Fotograma de Nosotros,, de Joaquín Ruano.

Recuento y adelanto de Morelia 2026

Arranca el Festival de cine de Morelia. Películas de Jonás Cuarón, Fernanda Tovar, Joaquín Ruano y Nicolás Pereda están entre los títulos mexicanos programados en competencias oficiales.
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El Festival Internacional de Cine de Morelia inaugurará su 24ª. edición mañana viernes con Campeón gabacho (México, 2026), cuarto largometraje de Jonás Cuarón, quien presentará este filme al lado de su productor y padre, el oscareado Alfonso Cuarón. La película, ganadora del premio del público en la sección Narrative Spotlight del SXSW 2026, seguramente tendrá su estreno comercial en los meses por venir, lo que no necesariamente sucederá –por lo menos no rápidamente– con los filmes nacionales programados en las distintas competencias oficiales.

Morelia siempre ha tenido un par de objetivos centrales. En primer lugar, presentar al público nacional tanto algunas de las películas mexicanas que han sido premiadas en otros festivales a lo largo del año, así como otras que han sido elegidas para estrenarse precisamente en este certamen –lo que, por cierto, inevitablemente provoca las consabidas discusiones sobre el cuestionable tino de los respectivos comités de selección (“¿quién programó esto, por amor de Dios, es decir, de Fellini?”)–. Su segundo objetivo es fungir como una formidable galería de preestrenos internacionales: buena parte de las películas programadas fuera de competencia se exhibirán en nuestro país en los meses por venir.

He aquí un recuento que es también adelanto de Morelia 2026. Empecemos por el cine documental mexicano en competencia, del cual ya he escrito en este mismo espacio, pues algunos de los filmes nacionales programados han sido reconocidos en otros festivales. Este es el caso de Mickey (2026), ganador en el SXSW 2026 del premio del público, una desafiante biopic documental dirigida por Dano García, quien ha realizado una vibrante cinta en continua transición, tal como sucede con su personaje central biografiado, Mickey Bustamante, y tal como ha pasado, de hecho, con el propio cineasta.

En un terreno temático similar, si no es que contiguo, Jaripeo (México – E.U. – Francia, 2026), de Efraín Mojica y Rebecca Zweig, presentado en media docena de festivales internacionales de este año, entre ellos Sundance y Berlín, nos entrega otro retrato autobiográfico, aunque mucho más directo: el del propio codirector Efraín Mojica, un joven ranchero queer, orgulloso participante de ese bien viril y bien machote (ay, sí, ajá) espectáculo ecuestre y taurino, tan caro en esas mismas tierras en donde se presentará la película. Ya veremos cómo recibe este retrato el bravío público de Michoacán.

Es probable que el mejor documental en competencia –y, desde mi trinchera, uno de los mejores filmes nacional de este año– sea Hijas del bosque (México, 2026), tercer largometraje de Otilia Portillo Padua, ganador del premio del público de su sección en el SXSW 2026. Estamos ante una fascinante y digresiva exploración etnográfico-poética que, además, está exquisitamente fotografiada por Martín Boege. Ánimas que el jurado de Morelia piense lo mismo.

En el terreno del cine nacional de ficción en competencia, hay también mucha tela qué cortar, incluso cuando la susodicha tela sea más interesante en la teoría que en en la pantalla misma. Esto sucede, por desgracia, con Salón de belleza (México – Francia, 2026), ópera prima de la actriz Nathalia Acevedo que se presentó antes en Venecia 2026.

El guion escrito por la propia cineasta debutante, basado en la novela corta homónima de Mario Betallin, nos presenta la historia de un estilista gay que convierte el salón de belleza del título en un “moridero” a donde van las víctimas de una letal pandemia. El filme presume una acabada puesta en imágenes –cámara de Balthazar Lab, diseño de producción de Nathan Parker–, pero nunca logra trascender el tono narrativo entre lo decadente y lo melancólico, que termina resultando exasperante. Un fracaso interesante, sin duda, pero fracaso al final de cuentas.

Es bastante más lograda otra ópera prima en competencia, Nosotros (México-Guatemala, 2026), del productor guatemalteco Joaquín Ruano, quien con esta cinta debuta como cineasta y como guionista.

