Abdulrazak Gurnah sobre su novela Afterlives y la hipocresía colonial

Publicado originalmente meses antes de su consagración con el Nobel de Literatura, este ensayo ofrece claves para entender la obra de Gurnah, a la par que repasa su vida, desde su llegada al Reino Unido hasta su carrera como profesor universitairo.
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En su participación en la serie radiofónica A history of the world in 100 objects de la BBC, Abdulrazak Gurnah relata que, cuando era joven y vivía en Zanzíbar, se encontraba restos de porcelana china. Sigue diciendo que

Fue hasta después, cuando empiezas a ir a museos o escuchas historias sobre las grandes armadas chinas que visitaron África del Este, que el objeto se vuelve valioso, un significante de algo importante: una conexión. Y luego ves el objeto en sí mismo, su completitud, su peso, su belleza. Hace que esto sea inescapable, la presencia de siglos de una cultura tan lejana como la china.

De Gurnah puede pensarse como un escritor de Zanzíbar, un escritor de África Oriental, un escritor africano, alguien que escribe acerca de los mundos del océano Índico, y como un escritor británico que aborda temas como la memoria, la construcción de un hogar, asentarse y encontrar un espacio para uno mismo. Como las astillas de aquella porcelana china, los mundos a los que pertenecen sus personajes están rotos, y aun así luchan para que estén completos, para que sean valiosos y bellos.

Afterlives (2020), la novela más reciente de Gurnah, arranca con nuevos comienzos. Un hombre empieza en un nuevo trabajo que va a transformar su vida. Un joven que fue arrastrado al servicio militar en nombre de un poder colonial vuelve a su casa. En sus novelas, Gurnah vuelve una y otra vez al tema de la dislocación y el abandono. El inicio de Afterlives está situado justo antes de la Primera Guerra Mundial en el África Oriental Alemana, lo que ahora se conoce como Tanzania. La novela sigue a los personajes a través de episodios de alzamientos y conflictos trascendentales: la derrota del imperialismo alemán, la colonización por parte de los británicos y la independencia. El foco está puesto en el impacto de estos eventos y del colonialismo sobre los individuos, en cómo la gente puede seguir adelante, juntarse y construir una vida y una familia de su elección.  

Inevitablemente, Afterlives será vista como la secuela de Paraíso, el libro de 1994 con el que Gurnah fue nominado al Booker, en el cual Yussuf, el personaje principal, se ve forzado a trabajar para un comerciante para saldar la deuda de su padre. Esta historia es similar a la de Hamza, uno de los personajes de Afterlives. (La frase “no es mi tío”, que se repite a menudo en Paraíso, aparece cuando Hamza finalmente revela su pasado.) Afterlives, además, inicia cronológicamente donde acaba Paraíso.

“Creo que siempre quise escribir acerca de la guerra”, dice Gurnah cuando hablamos acerca de su libro más reciente. “Y hace un par de años me pareció que era el momento adecuado”. Gurnah no suele hacer investigación dirigida, y más bien acumula conocimiento y comprensión acerca del colonialismo, que le sirven para reflexionar sobre historias que ha escuchado. (“experiencia y proximidad, y luego está siempre el elemento de la suerte”).

Por eso, no sintió un imperativo especial para escribir Afterlives. Pero el momento de su publicación, cuando antiguos poderes coloniales como Gran Bretaña y Alemania enfrentan el reto de examinar su propia historia, es afortunado, “Tenemos que enfrentarnos de manera constante con estos asuntos”, dice Gurnah. “Por lo visto, siempre ha habido un clima como el actual, de ataque a los extraños, de hostilidad contra los otros. Pero al mismo tiempo, creo yo, hay una lucha constante en contra de eso”, agrega.

En la obra de Gurnah, los eventos históricos pasan por el tamiz de la experiencia individual. El autor avanza con rapidez de un evento a otro, aunque el ritmo de Afterlives deja tiempo para Hamza y Afiya, cuyo romance acompañamos en los momentos más serenos. La novela es una serie de retratos psicológicos que abordan el trauma y –tal y como su título lo sugiere– lo que viene después. Algunos personajes, como Bi Asha, viven con amargura, llenos de agravios. Otros, como Hamza, son capaces de superar esos agravios. Afterlives celebra la comunidad a través de la interconexión de sus personajes, de sus encuentros. Cuando las redes familiares de apoyo se rompen, hay actos inesperados de generosidad. Quienes viven en los márgenes de la sociedad atraviesan los límites impuestos por esta. Por ejemplo, Khalifa, uno de los personajes, es hijo legítimo de un hombre asiático y una mujer africana, y puede viajar de una comunidad a otra. Estas relaciones entre las comunidades de la isla de Zanzíbar y las de los pueblos de Tanganica, la porción continental de lo que hoy es Tanzania, no eran raras, e incluyeron a miembros de la propia familia de Gurnah.

