Fango sobre la democracia, de Roger Bartra

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Fango sobre la democracia es una compilación de ensayos que ofrece un fresco de la transición democrática y de los vínculos entre política y cultura en los últimos tres decenios. Sin duda, el texto más llamativo es el que da título al libro, pues remite al momento en que un intelectual emblemático de izquierda se pronunció críticamente contra Andrés Manuel López Obrador en lo más álgido de la contienda postelectoral del año pasado. El conjunto de los artículos, sin conformar un cuerpo único, funciona como una retrospectiva que contribuye a poner en contexto la postura de Bartra.

En su ya célebre artículo “Fango sobre la democracia” –publicado cuando privaban el enfrentamiento y las especulaciones sobre la gobernabilidad y el rumbo de la protesta–, Bartra, amén de un descarnado análisis sobre la naturaleza de la oferta política del ex candidato beligerante, condenaba su reacción tras las elecciones. Al rechazar López Obrador las reglas bajo las que compitió, ponía en riesgo la democracia, devolvía a la izquierda a un horizonte de marginalidad y provocación y dilapidaba los avances y posibilidades futuras de esa corriente. El artículo era importante no sólo por sus argumentos, que en rigor ya habían sido mencionados, sino por el peso intelectual y moral, así como la militancia histórica de quien lo firmaba. ¿Era una posición de conveniencia, la expresión de una antipatía personal o la evolución congruente de un pensamiento crítico? Este libro ayudará a formarse un mejor juicio, pues no sólo constituye un recorrido por la historia reciente de México, sino una suerte de antología e itinerario del pensamiento del autor.

Los nueve artículos recopilados abarcan desde textos escritos al calor de la coyuntura hasta estudios de mayor alcance sobre la decadencia del nacionalismo, los usos legitimadores de la antropología y la cultura, las características y dobleces del neoindigenismo, las reminiscencias de la intolerancia izquierdista o las ramificaciones y expresiones concretas de esa entelequia llamada “derecha”. Ciertamente, se nota la extracción del material de algunos viejos cajones y, en ciertos casos, las referencias históricas lucen encanecidas o los sustentos empíricos se encuentran rebasados, aunque finalmente se logra el objetivo de documentar las continuidades y matices de una trayectoria intelectual. Si los textos de ocasión destacan por su valentía, los trabajos de antropología, sociología y crítica de la cultura son los de mayor espesor y ambición. Desde esta perspectiva, Roger Bartra analiza el declive del sistema autoritario encarnado en los regímenes posrevolucionarios, cuya funcionalidad y mecanismos de legitimación fueron erosionándose lenta pero irreversiblemente. En particular, el nacionalismo revolucionario, esa prolongada superposición de pactos ideológicos, construcciones míticas y complicidades sentimentales, se enfrentó a nuevas realidades como el influjo de la cultura global, el surgimiento de nuevos regionalismos e identidades dentro del país e, inclusive, la aparición de un indigenismo de nuevo cuño que rechazaba la tradicional visión integracionista del Estado mexicano.

Para Bartra, frente al derrumbe de lo que, por décadas, fue la ideología oficial, correspondería a una izquierda moderna proponer nuevos debates e ideas; sin embargo, observa con alarma cómo la izquierda tiende a ser copada por un populismo autoritario que no duda en adoptar las inercias del viejo nacionalismo (la xenofobia, el culto a la rectoría del Estado, el conservadurismo social, la condena ideológica) para adornar un discurso contestatario. Lo mismo ocurre con otros movimientos alternativos, como el nuevo indigenismo que emergió con el movimiento neozapatista de Chiapas, el cual, si bien denunció un paradigma fracasado de integración e implicó una revulsión en la agenda política, arrastra peligrosos anacronismos: bajo la idea de “autonomías” pueden preservarse algunas de las formas más arcaicas de dominación política y discriminación humana.

Para Bartra, tras el deceso del nacionalismo con mayúsculas, ni la cultura gerencial, ni el populismo que se alimenta del cadáver nacionalista alcanzan a formar una cultura política alternativa que sustente el cambio democrático. De modo que, aunque en grandes franjas de la sociedad pueden percibirse nuevos rasgos de tolerancia y civilidad que, aunados a los sentimientos de miedo y apatía, evitaron que las pasiones se desbordaran el año pasado, también subsisten resabios violentos y autoritarios contra los que es necesario desarrollar antídotos institucionales y culturales.

El libro de Bartra es un llamado a pensar estos remedios y, por lo pronto, no es poco lo que propone: orientar, con un esfuerzo de divulgación y diálogo, el conocimiento experto hacia el fortalecimiento del sentido común y tratar de superar el fanatismo mediante la polémica razonada. ~