Foto: 22Kartika / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)

Dos poemas

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Herencia

 

Crecí con siete hermanas

concebidas por obra de la culpa

y del deseo:

la culpa de otro tiempo

en que la piel fue solo combustible

y ratonera

para la voluntad

sin voluntad de dos adolescentes

espoleados por el hambre y la sed

infatigables;

el deseo de pronto confundido

con esa llama

fría, intermitente, de las nupcias

(los papeles firmados

en emergencia,

pero también en la fatalidad

de la costumbre

y de una rara suerte de cariño

apuntalado por resignación).

 

Crecí con siete hermanas

que en lugar de calostro recibimos

un líquido terror

al abandono

que siempre ha emanado de mi madre;

bebimos además de la añoranza

frustrada de mi padre

por ejercer una paternidad

distinta: como párroco

de algún pueblo lejano.

 

En honor a la verdad (como dicen)

tendría que mencionar nuestros blasones:

la enferma propensión

a la tristeza

y una soledad hereditaria

en la familia.

Si de algo sirven los antecedentes,

se suicidaron

las dos únicas tías de mi padre

(así, a secas:

quisiera haberlo dicho en una imagen

luminosa, pero ¿con qué sentido?

Si de algo sirve:

la observación atenta de los hechos

contiene el germen del poema:

que fructifique en otro corazón;

que ahí se quede).

Habito un hogar donde el tiempo falla.

Siete relojes

en cuenta regresiva o descompuestos

(ocho conmigo).

¿Qué perno o engranaje -diazepam,

nefazodona,

fluoxetina o una cuerda- habrá

de contener el vértigo;

el frágil andamiaje del sentido?

¿El péndulo de quién

oscila apenas

o por vez última lacera el aire

y aún no lo entendemos?

 

En medio del temor y de la culpa

hacemos oración

y aguardamos,

aguardamos.

 

 

***

 

Puertas

 

Antes de salir escucha un ruido

y se detiene

Me mira desde la luz

con que preguntan y acarician

sus ojos de venado

en la penumbra

No me dice nada pero espera

Sonrío

Le contesto que ese rechinar

viene del otro cuarto

Esa forma de quejarse

poco sutil

es distinta del murmullo

de la puerta de mi baño

Yo las escucho siempre igual

responde en un susurro

Y sin embargo

replico mientras sale

cada puerta habla

un idioma diferente

Tu oído

Un poema

dice en el resquicio

con esa sintaxis telegráfica

de quienes comparten desnudez

ya sin pudor ni incertidumbre

Y me deja en silencio

pensando inevitablemente

en esa multitud de puertas y lenguajes

que es ella misma

y que ignora

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