Libros raros III: El libro de las manos

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“Todo es electricidad y todo es tacto”, leo al abrir una página al azar. El autor es José María Cabodevilla, teólogo, sacerdote y escritor con una larga obra llena de curiosísimos títulos. Todo es electricidad y todo es tacto: ¿revelación poética o científico tanteo? Podría ser un verso de un poema o la declaración alrededor de la cual se va a desplegar la demostración de un hecho físico. A veces el método poético y el científico coinciden en su sistema de sigilosa pesquisa: contenemos el aliento ─detenemos el tiempo─ para que el verso o la deducción consecuentes no se evaporen.

Encontré El libro de las manos en una librería de la calle Mayor de Madrid en liquidación. Lleva este subtítulo de aire medieval: Relación de los siete montes de la mano o noticia general de todos sus méritos, trabajos y vanidades. Como el libro fue publicado en 1973, ese tono arcaizante funciona como un juego literario, pero el autor se toma el juego en serio, con mucho humor. Es un volumen de tapa dura de 20 x 25 cm de 300 páginas: más álbum que libro. Dentro encontramos una gran cantidad de ilustraciones; son poquísimas las páginas que llevan solamente texto y hay tanto fotografías como grabados en los que las manos desempeñan un papel fundamental. El texto es fascinante pero la inmoderada maquetación es fundamental para el disfrute del libro. En eso también le encuentro un regusto a códice, en la concurrencia espontánea de todo tipo de imágenes y representaciones de humanos y seres del reino simbólico que al reunirse nos invitan, con sus ojos alucinados, a encontrarle un sentido a la inmensidad que nos rodea.

El libro se abre con una especie de prefacio titulado Consideraciones de madrugada y avisos que serán de gran utilidad para el viajero. Es un arranque excitante y seductor, porque hasta ahora no sabíamos que estábamos de viaje. Cabodevilla se propone llegar hasta el fondo del sentido del objeto de su estudio, las manos humanas, y vamos a ir con él. Y de paso nos va a explicar su método en el trayecto. Nos dice: “Me pregunto si no sería mejor empezar según aquel fascinante y acreditado sistema de las cajas chinas. Ya se sabe, se abre una caja y resulta que dentro hay otra, exactamente igual pero más pequeña; abrimos después ésta y nos encontramos con una tercera caja, también exactamente igual, también más pequeña, y luego una cuarta, y una quinta, y así sucesivamente. Quiero decir: se empieza describiendo a un señor, un señor catalán o pakistaní, pero sentado. En seguida nos demoramos en la descripción de su mano izquierda, apoyada sobre el brazo del sillón; el pulgar roza levemente el índice, el dedo medio sigue la curvatura del mueble, y los otros dos, el anular y el meñique, flexionados a la altura de la segunda falange. Usted me entiende: a la manera minuciosa de Alain Robbe-Grillet”. Así recorreremos el mundo atravesando las capas sucesivas, como en el famoso grabado Flammarion en que un hombre atraviesa la membrana de la atmósfera y encuentra infinidad de nuevas formas (que a su vez conducirán a otras, etc.).

Y El libro de las manos demuestra que para emprender el viaje que nos haga conocer los reinos ignotos cualquier punto de partida es válido, si se le presta la suficiente atención y se deshace con paciencia el intrincado nudo que ha trenzado la historia cultural, si bien las manos, por su papel crucial en la evolución humana, suponen un tema inagotable y por tanto una magnífica elección. Menciono los capítulos que siguen con algún extracto. Como se ve, se ha seguido un orden riguroso:

1. Monte de la Luna o sede de la memoria (“No solo por lo que se refiere a la anatomía del brazo, sino también respecto a la evolución de las especies, permítame que repita: la mano del hombre es como una flor en el extremo de una rama.”)

2. Monte de Marte, llamado también arsenal del hombre (“El caballo corre más que yo, pero yo aprenderé a correr tanto como él: no precisamente imitando su galope y tratando de adquirir su misma agilidad, sino montándome encima de él. Por supuesto, no me gustan los centauros, ni los pactos ni los bienes gananciales; el caballo sigue siendo un caballo y yo soy yo, más yo mismo que cuando no sabía cabalgar.”) (Un párrafo deslumbrante.)

3. Monte de Venus o discreto tálamo del amor (“Los psicólogos conocen bien esa costumbre tan significativa, muy común entre personas solitarias y ansiosas de afecto, de acariciar mientras hablan el terciopelo del sofá, los guantes, un cenicero próximo.”)

4. Monte de Mercurio o lugar encumbrado y muy a propósito para la elocuencia (“Digo que toda la vida seguimos siendo niños de alguna manera: digo que toda la vida aquel lenguaje a base de gestos, que fue nuestro único medio de expresión, acompañará al habla en mayor o menor grado y a menudo lo sustituirá. ‘¿Cómo es una escalera de caracol?’ Pruebe usted a responder.”)

5. Monte de Apolo, donde toda hermosura tiene asiento (“Como si a un niño que por primera vez oyese la palabra hierro y preguntara qué es eso, usted le respondiera: ‘Hierro significa sulfato férrico’. ¿No habrá algún medio más sencillo, Dios mío, de saber cuál es la mano derecha?”)

6. Monte de Saturno en que fijó su trono la sabiduría (“En el término de una vida humana se producen hoy mutaciones tan fundamentales como las que ayer solo eran posibles a lo largo de cien generaciones. De ahora en adelante cada individuo tendrá que replantear de raíz su vida varias veces, y para salvar el presente, para sobrevivir nada más, tendrá que estar constantemente proyectando el futuro.”)

7. Monte de Júpiter o meditación de las cosas espirituales (“Se llama ‘Mano dura’. Se trata de la Opresión, la opresión legalizada, el despotismo en el trono. ¿Sabían ustedes que la opresión no solo atormenta a los ciudadanos, sino que también los envilece? Una vez envilecidos, todo será más fácil: besarán la bota del verdugo, aclamarán al dictador, aceptarán como estado de paz y de orden la situación de tiranía. El tirano sonreirá complacido desde el balcón ante una gran muchedumbre concentrada en la plaza de Pedro el Cruel, al final de la avenida de Pedro el Cruel, junto al parque de Pedro el Cruel.”)

El libro de las manos es raro por su planteamiento, porque es fácil de encontrar de segunda mano (!). Esta literatura enlaza símbolos, leyendas, impresiones y palabras de manera sorprendente y a la vez ineludible; va a su aire entre los plátanos por la carretera comarcal mientras la autopista va cada vez más llena. Se detiene a un lado y allí encuentra un manantial.