabajo consiste en cuidar de Ángela (Vicky Peña), que presenta los primeros síntomas de Alzheimer. Rosana se queda con ella mientras los hijos y nietas se van a pasar el día en barco, se dedican a jugar al tenis o se enredan en sus problemas sentimentales. Libertad es también lo que todas las mujeres de la casa parecen ansiar. La abuela empieza a sentir la opresión de la enfermedad y debe estar siempre vigilada; su hija está descontenta con su vida y no sabe cómo arreglarla ni por dónde seguir; Rosana no tiene más remedio que estar trabajando para esa familia, lejos de la suya –y aun así ella es el personaje más alegre y generoso– y las adolescentes se sienten constantemente reprimidas por sus madres.

Uno de los mayores obstáculos que encuentran en el camino estas mujeres tiene que ver con la imposibilidad de comunicarse entre madres e hijas, en cada caso por distintas razones: por la enfermedad, por el tiempo que han pasado separadas y las ha convertido en desconocidas, porque han perdido la confianza las unas en las otras. Entrar en verdadero contacto con la otra se convierte en algo complicadísimo y a la vez se intuye que es en la comunicación abierta donde habría una posibilidad de liberarse. Pero no basta con la voluntad o quizá es que ninguna lo desea realmente, porque mantenerse inasequible a la comunicación es una manera de vengarse (de lo que sea que consideremos que nos deben).

Aunque la película se llame Libertad, quien aparece en el cartel haciendo la plancha en la piscina es Nora (María Morera), nieta mayor de Ángela e hija de Teresa (Nora Navas). Es desde su lado desde donde vemos las cosas, desde su percepción oscilante. Parece que las vacaciones van a ser un poco raras, con la abuela enferma, la madre muy excitable y ella en una edad intermedia en que ya no le apetece jugar con su hermana y sus primas pequeñas, pero tampoco es lo bastante mayor para hacer su vida. Su amistad con Libertad, solo un año mayor pero que parece sacarle varios más tanto por su aspecto como por su actitud, abrirá un desvío en el curso del verano que le permitirá acceder a los mundos que discurren paralelos pero a los que nunca se hubiera asomado por sí sola. Por ejemplo, las discotecas del pueblo o la pandilla de Manuel, el chico que cuida y pilota el barco de la familia, hijo a su vez del antiguo piloto del barco. La llegada de Libertad ha provocado también que se difuminen las diferencias entre clases sociales, lo que curiosamente no hace sino marcarlas con más claridad. Recurrentemente a lo largo de la película se muestran estas desigualdades, que también revelan una incapacidad para la comunicación. 

Según sus interlocutoras en la película, Nora resulta más infantil o más madura, a veces ingenua y a veces retorcida, y como si estuviese aprendiendo a usar los distintos registros según las circunstancias (por contraste, su hermana pequeña, Paula, es siempre una inocente bocazas, muy graciosa). Cuando pasa ratos con su abuela, bordando o haciendo un pequeño arreglo en la habitación, Nora aparece como la nieta mayor, responsable y cariñosa, en quien se puede confiar la digna sucesión de la saga femenina. En esos ratos muertos del verano se revela la verdadera vida doméstica que se repite año tras año y que va formando la esencia de la casa familiar. Con su madre, sin embargo, la relación está muy tirante debido en parte a un secreto que Nora ha descubierto y que ha desbaratado todo el sistema de autoridad. Con ella Nora se muestra a la defensiva y contribuye a acrecentar el desconcierto en que vive la madre, un personaje ambivalente que provoca conmiseración, congoja y rechazo a un tiempo, por la trampa en la que adivinamos se siente envuelta y por su manera de tratar de salir de ella, que se parece más a un estado de negación y que implica de vez en cuando dureza hacia sus semejantes. 

Con Libertad, Nora está subyugada. No solo es la única posibilidad de amistad en esa casa donde no hay más adolescentes, sino que ve en ella una energía que admira, una manera franca de moverse por la vida muy distinta de la que practica su familia. Con ella se vuelve a la vez sumisa y atrevida, y es casi la única que le hace sonreír en una temporada tan tensa. Tanto desea que Libertad se quede con ella que llega a traicionarla para impedir su marcha. Por su lado, Libertad, que parece tan resuelta y cuya belleza impone tanto, está tan atrapada en sus circunstancias como todas las demás. La película retrata la interesante confrontación entre las mujeres, y cómo en cada relación de a dos emerge una personalidad diferente. Según con quién traten, esas mujeres pueden ser displicentes, egoístas, cariñosas, generosas… Pero nada llega a cambiar verdaderamente y al final del verano la libertad ha sido un atisbo que se desvanece, en esta ópera prima limpiamente rodada y tan melancólica.