Foto: Steve Connerton

Tortuga preñada

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1

Si pudiéramos ver lo suficiente

añoraríamos

  el lomo de las tortugas,

su longevidad

y su manera de inclinarse

para agradecer a los imperios

  de silencio

en el mar.

 

Negar la oquedad

de nuestros caparazones

es la principal razón para

  crear objetos

sin lugar alguno.

 

Bolsas de plástico,

falsos dioses

  a la deriva,

medusas de polietileno exiliadas

del mercado.

 

Todo este daño sin voluntad

debería condenarnos

a no conocer la arena.

 

2

Para comprender la paciencia de un reptil,

basta usar popotes.

 

Ninguna piel bastó

  para evitar las lejanías

en el transcurso de los siglos:

en lugar de construir mirillas

para observar las costuras del agua

y sus posibilidades de apertura,

nos alimentamos con objetos externos,

como si decir

proli propi leno

fuese una oración sagrada,

como si los daiquiris valiesen la pena.

 

3

Si insertamos popotes

en nuestros orificios nasales,

rezaremos por tener

  la paciencia de un reptil.

 

Cerrar los ojos con gracia

para esperar

quien nos recoja de la costa.

 

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