La semana pasada la Universidad de Zaragoza homenajeó al catedrático de literatura comparada Luis Beltrán. En el acto se presentó un monográfico que le ha dedicado el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo. Entre los textos del número destaca un retrato escrito por María Antonia Martín Zorraquino, que fue su directora de tesis.
Yo había oído hablar de Luis Beltrán, que se jubiló en agosto de 2025, antes de que me diera clase. Al principio lo veía en el edificio Interfacultades (impartía teoría de la literatura en Filología Hispánica y yo hacía Inglesa); era el profesor preferido de muchos amigos. Cuanto más listos eran, más les gustaba. Es el caso de Kike Mora o de Susana Bardavío, autora de mi elogio preferido: “nadie explica el estilo indirecto libre como él”. Sabía de la revista Riffraff, que llevaba con José Luis Rodríguez y David Mayor. Nos conocimos más tarde; siempre fue generoso: recomendando lecturas, encargándome traducciones, leyendo mis libros. Animó a muchos alumnos a proseguir estudios en Estados Unidos: también a mí; me dijo que sería más fácil si tenía una licenciatura en Hispánica: no me habría matriculado de no ser por él. Al final no me marché, pero sí pude seguir un curso de doctorado suyo. Gracias a eso descubrí a Norbert Elias y Jesús Mosterín. Otras veces Luis te decía que no merecía la pena leer algo, con característica contundencia: por ejemplo, cuando me fui a Francia y le pregunté por pensadores franceses contemporáneos; mejor lee buenas novelas, respondió.
Luis Beltrán impulsa desde hace años un proyecto apasionante, en el grupo de investigación Genus y en libros como La imaginación literaria, Estética de la novela y Estética de la modernidad (también ha editado en La novela como género literario de Bajtín, una de sus grandes influencias, y La novela. Destinos de la teoría de la novela, de Lukács): una investigación sobre el desarrollo de la imaginación, que considera el gran atributo de nuestra especie.
Por una parte, pretende hacer una estética, donde es esencial deshacer la confusión que vincula lo estético a lo bello (una cualidad sensorial) en vez de con la forma interna del arte (que exige una apreciación intelectual). Por otra, adopta una perspectiva amplia: la de la gran historia y la evolución.
Con Estética de la novela o Estética de la modernidad aprendes de filosofía, de literatura, de arte y de lo que significa ser humano, a través de un estilo claro, conciso y lúcido que da claves para entender los grandes cambios de una sociedad a otra y para situar debates cotidianos, para comprender la libertad y la igualdad, el dogmatismo y el escepticismo. Leer a Luis Beltrán produce tanto placer como deslumbramiento, y recuerda que no hay nada más espectacular que la verdadera inteligencia.
Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.