Croes, Rob C. / Anefo

Lecciones de John Cage para mejorar/empeorar el mundo 

Caja Negra edita ‘Diario: cómo mejorar el mundo’, de John Cage. Es un torrente de ideas, citas, reflexiones y anécdotas.
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Consejo de madre. “Poco antes de Navidad, visité a mi madre, que vive en un hogar de ancianos (hace dos años sufrió un severo ataque al corazón que la dejó físicamente minusválida). Le conté que había escrito tres textos sobre cómo mejorar el mundo. Me dijo: ‘¡John! ¿Cómo te atreves? ¡Debería darte vergüenza!’. Le pregunté si, teniendo en cuenta la situación del mundo, no creía que podían hacerse cosas para mejorarlo. Dijo: ‘Claro que sí. Tiene mucho sentido’”, escribe John Cage como preámbulo a la tercera de las ocho partes de su Diario: cómo mejorar el mundo (Solo harás que las cosas empeoren), que edita en español Caja negra (cumple 20 años la editorial) con traducción, prólogo y notas de Gerardo Jorge. Cage, compositor, teórico musical, miembro de la Asociación Micológica de Estados Unidos, escritor, etc., etc., comenzó la redacción de este Diario en 1965; la última parte cubre de 1973 a 1982. 

Un mosaico. El primero de los textos se publicó en la revista Joglars. Cage escribe: “Es un mosaico de ideas, declaraciones, palabras y anécdotas. También es un diario. Para cada día determiné mediante operaciones de azar cuántas partes del mosaico escribiría y cuántas palabras habría en cada una. […] Usé doce tipografías diferentes, dejando que las operaciones del azar determinaran cuál aplicar a cada oración. […] La presente composición tipográfica continúa con el plan original determinado por el azar”. El resultado es que el texto aparece en el cuerpo central de la página y como los márgenes van variando y la tipografía cambia, tiene algo de río; también en la estructura profunda: no es tanto un flujo de conciencia como un torrente y no solo de conciencia, porque hay también citas, fragmentos de conversaciones escuchadas y capturadas, preocupaciones cuya intensidad varía según la época; los hongos aparecen más en las últimas partes; en las primeras en cambio, casi todo es McLuhan, Fuller, aldea global y hacia dónde va la sociedad. Está el desencanto con Estados Unidos, la fascinación con Lao Tse, por supuesto que cita el I Ching: “Llevó seis semanas enseñarle a la / computadora a arrojar seis veces tres / monedas. Preocupado, tiré las monedas / en forma manual, para preguntarle al / I Ching si el I Ching se podía programar / por computadora. Le encantó. / Prometió aumentar la cantidad / de beneficios para la cultura. Lo que / ya hicimos conspira contra lo que / ahora tenemos que hacer”. 

Un mundo en cambio. “La sociedad está cambiando. La información relevante era difícil de conseguir. Pronto abundará y pasará inadvertida”, escribe Cage, cuyo impulso era analizar un mundo que se estaba transformando. No es la única profecía cumplida que contiene el Diario: hay advertencias sobre el medio ambiente, preocupación por la economía y la política, aparece el caso Watergate. Hay también charlas con Duchamp, y entre los muchos personajes que aparecen y cita, está Octavio Paz: “Le pregunté a Paz si ser diplomático / le quitaba mucho tiempo para su poesía. Dijo / que no. ‘No hay negocios entre los dos / países.’ Tienen la mejor / de las relaciones”. “El conflicto / no será entre personas y personas / sino entre personas y cosas”, advertía Cage. “Consultado sobre / religión, dijo que él nunca había dicho nada / contra ella: ‘Es lo único que mantiene a / la gente bajo control’. ¿Y el / arte? ¿Será el arte, antes al servicio / de la religión, sin que lo notemos, ahora una suerte / de actividad de vigilancia? Precisamos una moral / puramente secular”. 

Yuxtaposiciones no intencionales. Eso aclara Cage en el breve texto que introduce la octava y última parte –aunque ahí cuenta que planea dos más, porque como escribe antes de la segunda parte, “Una vez que uno se interesa en mejorar el mundo, no hay descanso”–. Mientras iba leyendo Diario pensaba en Mariano Gistaín, genio total. “Una manera de / escribir que viene de las ideas, que no / es sobre ellas, pero que las produce”, escribe Cage. También hay chistes: “El / médico telefoneó para preguntar si / el abuelo seguía vivo. Resulta que / en lugar de analizar / su orina, había estudiado un / jugo de manzana que la abuela le / había dado al cadete que vino / a retirar la muestra”. ¿Qué bebió el cadete?


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