La imposibilidad de huir del pasado: una conversación con la escritora María Bastarós

La escritora zaragozana Maria Bastarós retrata en su primer libro de relatos, 'No era a esto a lo que veníamos' (Candaya, 2021), a unos personajes atrapados en su propia inmovilidad.
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María Bastarós (Zaragoza, 1987) realiza en su conjunto de relatos No era a esto a lo que veníamos (Candaya, 2021), un ejercicio de memoria espacial, una construcción literaria que toma el espacio físico aragonés para dar salida a una época muy conflictiva de su existencia, que coincidió con la pandemia y un divorcio. “Aunque yo considero que este es un libro de personajes, porque se mete mucho en la psicología de los personajes –dice la escritora zaragozana–, a mí lo que más me inspira son siempre los espacios y los territorios”.

Bastarós vive en Valencia desde hace cinco años y suele volver a su ciudad, Zaragoza, una vez al mes, pero “al no poder hacerlo durante la pandemia, este libro surgió un poco del deseo de volver”. La escritora zaragozana estaba trabajando en una novela cuando el mundo quedó truncado por la covid-19 y se dio cuenta de que, de súbito, se le cortó el proceso creativo y dejó de interesarle lo que estaba haciendo. Dejó de escribir la novela y comenzó a escribir una serie de relatos, sin saber que acabarían convirtiéndose en este libro.

“Echaba de menos mi tierra –dice Bastarós– y escribir este libro era una forma también de expresar la nostalgia, por eso también son espacios que están tratados de una manera muy onírica, porque no se trata únicamente de realizar un retrato geográfico. De hecho, muchas veces, ni se menciona cuál es el lugar donde suceden los textos, sino que aparecen más bien como una ensoñación”, matiza. 

El deseo de huir

Al final, del largo trabajo de escritura quedaron trece relatos, doce originalmente escritos durante este torrente de escritura pandémica y postmarital y uno de ellos rescatado de antes, “Huevas de trucha”, pero que respeta el tono general del volumen, una modulación violenta y severa, un conjunto de textos que se debaten entre el inmovilismo y el deseo de marcharse, entre la normalidad cotidiana y el deseo excéntrico. Así, No era esto a lo que veníamos podría encontrar su precuela en “Fantasmas”, el relato que María Bastarós publicó en octubre de 2019 en el volumen colectivo Ya no recuerdo qué quería ser de mayor (Temas de Hoy), donde una mujer ahora de vida acomodada, casada y con dinero, se encuentra con un antiguo compañero de juventud de luchas políticas y sufre una suerte de vahído, del que pronto se recupera. Dicho de otra manera: la protagonista quiere escapar de su vida, pero no se atreve. Tiene un momento de locura transitoria, provocada por el irracional deseo de volver a ser la que fue hace años (y tener una aventura con su viejo amigo), pero de repente, un baño de realidad la devuelve a su aletargada vida marital. Y esta es una constante en No era esto a lo que veníamos: dos líneas de fuga que se van tensando en los relatos, encontrando acomodo en diferentes resoluciones: o bien en la soterrada violencia callada del hábito, o bien en un intento de huida (que suele acabar mal) o bien en una calma chicha que presagia el desastre. Bastarós quería forzar la normalidad, trabajar sobre el deseo, explorar ese punto oscuro que tiene lo cotidiano. En ese sentido es un libro que exhibe influencias muy norteamericanas; no en vano Bastarós es lectora de Amy Hempel y Lorrie Moore, escritora de la que se puede percibir en estos textos un cierto halo.

Violencias cotidianas

En No era esto a lo que veníamos hay espacios cerrados, destartalados o muy abiertos pero que provocan una sensación de opresión, como es el caso de la absoluta soledad del desierto o de la salvaje presencia de la muerte en los tupidos bosques. De ahí que se pueda decir que son los espacios los que atrapan y absorben a los personajes. O mejor dicho, que son personajes condicionados por sus entornos, de los cuales, por mucho que intenten huir, no consiguen escapar. Así las cosas, los protagonistas de las historias de Maria Bastarós quieren vivir en una suerte de autoengaño, incapaces de confrontar su realidad, de cambiar las reglas de sus vidas. Y cuando lo hacen, lo pagan caro. Son personajes que viven atrapados en cárceles (generalmente en el arresto autoinfligido del amor y la sexualidad). Para dar cuenta de estas situaciones diferentes pero con un nexo común, Bastarós se sirve de lo disparatado o lo excéntrico en algunos casos y en otros de la normalidad más absoluta. Para la autora, sin embargo, son estos últimos relatos “los que me generan más desazón”, nos dice. Se trata de terrores sobre los que no se puede hacer gran cosa. Bastarós pone como ejemplo la protagonista del relato “Marabunta”, en el que una mujer que está embarazada no sabe si quiere o no estar realmente embarazada. “Es un personaje que ya no puede hacer nada al respecto –dice la escritora–. Son una clase de terrores a los que las mujeres se enfrentan muy a menudo y no los consideramos tan terroríficos, pero, al final, para mí, es una de las peores cosas que te pueden pasar en la vida: estar embarazada y no saber si realmente quieres estarlo.”

Así, la clave está en el hecho de que la violencia “tiene mucho que ver con el desconocimiento de tus propios deseos, de lo que quieres, con el autoboicot”, nos cuenta Bastarós. Muchos de los personajes de sus relatos se dan cuenta de que no les gustan sus vidas, pero son incapaces de reconocerlo y enfrentarse a ello. Lo único de lo que se sienten capaces es de boicotear sus propias vidas, sin entender encima muy bien qué demonios están haciendo. “Creo que es algo que hacemos muy a menudo –María Bastarós– y que es malo porque tiene muchas consecuencias para nosotros mismos y para los demás”.  

Los infiernos interiores

Para evidenciar esta tensión habitual a la que se enfrentan los seres humanos, Bastarós se sirve de unos cuentos en zigzag, que van profundizando en el mal endémico de sus protagonistas, alargando sinuosamente la tirantez del conflicto y la angustia del suspenso, llevándolos justo a ese momento de incertidumbre que es el momento previo a la violencia. “Me interesan más ese tipo de finales. Y aunque en algunos relatos haya violencia explícita, siempre acabo en el momento en el que puede haber todavía un poco más”, dice. Y añade: “Me gusta ese momento de crisis, previo al desastre. Me gusta que el lector se quede con esa tensión, que no te dé ningún tipo de solución, porque creo que eso genera más poso y se parece más a la vida”.En libros como Sexbook, una historia ilustrada de la sexualidad y Herstory, una historia ilustrada de las mujeres (ambos publicados en Lumen), María Bastarós tenía una voluntad didáctica. En su primera novela, Historia de España contada a las niñas (Fulgencio Pimentel), era un despiadado impulso de afán más político lo que la informaba. Aquí prima un cierto hiperrealismo hostil (a veces disfrazado de ensoñación diurna) que busca ser “metáfora de otra cosa”. En otras palabras, el mayor mérito de estos textos se halla en la estética infernal de las llamas de los deseos que se consumen erróneamente, sin dirección (o en la dirección equivocada) y que, a su paso, consumen las vidas de unos personajes inconmovibles, perdidos dentro de sí mismos y de su anodina y perversa normalidad.

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