Réquiem, de Hans-Christian Schmid

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Durante los setenta, en la población alemana de Klingenberg, una joven decía estar poseída por el demonio. Sus padres se negaron a considerar un tratamiento médico, y dejaron su curación en manos de un exorcista. Los hechos, reales, tuvieron un desenlace trágico. La versión estadounidense del caso, El exorcismo de Emily Rose, daba cuenta del debate jurídico, también verídico, que cuestionó el papel de la fe en casos de posible psicosis, a la vez que inducía a una lectura sobrenatural. Desde un punto de vista casi documental, la película Réquiem, del director Hans-Christian Schmid, se reduce a narrar los cambios en la personalidad de la joven, sin juzgar su naturaleza y sin recurrir a efectos que inclinarían la lectura hacia el lado de la posesión. El resultado no es menos aterrador. Coloca al espectador ante la disyuntiva de creer o no, y lo obliga a considerar las consecuencias de su decisión. La potente actuación de la protagonista Sandra Hüller, y la narrativa concisa y al grano, hacen de Réquiem una opción superior a un blockbuster de horror.