Poema

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¿Qué cal ardiente alimentaste
en tu ciudad de tiempo
ya vacía?

María Baranda

 

I.

Ocho líneas paralelas

amarillas

 

más que líneas

                        bloques

 

Ocho bloques sobre el conjunto de piedras

que es esta ciudad desteñida

donde la muerte mantiene su dominio

donde sólo la muerte

 

Digo que es una lija el suelo

que los vasos sanguíneos se me rompen

 

Digo que el amarillo

entre esta acera y la siguiente

es todo

menos brillante

 

es todo

menos amarillo

 

es todo

lo que queda

de este día

 

II.

Hace tiempo que no anochece

 

Sigo cortando espinas con los dedos

pero nada sucede más que la sangre

y el pendular de un cuerpo cóncavo

al final de la torre

donde habitan insectos de coraza irrompible

 

III.

Abiertas las ventanas

las cortinas en una sola orilla

 

Todos

miran

en la misma dirección

esperando un suceso de proporciones indecibles

 

Todos buscan con los ojos

entre las ramas de la tarde

pedazos de un cielo que ya no recuerdan

 

IV.

Ésta

que me atraviesa como una fibra metálica

es la hora en que conozco

ya no el fragmento

sino el extenso canto que me nombra:

 

Tiene mi cuerpo una oración perdida

bajo la sombra de un laurel

 

Tengo por manos dos hojas

que permanecen verdes en invierno

entre los restos de Cuauhnahuac

bajo el papel picado

y la calle que sube

hasta el lugar del roce originario

 

 

V.

Una humedad salada

aunque el mar está lejos

se me adhiere detrás de las rodillas

 

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