Los escritores no lloran, los escritores facturan

Aena va a dar un premio de un millón de euros a un libro de narrativa publicado en 2025. Las críticas del sector olvidan a la principal víctima del asunto: el autor galardonado. Aquí se brindan unos consejos que le ayudarán a evitar problemas.
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Aena va a dar un premio de un millón de euros a un libro de narrativa publicado en 2025. El propósito declarado es animar a la lectura, que es lo que cabe esperar de una empresa pública dedicada a la gestión de aeropuertos.

Que la cuantía del galardón sea tan grande indica, obviamente, que lo que importa es la literatura y no el dinero. Pero, como la cantidad supera con mucho lo que se suele ganar con un libro y con cualquier premio salvo el Planeta, es posible que anime más a la escritura que a la lectura. Si hace algunos años Daniel Nesquens dijo que en Zaragoza, además de un carril bici, debería haber un carril poetas, el fenómeno de la proliferación de escritores puede expandirse en todo el mundo de habla hispana.

Algunos, como Anna Caballé, argumentan que no es función del Estado ni de sus compañías monopolísticas señalar cuál es el mejor libro del año, y otros sugieren distintas opciones para fomentar la lectura: ceder espacios en los aeropuertos para librerías o dar dinero a bibliotecas, por ejemplo. Pero el premio es mucho más que la dotación económica: incluye la compra de miles de ejemplares de los libros finalistas y del ganador. Si vuelven a dormir cientos de personas en los aeropuertos de Barajas o El Prat, como el año pasado, tendrán acceso a cultura y entretenimiento. 

Sin embargo, no debemos olvidar quién es la principal víctima de todo esto: el escritor premiado. ¿Va a verse condenado a pagar eternamente, o al menos los próximos dos o tres años, las cervezas de sus amigos novelistas? ¿Habrá de vigilar que en las presentaciones no se vayan todos de pronto y le dejen con la cuenta? ¿Tendrá que esconderse, desaparecer, hacer un Rip Van Winkle, como algunos que ganan la lotería y temen que familiares lejanos, exparejas y compañeros de colegio vuelvan a contactarles? (Desde luego, no podrá volver a una lectura de poesía).

Ya se sabe que lo que distingue a un escritor es que piensa que no tiene que pagar por los libros. Un periodista también piensa eso, pero además cree que tiene que escribir un libro. Puede ser una situación muy difícil para el autor premiado, expuesto a toda clase de envidias y rencores. 

Rafael Azcona, de cuyo nacimiento se cumplen cien años en 2026, contaba que cuando una película suya iba bien decía que le dolía algo para no generar resentimiento. Algunos, preocupados por el destino del escritor del millón de euros, han sugerido mecanismos de desagravio preventivo. Cervantes, el mejor escritor en español, cae bien a todo el mundo: no solo porque está muerto, que siempre es un plus, sino porque tuvo la delicadeza de ser manco. Como siempre, es interesante seguir su ejemplo. Por fortuna, hemos evolucionado y no hacen falta soluciones tan drásticas ni truculentas: quizá baste con fingir una cojera, y exagerarla un poco al recoger la maleta en la cinta transportadora del aeropuerto.

Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.


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