“Esto es a lo que me imagino que sonaría la música del futuro“
Rick Beato
Hay un grupo que está rompiendo el feed de los clavados de la música como yo: se trata de Angine de Poitrine –”Angina de pecho”, en francés–, un dúo quebequense de rock experimental, formado por un guitarrista / bajista y un baterista cuya música, al igual que su pinta, parecería de otro mundo.
Melodías de afinación extraña, métricas incomprensibles, ritmos complejos, y capas sobre capas de loops son el común denominador de su música, como se aprecia en los cuatro temas que el grupo interpretó en la ya legendaria sesión en vivo en KEXP, una estación de radio dedicada a la divulgación de música nueva, que tiene al día de hoy más de 12 millones de vistas y la mejor sección de comentarios de YouTube (algunos de los cuales rescato).
La viralización de la banda no tiene precedentes, al menos dentro del nicho nerd musical. Mi algoritmo me ha bombardeado con videos acerca del dueto: “Un músico de jazz reacciona a Angine de Poitrine”; “un viejo compositor reacciona a AdP”; un baterista de rock, un profesor de guitarra, un productor profesional, todos reaccionan y aportan su opinión. “Cómo Angine de Poitrine nos retuerce el cerebro (un análisis rítmico)”, “el secreto de AdP: Las dos trampas que hacen que ames la música microtonal”, “la música más absurda jamás creada”… La lista es interminable.
Así que, en medio de este auténtico encuentro musical del tercer tipo, vamos a unir los puntos para intentar explicar el éxito de Angine de Poitrine.
Música de otro planeta
“Así que esto es lo que trajo de vuelta la tripulación de Artemis 2”
@edwinsenduk
“Cuando anuncien una gira mundial, espero que aclaren de qué mundo se trata”
@oscarpayne4639
Alrededor de Angine de Poitrine hay muchas incógnitas. Su imagen está cuidada hasta el último detalle. En entrevistas se comunican con traducción simultánea o a través de su representante. Su voz recuerda a los daleks, los cyborg de Dr. Who, y sus vestimentas llenas de lunares sugieren una especie de varicela cósmica. Los triángulos dorados que cada uno porta hacen pensar en puntos de poder, chakras intergalácticos cuya energía se comparten mutuamente entre canción y canción, en un ritual que su público ha adoptado. Pero detrás de esas largas narices y esos cuerpos moteados, Khn de Poitrine (guitarra microtonal, bajo microtonal, estación de loops, sintetizadores, voces) y Klek de Poitrine (batería y voces), quienes se describen como una “orquesta mantra-rock dadá pitago-cubista”, son en realidad increíbles músicos de carne y hueso. Si escuchamos atentamente, descubriremos que su música es de origen terrestre.
Microtonalismo
“Es un cuarto de paso para la guitarra, pero un gran salto para la humanidad”
@nanog_videos_oskm
“Le mostré esto a mi microondas. Ahora es un microtono”
@pedro_a_martins
Quizás el elemento más raro para la mayoría es la microtonalidad, es decir, lo que suena “desafinado” en Angine de Poitrine. La música occidental –sus melodías y armonía, la afinación de sus instrumentos– está construida sobre el llamado sistema temperado, cuya afinación consiste en dividir la octava –la distancia entre dos notas do– en doce segmentos equivalentes, o semitonos. Cada tecla en el teclado de un piano, sea blanca o negra, es un semitono:Do, do sostenido / re bemol, re, re sostenido / mi bemol, mi, fa, fa sostenido / sol bemol, sol, sol sostenido / la bemol, la, la sostenido / si bemol, si. Sin embargo, el instrumento de Khn –una guitarra-bajo de doble mástil– tiene el doble de trastes que las guitarras y bajos normales, lo que le permite tocar cuartos de tono, es decir, notas entre los semitonos. Por lo tanto, en vez de las doce notas a la que tienen acceso los instrumentos tradicionales (a menos que no tengan trastes, como los violines, violas, o los bajos sin trastes, entre otros instrumentos que no están restringidos a ningún temperamento o escala), la guitarra de Khn permite tocar veinticuatro notas distintas. Esto se llama microtonalismo.
La música de concierto contemporánea ha incursionado en el universo microtonal –recordemos el “sonido 13” de Julián Carrillo, las piezas de cuartos de tono para piano de Ives, la micropolifonía de Ligeti–, pero son contadas las bandas de música popular que han seguido esa ruta y salido airosos. Un ejemplo notable es el de King Gizzard and The Lizard Wizard, otra banda consentida de KEXP, que lo exploraron en un tríptico de álbumes.
El microtonalismo está presente en frases y grooves como el de “Sarniezz” –replicado por fans que intervinieron sus guitarras para agregarles los trastes necesarios–, y en la armonía, como la espectacular secuencia de acordes de “Ababa Hotel”.