La historia de cómo Gurnah llegó al Reino Unido en los años 60, huyendo de la represión política en Zanzíbar, es formativa en su escritura. Él recuerda que la violencia del Estado se combinó con la inseguridad económica y las restricciones a la expresión y a la protesta. “Cuando me fui era un lugar muy peligroso. Encarcelaban a la gente. Había poco espacio para maniobrar, para que la gente trabajara, prosperara, o incluso pudiera hablar abiertamente de su descontento”. Gurnah describe con detalle ese ambiente opresivo en By the sea (2001), una novela donde las mezquindades, los actos de crueldad y las denuncias terminan en arrestos, cárcel y humillación. Como refugiado en el Reino Unido, canalizó hacia su escritura la experiencia de la soledad, la dislocación y el trauma. Pero le llevó dieciocho años plasmar esas experiencias en su primera novela.

Afterlives también tiene un largo recorrido, y Gurnah se esfuerza por recuperar el tiempo en más de una forma. La historia, que abarca medio siglo, tiene un calendario definido, puntuado por fechas y eventos. El impacto de la colonización tiene una historia larga y compleja, cuando recordamos que los sistemas tradicionales de comercio –las caravanas de Paraíso y las comunidades formadas en torno a ellas– fueron borrados por la colonización alemana y británica. En The colonisation of time (2012), Giordano Nanni sostiene que el tiempo mismo fue colonizado, pues la gente tuvo que adoptar los sistemas temporales europeos. Esto se atisba en By the sea, cuyo personaje principal se niega a usar teléfono, tranquilamente importunando a la gente y disfrutando el hecho de que todavía tienen que visitarlo sin avisar.

Abdulrazak Gurnah acaba de retirarse como profesor en la Universidad de Kent, donde tuvo un profundo impacto en sus estudiantes. Hana Ali recuerda que fue el primer profesor negro que tuvo en su vida. Su estatus como novelista y académico era “enorme” y al principio se sintió bastante intimidada. “Sabías que estabas en el mismo cuarto que una estrella, una verdadera estrella. Una de esas personas que, cuando entran, hacen que te sientes derecha”, dice. La ubicación del salón donde transcurrían los seminarios con el profesor Gurnah permitía a los alumnos verlo desde lejos cuando cruzaba el puente; esa visión los llevaba a pensar qué tan preparados estaban. Esto recuerda al hombre y el teléfono, la paciencia y la conveniencia, quién dicta los términos bajo los cuales vivimos. “No era alguien que te dejara hacer poco esfuerzo. Quería que la gente se involucrara”.

Gurnah suele usar palabras y frases en suajili en sus libros, y lo mismo pasa en Afterlives. Su escritura empuja suavemente al lector a reconocer el lugar de la colonización en el uso del lenguaje y su efecto en la literatura. El documental Africa turns the page recoge el debate entre Chinua Achebe y Ngũgĩ wa Thiong’o, en cuanto a si se debe escribir en lengua inglesa para alcanzar a una audiencia más amplia, como defiende Achebe, o escribir en lenguas africanas como parte del proceso de descolonización, que es la posición de Thiong’o. Siendo yo hijo de un asiático de África Oriental que creció en la costa suajili (mi padre es de Mombasa), sonreí con los familiares sonidos inscritos en las páginas de las novelas de Gurnah. Cuando hablamos por teléfono aventuré algunas frases –Baba yangu anatoka Mombasa– antes de volver al inglés.

Los personajes de Gurnah tienen identidades complejas. Sus libros mezclan la influencia cultural del Islam y la mezcla de etnicidades, con el trauma del colonialismo y la dislocación del occidente. Algunos personajes han perdido riqueza o estatus, y fingen ser menos de lo que eran para salir adelante en el lugar donde ahora se encuentran. El personaje principal de By the sea hace como que no sabe hablar inglés porque le dijeron que con eso sería más probable que le otorgaran asilo. Es necesario mentir o manipular la verdad para acatar o navegar por un sistema. Esto también está presente en Afterlives, que muestra cómo la gente que formaba parte de la schutztruppe, el ejército colonial alemán, era vista con sospecha por los nuevos ocupantes británicos, a pesar de que los alemanes habían obligado a muchos de ellos a cumplir esos roles, tal y como los británicos hicieron en sus colonias.