El filme, que se presentó en Toronto 2026, narra de manera directa, en un estilo lacónico y desdramatizado, la historia de Romero (Józef Sebastián Coxaj Carrera), un joven padre de familia que, huyendo de las difíciles condiciones sociales y económicas que vive en su pequeño pueblo del interior guatemalteco, decide ir a trabajar como guardia de seguridad en la capital. Ahí, como vigilante de algún centro comercial, conoce a una plantosa mujer trans llamada Nubia (Lola Vásquez), la dueña de una tienda de teléfonos celulares, con quien inicia una relación amorosa que, previsiblemente, en el entorno del machismo tóxico de ese lugar –y de tantos otros– no será bien recibido. La soberana claridad de la puesta en imágenes da los mejores frutos en las escenas finales y, especialmente, en la toma con la que cierra el filme. Un sólido debut de parte de Ruano.

Todavía mejor es Chicas tristes (México – España – Francia, 2026), de Fernanda Tovar, de la que escribí cuando el filme se presentó en la Berlinale de este año, donde ganó, por cierto, el Oso de Cristal en la sección Generation 14plus, reconocimiento que repitió en Cartagena, en donde obtuvo el premio del jurado a la mejor película iberoamericana. Esta puede ser una de las películas a vencer en la competencia de largometraje mexicano de ficción.

En todo caso, de lo que he podido ver del cine nacional que a partir de mañana se presentará en Morelia, lo más disfrutable ha sido Lo demás es ruido (México – Alemania – Canadá, 2026), el decimotercer largometraje del prolífico y multipremiado cineasta marxista Nicolás Pereda, filme que fue estrenado en Toronto 2026 y luego presentado en el pasado Festival de Cine de Nueva York.

Desde su lejana ópera prima ¿Dónde están sus historias? (2007) –ganadora en Morelia, por cierto–, Pereda ha dirigido, casi de manera ininterrumpida, una veintena de filmes, entre largometrajes, cortometrajes y mediometrajes, moviéndose hábilmente entre la ficción, el documental, el cine experimental e, incluso, algunos trabajos televisivos. El impulso es, insisto, claramente marxista, pero no de Karl, sino de Groucho. “¿No les gusta este filme que acabo de dirigir?”, parece decir Pereda, “no se preocupen: aquí tengo este cortometraje. O, este otro largo. O este medio. Ustedes escojan”.

El filme, realizado a través de una compañía que tiene el nombre más honesto y descriptivo posible, En Chinga Producciones, inicia con una toma extendida de cinco minutos que nos presenta un ruidoso crucero bloqueado por el caótico tráfico chilango. A unos metros de ahí, en su departamento de un segundo piso, la chelista y compositora Teresa (Teresita Sánchez) está esperando a su colega, la también compositora Rosa (Rosa Estela Juárez), pues le ha prestado su piso para que un periodista de Canal 22, Lázaro Ibáñez (el infaltable Lázaro Gabrino Rodríguez), y su camarógrafo Paco (Francisco Barreiro), le hagan una entrevista. En el ese mismo departamento hace su aparición la también música, chelista y compositora Luisa (Luisa Pardo), la claridosa hija de Teresa.

Pereda es fiel a sus bien conocidas firmas autorales: ese estilo visual dominado por las tomas extendidas más o menos fijas con algún paneo ocasional –hay una veintena de ellas a lo largo del filme–, la inclinación a ese humor impávido perfectamente interpretado por sus siempre bienvenidos actores recurrentes, esos desafíos narrativos formales en los que la película se desvía o, incluso, se detiene porque hay algo mejor que mostrar –o, en este caso, escuchar en off.

Lo demás es ruido es una muy graciosa –a ratos hilarante– comedia de costumbres cuya principal burla está dirigida a la vanidad masculina, pero cuyas digresiones son igual de disfrutables –incluso puede que sean más– que el tema central del filme. La entrevista que el periodista y su camarógrafo –¡y aprendiz de cineasta!: todo un clásico– quieren hacerle a la inarticulada compositora Rosa se frustra una y otra vez, casi buñuelianamente, por una serie de continuas interrupciones –un perro que ladra, el ruido de la calle, un inoportuno apagón–, además del hecho de que la propia entrevistada no sea capaz de inventarse historias muy interesantes, como sí lo hace Teresa, por más que esta autofabulación no le haya servido de mucho en un entorno cultural dominado por hombres como el profesor, examante y padre de su hija, el respetadísimo maestro Estévez (José Rodríguez López).

Qué importa: las mujeres de Lo demás es ruido tienen la última palabra. Y, por si fuera poco, la última carcajada burlesca. ~


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