Retrato borroso de Barbara Loden

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Un encargo sencillo. A la escritora francesa Nathalie Léger le encargaron escribir la entrada biográfica de Barbara Loden para un diccionario de cine. Loden era actriz y autora de una sola película, Wanda, sobre un ama de casa que se va de casa, renuncia a la custodia de sus hijos, renuncia a su matrimonio y acaba siendo cómplice en un atraco. Todo sale mal, el cómplice muere y Wanda, que ni siquiera llega a pisar el banco –su papel era de conductora–, es condenada a veinte años de cárcel. Wanda, tras conocer la sentencia, le da las gracias al juez. La película de Barbara Loden obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Venecia en 1971. Barbara Loden no solo dirigió la peli, también hizo de Wanda: “era la mejor para hacerlo”, dijo cuando le preguntaron. Léger recibe el encargo de redactar esa entrada sobre Loden y un consejo del editor: “Tampoco hace falta que te mates”. No hace falta decir que Léger se mató, se obsesionó con Loden, con Wanda, el personaje, y establece una relación entre esas mujeres y su madre. El encargo de la entrada biográfica se convirtió en un libro: Vida de Barbara Loden (Sexto Piso, 2022, traducción de Vanesa García Cazorla). 

Una historia sencilla. Léger se sienta a ver Wanda con su madre. “A mi madre le extraña que esta película me interese. ‘No sucede nada’, me dice mientras se lleva la bandeja de nuestra cena. ‘Me pregunto por qué tienes ese gusto por las cosas tristes’, me dice a continuación, de lejos.” La madre de Léger le pregunta: “‘¿Tan difícil es contar una historia sencilla?’, me vuelve a preguntar mi madre. Tengo que guardar la calma, desacelerar y bajar la voz: ‘¿Qué significa contar una historia sencilla?’ Ella habla de las peripecias novelescas, cita Anna Kareninca, Las ilusiones perdidas o Madame Bovary; dice que, en su opinión, significa que haya un principio, un nudo y un desenlace”. En Vida de Barbara Loden no hay esa linealidad. Léger cuenta que alguien que conoció a Barbara Loden le dijo que ella “Decía que es fácil ser vanguardista, pero es sumamente difícil contar bien una historia sencilla”. 

Fuentes. Nathalie Léger acude a diferentes fuentes: entrevistas a Loden, las memorias de Elia Kazan, que estuvo casado con Barbara Loden –le dio un papel en Esplendor en la hierba–, El compromiso, una novela de Kazan de 1967, que hoy se leería como autoficción. La novela salió el mismo año en que Kazan y Loden se casaron. Léger encuentra la noticia del periódico en la que Loden se inspiró para crear su Wanda. El rastro de la Wanda original, Alma Malone, se pierde. En 1972, Barbara Loden fue la invitada de Mike Douglas Show, a day television talk show, cuando John Lenon y Yoko Ono eran los presentadores invitados del programa. Queda con Mickey Mantle, por consejo de Fred Wiseman. Mantle era jugador de los Yankees y había conocido a Loden cuando ella bailaba en el Copacabana. Mantle trató de escribir sus memorias y a Léger le sorprende encontrarse hablando de Proust con “el típico guaperas norteamericano de rasgos armoniosos a quien, a pesar de su mirada algo inexpresiva”. Mantle no vio Wanda cuando se estrenó: “En Estados Unidos nadie vio la cinta cuando se estrenó”. 

Las otras Wanda/Loden. Loden crea un personaje, Wanda, que, insinúa Léger, se entendería con otras mujeres: “En El desierto rojo, Giuliana, extraviada, va a parar a un muelle y le dice a un marinero: ‘Algunos días los cuerpos están separados’. Natalie, en Llueve sobre mi corazón, emprende sola el camino: ‘I don’t want to get away with you, I want to get away from you’. En The Savage Eye, Judith camina sola por la ciudad: ‘No quiero ver a nadie y no quiero hablar con nadie’. En Sue, perdida en Manhattan, la protagonista, con la mirada perdida, dice: ‘No se me da muy bien conversar. Solo me comunico a través del sexo’. En Jeanne Dielman, Jeanne directamente no habla”. La madre de Léger es un reflejo de Wanda, aunque la historia de la madre no se termine de contar. 

Alquimia fallida. Vida de Barbara Loden tiene todos los elementos para ser un libro especial, pero hay algo que no termina de funcionar, el engarce entre los elementos no acaba de funcionar, hay algo acartonado en la estructura. Cuando el proceso de escritura del libro tiene protagonismo, el relato se resiente; Léger no termina de explicar qué es lo que le gusta de Wanda


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