“Los colonizados luchaban por razones complejas”, explica Gurnah. A algunos les impresionaba verse asociados con el poder y el prestigio del poder colonial, y se presentaban como voluntarios para la policía y el ejército coloniales. Se les daba un modo de vida, un estatus al interior de su comunidad y algo de estabilidad. “Algunas personas decidieron felizmente y por voluntad propia estar en ese lado y pelear por ellos”, añade.

La colonización alemana y su conflicto con Gran Bretaña es tanto el contexto como parte de la experiencia más amplia a lo largo de la cual se desarrollan los personajes de Afterlives. En lo que puede ser un microcosmos del colonialismo, un oficial alemán se muestra fascinado con uno de sus solados y el poder que tiene sobre él, jactándose de que puede enseñarle alemán lo suficientemente bien como para leer a Schiller, al mismo tiempo que le inflige castigos brutales. Se insinúa algo de ternura, incluso de atracción sexual, hacia él. La relación se deja sin explicar. “No quiere reconocerlo”, dice Gurnah. “No quiere entenderlo. No quiere entender por qué siente una especie de cariño hacia este caballero”.  

Más adelante en la novela nos encontramos con el movimiento de “recolonización” que floreció durante el régimen nazi, y que atrajo a varios askaris famosos, que habían luchado con las schutztruppe en la Primera Guerra Mundial. El más famoso de ellos fue Bayume Mohamed Husen, quien emigró a Alemania a finales de los años 20, y se casó y tuvo hijos con una mujer alemana antes de involucrarse en el movimiento de recolonización. Trabajó como actor hasta inicios de los años 40, y luego fue enviado a un campo de concentración por haber tenido una relación extramarital con una mujer blanca. La travesía de Ilyas es un reflejo de la de Husen, de su fascinación con el poder, el estatus y la identidad que le confiere el estar asociado con Alemania, independientemente del ascenso del nazismo.

“Vemos o escuchamos o sabemos muy poco acerca de las experiencias coloniales de Alemania en el continente africano”, observa Florian Stadtler, otro antiguo alumno de Gurnah, hoy profesor de Literaturas Poscoloniales en la Universidad de Exeter. Stadtler deja claro que la ausencia de estas experiencias es notable en la literatura y en las novelas en particular, quizá porque Alemania todavía se enfrenta con la pregunta de cómo un país, un pueblo que produjo gran literatura, arte y música, fue capaz de cometer crueldades monstruosas. Desde la academia, algunos historiadores han explorado las cuestiones del legado del colonialismo alemán. La vida de Bayume Mohamed Husen, por ejemplo, fue objeto de una biografía y un documental. Las discusiones, sin embargo, se han enfocado más en las atrocidades y genocidios en Namibia, la antigua África del Sudoeste Alemana.

Gurnah destaca que, en su libro Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt trazó una línea entre la aplicación violenta y genocida de las teorías raciales en las colonias y el desarrollo del nazismo, que culminó en el holocausto. Más aún, Gurnah observa la contradicción del imperialismo, que es profesar preocupación por la gente y en última instancia matarla. “Es difícil entender la violencia y la crueldad que de alguna forma posibilitaron las ideas sobre la raza”. Tanganica sufrió violencia desbordada, que aplastó cualquier rebelión o indisciplina. Sin embargo, la retórica de los alemanes asentados ahí y de las autoridades coloniales hablaba de mejorar la salud, la educación y la agricultura. “Hay una contradicción extraña”, dice, “que creo que contiene el imperialismo: en una mano la coerción violenta, y en la otra, una suerte de posición pública de certeza moral”. 

Como ocurre con muchos otros libros de Gurnah, el escenario cambia para que el hijo de Hamza y Afiya viaje a occidente, a la Alemania de la posguerra. Ahí estudiará y buscará respuestas a la pregunta de por qué Ilyas se fue y qué pasó con él. El final de Afterlives condensa los temas de la elección, la dislocación, la memoria y la historia. Las historias que cuenta Gurnah nos llevan a examinar nuestras elecciones y a dónde nos han conducido.

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Traducción de Emilio Rivaud Delgado.

Publicado originalmente en The London Magazine y reproducido con autorización.

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