El mundo es de los anormales

Nostalgia de otro mundo

Ottessa Moshfegh

Traducción por Traducción de Inmaculada C. Pérez Parra

Alfaguara,

Madrid, , 2022,, 268 pp.

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Una profesora de un instituto católico que se duerme en la biblioteca, que a veces da clase borracha y comparte información con sus alumnos sobre su vida sentimental y sobre sus prácticas sexuales; un viudo que empieza a trabajar en “un complejo residencial para adultos con discapacidades del desarrollo moderadas, y los lleva de excursión a Hooter’s, la cadena de restaurantes donde las camareras llevan muy poca ropa y son excesivamente simpáticas; una mujer acostumbrada a que le digan que se parece a Jacqueline Bisset y acomplejada por el tamaño de sus labios vaginales que trabaja como vicepresidenta subrogada en una compañía china; dos adolescentes que se quedan encerrados en una habitación del conservatorio donde estudian; otra profesora que tiene una cabaña en la que pasa el verano y deja que se la cuide durante el invierno una especie de examante; dos hermanos convencidos de provenir de otro sitio, aunque solo la chica esté dispuesta a matar o morir para regresar a ese lugar, sea el que sea. Son algunos de los personajes que aparecen en Nostalgia de otro mundo, el libro que reúne catorce cuentos de Ottessa Moshfegh (Boston, 1981). Este es el primer volumen de relatos que publica, debutó con la novela Mi nombre era Eileen, pero algunas de las piezas habían aparecido en revistas, como The Paris Review. Se publicó en Estados Unidos en 2017, llega al español vía Inmaculada C. Pérez Parra, que firmó también las traducciones de sus dos novelas más recientes, Mi año de descanso y relajación y La muerte en sus manos. Ninguna de esas dos novelas anticipan la calidad de este libro de relatos, ni la imaginación, el despliegue de talento y la libertad con que dispone personajes y situaciones, los acompaña sin juzgarlos, desarrolla sus historias y las abandona incluso aunque no estén acabadas, porque no busca un golpe de efecto ni un final, sino otra cosa.

En la enumeración inicial no he citado algunos de los personajes de mis cuentos favoritos, “El chico de la playa” y “Aquí nunca pasa nada”, dos muestras de esa idea de no dejar la historia cerrada; pero valdría casi cualquiera. “Un lugar mejor”, por ejemplo, es un relato donde la protagonista planea matar a un hombre que se dedica a atacar a chicas, el cuento la deja llamando a la puerta de la casa en la que vive ese hombre, sin revelar qué sucede luego, ¿consigue la chica matar a ese hombre o se convierte en una víctima más de él? “El chico de la playa” es uno de los relatos más sobresalientes del volumen. Comienza como una especie de sátira social de una determinada clase alta, tres parejas quedan a cenar después de que una de ellas haya vuelto de un viaje a un país del Caribe donde ha disfrutado de los bajos precios sin que eso les haya impedido darse cuenta de lo mal que vive la gente allí. Han ido a celebrar treinta años de matrimonio. Solo ese inicio de la cena y la conversación a seis, que pronto se divide en dos grupos, hombres y mujeres, la ridiculización de esa burguesía que disfruta de la miseria ajena mientras se compadece ya sería una razón para disfrutar de este cuento. Pero el talento de Moshfegh está en que no abandona la historia ahí, la sigue y se centra en el matrimonio que ha ido a celebrar el aniversario. Hay un giro inesperado y la mujer muere de repente justo antes de que la pareja se ponga a ver una película. Moshfegh tampoco se detiene en el relato del duelo del viudo, que descubre que odia a la amiga de su mujer y al que se le escapa un sonoro eructo mientras esa amiga hace el elogio en el funeral. El viudo enloquece cuando recoge el carrete de fotos que hizo su mujer y sospecha que durante el viaje ella estuvo con uno de los chicos de la playa. Moshfegh envía al viudo de vuelta a ese paraíso del Caribe a buscar al prostituto de su mujer. El cuento es una pequeña obra maestra.

Muchos de los personajes de este libro, por no decir todos, son marginales: o son feos o tienen un defecto físico o son alcohólicos o son un poco miserables o la cabeza les funciona de un modo un tanto peculiar. Dan el pego, parecen normales, sobre todo porque el tratamiento que les da Moshfegh es de normalidad; es como si contara historias de trama fantástica con un tono realista. Sus personajes son narcisistas y tienen cierto aura de superioridad; pero lo que realmente comparten todos es la sensación de estar atrapados, física o metafóricamente. Por eso, el protagonista de “Una carretera oscura y sinuosa” miente y deja que la chica que ha llegado a la cabaña crea que es el amante gay del novio al que ella busca –en realidad son hermanos–, como si necesitara poder ser otro. Escapa de su realidad el joven de “Aquí nunca pasa nada” que va de Utah a Los Ángeles para tratar de ser actor: huye de su madre y acaba siendo el protegido de su casera en Los Ángeles: “Nunca pasó nada bajo la mantas de la cama de la señora Honingbaum, pero a partir de entonces, todas las noches antes de que me durmiera, me recitaba unas oraciones en hebreo y me ponía las manos sobre la cara y los hombros. Los hechizos que lanzó no funcionaron. A ninguno de los dos nos sorprendió demasiado.” Ese es el final del cuento. Hay algunos ecos en los relatos: hay vecinos, casas apartadas, dos cuentos con un protagonista aspirante a actor, en todos hay relaciones disfuncionales, dominadas por una cierta violencia, incluso (¿sobre todo?) en las relaciones de pareja. Los personajes de Nostalgia de otro mundo no son ejemplares: en “Suburbio”, que tiene una frase inicial estupenda (“Solo con mirar te dabas cuenta –las manchas de refresco de uva en las camisetas de los niños, los teñidos espantosos, la mala dentadura– de que la gente de Alna era pobre. […] La vulgaridad del pueblo era reconfortante, como una peli antigua en blanco y negro”), la protagonista ve cómo la mujer que está limpiando su casa, embarazada, comienza a sangrar y ella ni le avisa. En la mirada de Ottessa Moshfegh no hay regodeo en la sordidez ni juicio moral a sus personajes. Nostalgia de otro mundo, además de un libro soberbio, es un recuerdo de que la literatura es el terreno en el que explorar todo lo que se sale de la norma. ~

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