La convocatoria del Protrad 2022 no sirve a sus fines y debe cambiarse

La convocatoria al Programa de Apoyo a la Traducción plantea un mecanismo de participación casi inviable, que sabotea su objetivo explícito. Su caso no es el único.
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I

La convocatoria 2022 del Programa de Apoyo a la Traducción, Protrad, debe y todavía puede cambiarse. Ignorado durante tres años por el actual gobierno y lanzado al fin el pasado 3 de junio, el programa en su versión actual plantea un mecanismo de participación prácticamente inviable, que acabaría asfixiándolo.

El nuevo mecanismo de “reciprocidad” que se plantea condiciona el apoyo a una editorial mexicana para traducir y publicar una obra escrita y publicada en otra lengua a que esté asociada con una editorial extranjera que se comprometa a traducir y publicar la obra de un autor mexicano en el exterior. Así lo estipula la convocatoria al Protrad 2022:

Postular un proyecto editorial integral para traducción y publicación de dos o más obras [negritas en el original], mediante el procedimiento de publicación recíproca con editoriales extranjeras. Cada editorial mexicana que participe en la convocatoria publicará una obra de naturaleza literaria propuesta por una editorial extranjera que, a su vez, publicará la obra de una escritora o un escritor mexicanos, en una sola postulación, de acuerdo con los géneros literarios antes mencionados [artes, humanidades, ciencias sociales, literatura, literatura infantil y juvenil y literatura en lenguas originarias nacionales y extranjeras].

Lanzado en 2000 y en funciones desde 2001, el Protrad apoyaba a una editorial extranjera interesada en un autor de nuestro país. A partir de 2013, incluyó también el apoyo a las editoriales mexicanas interesadas en traducir y publicar a un autor foráneo en español. El Protrad 2022 junta las dos categorías precedentes de la convocatoria en una sola. Al mezclarlas, anula a ambas.

Por una parte, la editorial extranjera ya no puede pedir el apoyo de manera directa, como sucedía desde hace 20 años, sino que debe asociarse a una editorial mexicana, la única facultada para solicitarlo. Por la otra, la editorial mexicana solo puede pedir el apoyo asociándose en reciprocidad con un sello del exterior que corresponda con la traducción de un autor mexicano a otra lengua.

A la editorial de México podría interesarle traducir a un autor de una editorial extranjera, que no necesariamente estaría interesada en traducir a un autor del catálogo de la editorial de México que solicita el apoyo de Protrad. Las razones podrían ser muchas: no forma parte de sus prioridades, no cuenta con una colección adecuada, o atraviesa la crisis de la industria derivada de la pandemia. Lo mismo a la inversa. La búsqueda de la contraparte para alcanzar la utópica reciprocidad que Protrad impone como condición para el apoyo es tortuosa e inviable.

Además, Protrad 2022 no tomó en consideración otro factor. El acuerdo de reciprocidad entre una editorial mexicana y una extranjera se vuelve casi imposible de alcanzar si los derechos de autor de la obra están en posesión, como sucede cada vez con más frecuencia, de una agencia literaria, de un heredero o de un albacea.

Las agencias, los herederos y los albaceas realizan negociaciones directas para la publicación de las obras cuyos derechos están bajo su custodia, sin necesidad de acudir a una editorial que participe en reciprocidad. No les hace falta, el trato es directo. Eso cancela la posibilidad de conseguir el apoyo.

El inicio del registro en línea de las propuestas arrancará el 19 de agosto. Las editoriales mexicanas habrán tenido tan solo un mes y medio para encontrar a las contrapartes extranjeras con las que trabajarían “en reciprocidad”, ponerse de acuerdo en los libros que postularían, y recopilar la copiosa documentación solicitada. Desde todos estos aspectos se constata el desconocimiento de la dinámica editorial por parte de quienes concibieron y redactaron el documento.

La desafortunada convocatoria del Protrad 2022, sumada a la cancelación de los únicos dos premios con apoyo del Estado, ilustra el desdén hacia la traducción en México.

