Foto: Ricardo Flores/IPA via ZUMA Press

La vida inmanejable

En toda época hemos tenido la oportunidad de enfangarnos y la oportunidad de saltar la verja. Así que parece que hay dos opciones: el ermitaño o meterse en el tráfago.
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A veces me sorprendo haciendo un gesto o diciendo una frase que son automatismos y pienso que de pequeña me habría asombrado, hasta espantado. Porque los niños se asombran de las cosas tan raras que hacen los adultos. ¿Por qué los adultos, si son libres para hacer lo que les dé la gana, eligen contraerse, actuar como si fuesen la marioneta de un enemigo? No recuerdo si intuíamos que acabaríamos corriendo el peligro de caer en esos raros pozos. Quien consiguiera evitar hacer esas rarezas o decirlas no envejecería. ¿Se daban cuenta los mayores de que los mirábamos con estupor? ¿Acaso les ponía tristes? 

Algunas novelas se ocupan de distinguir el momento en que uno da un paso irreversible. Abandonas un mundo, aquí acaba lo que conocías, ahora tendrás que funcionar con otros códigos. No todas lo hacen, pero si hay una herramienta idónea para aislar esos momentos es la novela, que puede detenerse a extender un gran tapiz a partir de un portátil carrete de hilo. En la vida es un instante. De pronto suena una campanada grave y tiene el tono de una escalofriante frase leída alguna vez: “y entonces supe que estaba clavando otro clavo en mi ataúd”. Pero vamos a ver, ¿cómo has llegado a meterte dentro?

Veo que hay mucha gente empantanada en situaciones que no le acaban de convencer. Me recuerdo que probablemente la vida siempre ha sido así. Uno va y se empantana. Pienso en las novelas antiguas de amores contrariados, que hacen llorar más porque las circunstancias sociales que los entorpecían han quedado ya superadas y aquellos desdichados, de haber nacido hoy, podrían haber sido felices, pero lo cierto es que aún todo sigue siendo inmanejable y seguimos actuando de manera incomprensible. Lo dice Camus. Algunas circunstancias son de costoso arreglo, pero otras parecerían sencillas de cambiar. Siempre nos aparece muy claro cómo podría el prójimo dar luz a su vida, pero en el río de nuestra novela encontramos muchos meandros y todo se hace desvíos. 

No son las circunstancias, ¡tenemos que ser nosotros! En toda época hemos tenido la oportunidad de enfangarnos y la oportunidad de saltar la verja. Así que parece que hay dos opciones. Si te sale el ermitaño en una tirada del tarot la lectura primera es que te retires del mundo a cavilar. Pero no siempre se puede, y a veces no es por falta de tiempo, de dinero o de inspiración, sino porque la propia situación sugiere la insistencia, es como un ritmo inaudible para los demás pero que tú debes seguir. Sí, podrías detenerte hasta dejarlo todo ordenado, pero ¿hay tiempo? ¿Y no va eso contra la naturaleza de los días? ¿No se encuentra a veces en el caos la manera de reconducirlo? A zambullirse entonces en el río, tal cual baje. 

Por un lado el ermitaño, el retiro del mundo, la reflexión, la concentración en uno mismo. Por otro lado meterse en el tráfago y aceptar como sea que a veces habrá que ir contra uno mismo, y confiar en que saldremos airosos, y buscarnos un talismán secreto, una imagen que ilumine rescatada desde lo más profundo, y esperar del tráfago que nos presente oportunidades extrañas que tintineen como acertijos. Aunque no se acierte, sonreír con encanto. Levantarse el flequillo de un soplido. Colar un verso inventado en la canción. Dejar atónita a la concurrencia. Agradecerlo con un giro como de torero incauto a punto de ser arrollado por el toro. De pronto, la sensación de que en esta época el tráfago es más bien un galimatías y de que no avanza, de que se mueve en círculos. Un mago te diría “no hay solo dos opciones. Mira bien”.

O un trilero. Llevar con garbo ese desastre. ¡Qué manera de naufragar! Dos frases animosas: un libro de Charles Bukowski, siempre mejor poeta que cartero, se titula What matters most is how well you walk through the fire (traducido en España como Lo más importante es saber atravesar el fuego), y hace par con la frase de Churchill “If you are going through Hell, keep going” (“Si estás atravesando el Infierno, sigue avanzando”). En ese fuego reconocer la llama conservada de la infancia, como un dibujo en un libro preferido. 


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