“El piojo” Herrera y un país hambriento de liderazgos éticos

Miguel “El piojo” Herrera fue separado de su cargo como director técnico nacional. ¿Qué lecciones deja este caso? 
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Hay organizaciones que, aceptémoslo, no tienen remedio. Los partidos políticos son una de ellas. En todo el mundo ocupan los lugares más bajos de las encuestas en términos de respeto, confianza y credibilidad. Apenas esta semana, un integrante de la Cámara de los Lores en Inglaterra, distinguido integrante del Partido Laborista, fue captado en video en una fiesta privada con dos prostitutas, usando un coqueto sostén rojo e inhalando cocaína. ¿El hecho causó escándalo y risas morbosas? Sí. ¿Alguien se sorprendió? No. En los tiempos que corren, la gente se imagina así la típica noche de jueves para muchos políticos de todos los países.

Pero el deporte es diferente. O eso creemos. A pesar de que hoy es más un negocio multimillonario, dominado por intereses empresariales y políticos, y salpicado frecuentemente por escándalos de corrupción, drogas y sexo, la gente quiere pensar que los valores que le dan sustento son otros: el juego limpio, el esfuerzo colectivo, la disciplina, la fortaleza física y mental, el pundonor en la derrota y la humildad en la victoria. El deporte es uno de los remansos de valores que queremos mantener vivos, en medio de un mar de cinismo.  

Por eso es tan importante que, ante una situación de crisis, las organizaciones deportivas reaccionen con reflejos rápidos y acciones contundentes. La conducta inadecuada de una persona, dentro o fuera de las canchas, tiene consecuencias que van más allá de los resultados deportivos, ya que afecta los valores centrales del deporte y con ello, el ánimo de ciudades o hasta países enteros que se identifican con un equipo.

Ese es el caso de Miguel Herrera, quien ayer fue despedido como Director Técnico de la Selección Mexicana de Fútbol. Herrera ya había estado en el ojo del huracán, pues el día de las elecciones intermedias en México, en plena Copa América, había enviado mensajes en Twitter apoyando al desprestigiado Partido Verde Ecologista. Esa crisis de comunicación y liderazgo no se manejó bien por las autoridades del futbol mexicano por al menos tres razones:

1. No hubo una sanción importante al técnico por violar el reglamento interno[1], que marcara que el hecho no era aceptable y no quedaría impune.

2. No hubo una disculpa pública en forma, que comunicara que Herrera había entendido los valores que había transgredido y se comprometiera a no volver a actuar de esa manera. Herrera no entendió que no entendía.

3. No existió una comunicación proactiva que deslindara con claridad a la Federación y al equipo nacional de intereses políticos. 

Cuando una organización no responde bien ante una crisis, comienza a perder credibilidad.  Y eso es lo que le pasó a la Federación Mexicana de Futbol con el técnico nacional. Ese momento, los “tuits del Verde”, marcaron el inicio de la caída de Miguel Herrera, quien quedó ante la afición como una persona que antepone intereses mercantiles y políticos al prestigio del equipo.

Cuestionado hasta en la victoria en la Copa Oro, torneo al que México llegó a la final con injustas decisiones arbitrales, Herrera tenía ya un déficit de credibilidad importante. Frustrado por las crecientes críticas, arremetió a golpes en pleno aeropuerto de Filadelfia contra un comentarista de televisión que ha sido especialmente burlón con él. Su hija hizo lo propio abofeteando a otro cronista. Todo filmado con celulares, en una época en la que, como dice un buen amigo, “todos somos parte del Gran Hermano, basta comprar un dispositivo móvil”.

Ante este escándalo, Herrera fue separado de su cargo como director técnico nacional. ¿Qué lecciones deja este caso? Creo que deberían ser al menos tres:

1. El cargo de director técnico de la Selección Nacional es tan político como deportivo. Como lo dijo el mismo presidente de la Federación al anunciar la salida de Herrera, el técnico nacional lleva a cuestas las ilusiones de mucha gente. Es un cargo de liderazgo que no solo se limita al desempeño en la cancha: las opiniones que expresa, el lenguaje que utiliza, y su conducta dentro y fuera del estadio son vigilados permanentemente por los medios y la opinión pública y deben reflejar los valores asociados al deporte.

2. El próximo director técnico deberá pasar por cursos intensivos de manejo de medios, comunicación efectiva y prevención y manejo de crisis. Como si se tratara de un candidato a un cargo político, los directivos tendrán que evaluar su eficacia dentro de las canchas y ante las cámaras. Tendrá que tener el mismo temple cuando el equipo falla un penalti definitivo que cuando la prensa le pregunte si hubo sobornos para ganar el juego. Ya no hay espacio para personas soberbias y prepotentes que se sienten intocables o incuestionables. De esos sobran en todos los ámbitos de la vida pública del país.

3. México está hambriento de liderazgos éticos. La polémica sobre si el delantero mexicano Andrés Guardado debió fallar a propósitoun penalti marcado injustamentea favor del tricolor en la semifinal contra Panamá refleja un estado de ánimo colectivo en el que se espera ver en el deporte lo que no se ve en la sociedad: líderes que jueguen limpio, que obedezcan las reglas, que rechacen las ventajas indebidas, que prediquen con el ejemplo. ¿Es injusto poner sobre un jugador profesional tantas expectativas? Completamente. Pero es reflejo de que a México le urge salir de la cultura de la trampa y de la impunidad y comenzar a entrar en un proceso colectivo en el que todos empecemos a rendir cuentas a todos. A hacernos responsables de nuestros actos. A, simplemente, comenzar a hablarnos y a conducirnos con apego a la verdad.



[1] Artículo 4.- La Federación y sus afiliados permanecerán ajenos a toda cuestión de carácter racial, político o religioso. La discriminación contra un país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión y política está terminantemente prohibida y la violación a esta disposición será sancionada conforme a reglamento.

 

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