El registro de las propuestas se extiende durante un mes más, del 19 de agosto al 18 de septiembre. Los resultados se darán a conocer el 1 de noviembre, y los apoyos comenzarían a otorgarse a partir de diciembre de 2022. Eso no sucederá. El año administrativo cierra en septiembre y la mitad de diciembre es vacacional, por lo que los recursos comenzarán a llegar durante el primer trimestre de 2023. Estos intencionales atrasos los tienen contemplados los propios funcionarios culturales.

De tal modo, la convocatoria Protrad 2022 es en la práctica la de 2023, y se habrían acumulado cuatro años sin la convocatoria, lo que equivale a dos tercios del sexenio. Si esta edición no convoca a una cantidad relevante de propuestas, podría haber un pretexto para posponerla un año más.

Para colmo, la convocatoria, tal como se establece en el apartado III.23, no contempla incluir a los editores dentro del comité de selección. El jurado será electo “mediante insaculación ante Notario Público, quien elige al azar de un padrón nacional de creadores y creadoras que cuenten con experiencia y conocimientos acordes a esta vertiente”. El padrón, ¿es el controvertido Telar –Registro Nacional de Agentes Culturales–, o alguno más elaborado ex profeso por la Secretaría de Cultura y el ex Fonca, y cuyos integrantes se desconocen?

Imperó, tal como es costumbre, el desorden en las áreas de difusión. En el comunicado emitido por la Secretaría de Cultura no se incluye el enlace al pdf de la convocatoria. Eso sí, se aprovecha la ocasión para asegurar sin empacho: “A partir de esta emisión, se simplifica el proceso de participación”. Tampoco es posible localizarla a través del menú en el sitio web de la dependencia.

En la información compartida por el Sistema de Información Cultural sí hay un enlace al pdf, pero el Sistema anuncia como convocantes a la Secretaría de Cultura a través del Fonca, de la Dirección General de Asuntos Internacionales y de la Dirección General de Publicaciones, que no participan en la convocatoria de 2022. Ante tanta incompetencia, hay que acudir a Google: “Protrad 2022”, y al fin se llega tanto a la convocatoria del programa como a un menú más, el de las convocatorias vigentes, que tampoco figura en la página de la SC, o está guarecido en algún remoto rincón.  Se acabará el sexenio y no habrán aprendido a coordinarse para lanzar no ya una convocatoria, sino tan siquiera un signo boletín.

II

La comunidad cultural asumía ya como un daño colateral más la extinción en los hechos del Protrad, a consecuencia de la ojeriza del Ejecutivo contra los fideicomisos de ciencia y cultura. Durante estos años, los gremios de los editores y traductores permanecieron pasivos, o al menos no expresaron su desacuerdo con el ahínco necesario. Dada la gravedad de la situación, solo algunos, por excepción y a título personal, expresaron su inconformidad. Debido también a la escasa valoración pública que se le otorga al oficio de la traducción, la ausencia del anuncio de las convocatorias durante tres años tampoco propició la resonancia mediática que merecía y merece.

No obstante, Protrad seguía en funciones. En julio de 2021, en la cúspide de la tercera ola de la pandemia, el programa confirmó que la convocatoria no desaparecía y que estaban afinándola para, basándose en la experiencia de los años anteriores, eventualmente enmendarla y mejorarla, hacerla más funcional. Hasta había un diagnóstico, pues. La fecha de lanzamiento que se anticipó de manera extraoficial fue octubre de ese 2021. Posteriormente, para el primer trimestre 2022. Finalmente, para cuando hubiera “techo presupuestal”.  Ese “techo” se tuvo para el arranque del segundo trimestre.

Desde su origen, Protrad se convirtió en el más eficaz programa de fomento a los autores de México en otras lenguas. A iniciativa de Phillipe Ollé-Laprune, fundador también de la Casa Refugio Citlaltépetl, el programa obtuvo el apoyo del Conaculta a través de su Dirección de Publicaciones, la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural de la SRE –hoy reemplazada por la Dirección General de Diplomacia Cultural y Turística–, la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y la Cámara Nacional de la Industria Editorial (CANIEM). En 2013, el año que el programa comenzó a apoyar a editoriales mexicanas para traducir y publicar autores extranjeros, se sumó la FIL Guadalajara. Llegó el actual gobierno y desmoronó esa noble alianza. Hoy solo participa la SC.

