Joan Didion, lo que dice

En este libro tienen mucho peso los artículos en los que Joan Didion explica cómo escribe o por qué escribe, cómo ha aprendido a escribir y cómo supo no que quería ser escritora sino que ya era escritora.
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Artículos tempranos reunidos. Joan Didion (Sacramento, 1934) es una especie de mito. Literatura Random House lleva algunos años recuperando algunas de sus novelas (Según venga el juego, Su último deseo), además de algunos de sus libros recientes como Noches azules o El año del pensamiento mágico (que publicó la desparecida Global Rythm) o antologías de sus ensayos y reportajes (Los que sueñan el sueño dorado). Lo que quiero decir reúne artículos tempranos y otros más recientes. Cuando apareció en inglés, Didion concedió una entrevista en la revista Time y la respuesta más larga es esta: “I miss having my friends to dinner. On the other hand, my wine bills have gone down.” Está claro que lo que sea que Joan Didion quiere decir espera decirlo en sus artículos, en sus ensayos, en sus guiones, en sus novelas. La edición española, con traducción de Javier Calvo, viene acompañada con un prólogo de Elvira Navarro. 

Expectativas, memoria y mito. Uno de los artículos cuenta una visita guiada que hace con una sobrina que no es de California a una casa que forma parte del imaginario mítico californiano, San Simeón, “la baronía fantasmagórica que William Randolph Hearst se construyó en las colinas requemadas por el sol que dominan la costa del condado de San Luis Obispo”. Didion, como todos los niños de California, buscaba esa casa desde la autopista 1. Años después, el texto es de 1968, Didion se cuela en la casa y asiste a las explicaciones de los guías y mira a su sobrina, la niña que ha llevado con ella y que nunca ha oído hablar de esa casa y a quien, sospecha Didion, “le habría resultado más emocionante si hubiera visto el lugar desde la autopista 1, con las verjas cerradas y el castillo suspendido en la lejanía. Pon un lugar al alcance de las miradas, y en ciertos sentidos, ya no estará al alcance de la imaginación”. 

Lecciones para escritores de Joan Didion. En este libro tienen mucho peso los artículos en los que Joan Didion explica cómo escribe o por qué escribe, cómo ha aprendido a escribir y cómo supo no que quería ser escritora sino que ya era escritora. Está “Por qué escribo”, un robo declarado a George Orwell, donde Didion dice que escribe “estrictamente para averiguar qué estoy pensando, qué estoy mirando, qué veo y qué significa”. Dice también que “escribir es el acto de decir yo, de imponerse a otra gente. No se puede ocultar el hecho de que poner palabras sobre el papel es una táctica de matón subrepticio, una invasión, una imposición de la sensibilidad del escritor en el espacio más privado del lector”; una idea que aparece también en la entrevista de The Paris Review, cuando Linda Kuehl le pregunta por qué dice que escribir es un acto hostil: “Es hostil en el sentido de que estás intentando que alguien vea algo tal como lo ves tú, imponer tu idea, tu imagen. Es hostil intentar manipular de esa forma la mente de alguien. A menudo lo que quieres es contarle a alguien tu sueño, tu pesadilla. Y, en fin, nadie quiere oír un sueño ajeno, sea bueno o malo; nadie quiere cargar con él. El escritor siempre está intentando engañar al lector para que escuche su sueño”. Más allá de la hostilidad o no del acto de escribir, Didion explica aquí el origen de dos de sus novelas, Según venga el juego y Una liturgia común: en los dos casos hay una imagen (en el primero en realidad son dos), y la necesidad de plasmar eso en un texto. “La imagen dicta la ordenación [de las palabras en la frase]. La imagen dicta si esta va a ser una frase con o sin cláusulas subordinadas, si la frase va a terminar en seco o va a ir muriendo poco a poco, si va a ser larga o corta, activa o pasiva. La imagen te dice cómo has de ordenar las palabras, y la ordenación de las palabras te dice, o me dice, qué está pasando en la imagen”. Hay otra explicación de la manera en que escribe –o escribía cuando contó esto– Joan Didion: hay algo mágico en la escritura, lo que se descubre sobre la historia que hay detrás o alrededor de esa imagen se va descubriendo conforme se va escribiendo. “Déjenme que les diga una cosa acerca de por qué escriben los escritores: si yo hubiera conocido la respuesta a cualquiera de esas preguntas, no me habría hecho falta escribir una novela.”

Lecciones para el ego de los escritores de Joan Didion. En “Contar historias” Didion escribe sobre escribir, en concreto sobre por qué no escribe relatos y qué pasó con los que escribió. El último de los cuentos que escribió fue rechazado por veinte revistas antes de que una publicación académica lo aceptara a cambio de una cantidad más bien ridícula de dinero. Por supuesto, Didion incluye todos los nombres de las publicaciones que lo rechazaron, así como los motivos que dieron y recopila las cartas que le enviaba su agente para trazar la cronología del “truculento decurso” del relato. Pero antes, Didion cuenta cómo empezó a escribir en serio: en Vogue, redactando artículos que eran sobre todo pies de foto, “aprendí en cierto modo a sentirme cómoda con las palabras, una forma de contemplar las palabras ya no como espejos de mi propia incapacidad, sino como herramientas, juguetes, armas que utilizar de forma estratégica en la página. En un destacado de, digamos, ocho líneas, donde las líneas no pueden superar los veintisiete caracteres, no es solo que cada palabra cuente, sino también cada letra”. En esa línea de reconocer el fracaso, Didion incluye aquí “Cuando te descarta la universidad que preferías”. Hay otros textos valiosos o emocionantes aquí, como “La guapa Nancy”, el ensayo sobre Hemingway “Últimas palabras” –que también es un texto sobre escribir– o “El corredor de fondo”, por citar algunos. Pero lo que me gusta de este libro es que es un poco como meterse en la cabeza de Didion en el momento en que se pone a escribir y, al mismo tiempo, mantiene el necesario misterio para que sigamos encandilados.