Las más afectadas serán las editoriales pequeñas, que suelen apostar por nuevos autores y catálogos innovadores, y tienen menos recursos y contactos en el extranjero.

En una referencia en el contexto de la convocatoria de 2018, la última que vio la luz, se indica que el Protrad había otorgado, a lo largo de su historia, más de 280 apoyos a proyectos editoriales. Derivado de lo anterior, los autores mexicanos habían sido traducidos y publicados en más de 250 editoriales extranjeras de más de veinte países, y menciona a algunos de los autores extranjeros traducidos al español.

Entre otros autores, han sido traducidas a otras lenguas obras de Octavio Paz, Juan Rulfo, Miguel León Portilla, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Carlos Pellicer, Rosario Castellanos, Emmanuel Carballo y Rosario Castellanos. De cualquier manera, no figura por ninguna parte ni siquiera el catálogo más elemental de lo que Protrad ha apoyado en su historia.

En ese balance de 2018 se destaca asimismo el constante apoyo a editoriales mexicanas o extranjeras interesadas en traducir y publicar a autores en lenguas indígenas de otros países al español, y a editoriales extranjeras que quisieran traducir lenguas indígenas de México a otros idiomas. Es decir, lo que presume hacer la actual administración en defensa de las lenguas ahora llamadas “originarias” no ha sido ninguna novedad en la política cultural de México al menos de los años 90 a la fecha.

La propia convocatoria de 2018 despertó suspicacias y anticipaba el desinterés por el programa desde finales del sexenio anterior. El anuncio se hizo en noviembre, a un mes de la conclusión de la gestión de María Cristina García Cepeda como secretaria de Cultura. Los resultados se publicarían en julio de 2019 y los apoyos arrancarían hasta septiembre de 2019, el último mes del año administrativo fiscal. De tal manera, la secretaria entrante, Alejandra Frausto, quedaba liberada de la necesidad de anunciar una nueva convocatoria de Protrad durante el primer año de su gestión. Y se siguió de frente.

Fue hasta casi un mes después del anuncio del lanzamiento de Protrad 2022, el pasado 29 de junio, que uno de los dos gremios más afectados, la Asociación Mexicana de Traductores Literarios A. C, Ametli, expresó su desacuerdo a través de una carta abierta dirigida a la Secretaría de Cultura, al Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, al Protrad y los medios. A la fecha, ni grandes sellos editoriales ni editoriales pequeñas han fijado alguna postura.

La Ametli lamentó el mecanismo de reciprocidad y destacó las bondades del mecanismo previo, una convocatoria con dos categorías. Además, la asociación señala que la nueva convocatoria se lanza en un momento inadecuado, como es el verano, temporada en la que no se realiza ninguna feria de libro de relevancia y muchas editoriales y organismos extranjeros orientados al apoyo a la traducción “hacen una pausa en sus actividades de contacto y promoción”. Las más afectadas serán las editoriales pequeñas, que suelen apostar por nuevos autores y catálogos “innovadores”, y que son las que tienen menos recursos y contactos en el extranjero.

El 30 de junio, al día siguiente de la publicación de la carta abierta, Isabel Cortés, de Protrad, buscó y conversó con el presidente de la Ametli, Arturo Vázquez Barrón. El acuerdo fue que los equipos de trabajo de ambas partes se reunieran en alguna fecha de la semana del 25 de julio. La Ametli puede y tiene que pedir la cancelación de la convocatoria y que se vuelva a la convocatoria de 2018. Si el Protrad se opone a dar marcha atrás a la inservible convocatoria recién lanzada y la Ametli avala esa postura, se desperdiciará un año más para, en los hechos, sumar cuatro en total. Una eventual nueva convocatoria, que corrija y enriquezca a la de 2018, deberá ser el resultado del trabajo del Protrad, la Ametli, y el gremio editorial. Ya se verá, pues decididos en la defensa de Protrad no han estado en estos años.

En su carta abierta, la asociación se preguntó también por qué dejaron de anunciarse las convocatorias del Premio Bellas de Traducción Literaria Margarita Michelena y del Premio de Literatura en Lenguas Indígenas, de naturaleza bilingüe, que contempla la traducción de la obra ganadora al español, realizada en la mayoría de las ocasiones por los propios autores ganadores del certamen. Los dos son del INBAL y fueron cancelados a partir de la llegada de Leticia Luna a la dirección de Literatura.

El Premio de Lenguas Indígenas sólo tuvo una edición, en 2019.

El Margarita Michelena tres. Los jurados de las ediciones 2018 y 2019 elogiaron la gran calidad de los libros participantes, lo cual reflejaba el alto nivel de la traducción en México en la actualidad. En 2020, Lucina Jiménez, directora general del INBAL, subrayó incluso “la importancia fundamental” del premio porque a través de la traducción “es posible fortalecer el entendimiento entre los pueblos”, y se comprometió a que continuaría, como consta en el boletín del Instituto. Fue una promesa incumplida más.

Coda

La desafortunada convocatoria del Protrad 2022, sumada a la cancelación de los únicos dos premios con apoyo del Estado, ilustra el desdén hacia la traducción en México. Esta actitud se ha vuelto contagiosa. El Primer Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria Aquelarre Ediciones 2022, apoyado por el Instituto Veracruzano de Cultura y que cerró el 31 de mayo, estableció cláusulas que no cumplieron con los estándares editoriales y precarizaban aún más la faena de los traductores.

En efecto, la proyección geográfica “hispanoamericana” ya sonaba pretenciosa en relación con el monto del reconocimiento, pero lo grave eran los criterios de participación. Los concursantes enviarían traducciones de obras literarias en prosa de entre 90 y 350 cuartillas, en fuente Garamond 11 puntos a 1.5 de interlineado. El ganador recibiría mil 500 USD –unos 30 mil pesos–, más la publicación de la obra y un diploma.

En el ámbito editorial, una cuartilla se calcula de dos maneras. La primera es por palabras, entre 220 y 250. La cuartilla Garamond 11 puntos a 1.5 de interlineado del premio Aquelarre-IVC equivale a 600 palabras, casi el triple de lo establecido por la convención editorial. El premio entonces convocó a participar a traductores no con obras de 90 a 350 cuartillas de extensión, sino de 240-250 a 950 cuartillas.

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La otra manera de medir una cuartilla es por el número de caracteres con espacios (cce), mil 800 en promedio. La cuartilla del certamen es de 3 mil 430 cce, casi el doble. Hasta la desafortunada convocatoria del Protrad 2022 fija la extensión de la cuartilla en 220 palabras y/o mil 800 cce. Sea entonces el triple en palabras o el doble en cce, el certamen deprecia lo que busca reconocer, “el ingente trabajo de los traductores hispanohablantes”, según reza la convocatoria.

El Aquelarre-IVC pagaría así 101 pesos por cuartilla si el ganador concursó con el mínimo de cuartillas, o 26 pesos si concursó con el máximo. El Protrad 2022 al menos establece pagos mínimos por una cuartilla de 220 palabras que están, digamos, dentro de los rangos del mercado editorial: 200 pesos del inglés y lenguas romances al español; 250 pesos de otros idiomas al español y del español a inglés y a lenguas romances; 275 pesos del español a otros idiomas y 300 pesos de lenguas originarias, lenguas muertas, latín o griego al español y viceversa. Estos montos, pues, son equivalentes al doble o el triple del certamen, si el ganador participó con el mínimo de cuartillas Si el ganador participó con el máximo de cuartillas, la diferencia es de ocho a doce veces más.

Estado, editoriales y universidades están en deuda con el gremio de la traducción en México.

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