Si la escala de doce notas es la norma en la música occidental, en otras regiones del mundo existen temperamentos, estéticas y lógicas distintas; la música árabe también divide la octava en veinticuatro notas, y una de sus escalas, llamada Hijaz (modo frigio dominante, en la música occidental) forma parte del lenguaje de Angine de Poitrine, como podemos escuchar en este solo.
Math rock: Cambios de compás, modulaciones rítmicas y polirritmia
“Vi esto 14/8 veces”
@chiasson65
“Así se ve el final de π”
@richardharri8215
Quien tenga memoria de sus clases de solfeo recordará que el compás (o quebrado rítmico, si quisiéramos sonar más técnicos) es la medida fundamental de ritmo, un espacio separado por dos barras en que la música se agrupa en función de sus pulsos. El 99% de la música popular está en 4/4, un compás simple de cuatro pulsos (el célebre “One two three four!” con que Joey Ramone comienza sus canciones es un ejemplo autoexplicativo). Las marchas militares están en 2/4, los valses vieneses en 3/4. Luego están los compases compuestos (6/8, 9/8, 12/8), con tres subdivisiones en vez de dos. El son, confluencia de música prehispánica, española y africana, está en 6/8, y mucha de la música mestiza mexicana alterna entre compases simples y compuestos (la famosa sesquiáltera), algo que técnicamente se conoce como modulación métrica. Existen también los compases irregulares como 5/4 (“Take five”, de Dave Brubeck), 7/8 (“Money”, de Pink Floyd) y otros más intrincados como aquellos con los que juega el armenio Tigran Hamasyan.
Mucho del rock progresivo de los años 60 y 70 –bandas como Yes, Gentle Giant o Genesis, con frecuencia formadas por alumnos de conservatorio– exploró estos compases, y con el paso del tiempo el género se ha ido complejizando. La canción “Lateralus”, de Tool (2001), alterna quebrados rítmicos de 7, 8 y 9 octavos y la letra está escrita con palabras cuyo número de sílabas corresponde a la serie de Fibonacci. El exquisito groove de “Fabienk”, de Angine de Poitrine, está precisamente en el inusual compás de 14/4 (que podría escucharse como 8/4 + 6/4).
Las modulaciones métricas y la polirritmia son otras herramientas que la banda utiliza regularmente. La primera consiste en encontrar un común denominador entre dos agrupaciones de notas del mismo valor, y usarlo para “modular”, o transitar, entre ellas (ver el ejercicio al final de este texto). La polirritmia es, como su nombre indica, cuando dos o más patrones rítmicos conviven simultáneamente. Estos recursos se exploraron ampliamente en música de concierto del siglo XX, particularmente por compositores como Charles Yves y Elliott Carter, y más tarde por los minimalistas: Steve Reich, Terry Riley, Philip Glass. En la música popular son mucho menos frecuentes; los Beatles experimentan con las modulaciones en “Happiness is a warm gun” y Peter Gabriel las mezcla magistralmente al final de “The rhythm of the heat” (en el 3’55” comienza la modulación, y unos segundos después ya hay una clara textura polirrítmica). Pero hay nichos de la música mucho más especializados en ellos, como el math rock, subgénero del rock experimental que congrega a nerds de la música y las matemáticas en partes iguales. Angine de Poitrine combina estas técnicas y otras más, como la impredictibilidad (tocar acentos en momentos inesperados) y el desplazamiento (mover de lugar el tiempo fuerte del compás), mostrados en todo su esplendor al principio de su canción Mata Zyklek.
Loops en la mente
“Empecé confundido, luego sentí alegría, ahora soy triángulo”
@chadeller5588
“Qué extraña sensación. Es una mezcla de motivación, enfoque, humor y creatividad, todo al mismo tiempo”
@brianvides8001
Un loop, bucle, u ostinato en la música de concierto es una idea rítmica o melódica que se repite incesantemente. La transformación imperceptible del ostinato es el principio del minimalismo. Tres siglos antes, Purcell compone un bajo ostinato como base para el desgarrador Lamento de Dido. Beethoven construirá con él uno de sus más célebres movimientos, y Ravel lo transformará en el hipnótico ritmo sobre el cual se desarrolla su Bolero. En 1913, Stravinsky compuso un ballet apilando capa sobre capa de ostinatos, técnica que un teórico bautizó como “contrapunto estratificado”. El resultado, una polirritmia hipnótica y cacofónica, consigue exactamente lo que el compositor buscó plasmar en La consagración de la primavera, quizás la obra más revolucionaria del siglo XX: una danza ritual tan obcecada que terminará por matar a quien la baile.
La cinta electromagnética permitió explorar los loops en la música grabada. El padre de la música concreta, Pierre Schaeffer, los usa de forma incipiente en su “Estudio ferroviario” (1948), y los Beatles los integran a la música popular con dos palabras en bucle (“Number 9”) que sirven de hilo conductor a su pieza más experimental. En 2001 aterrizan en las tiendas del planeta los pedales de loops (o looperas) para guitarra, que graban y reproducen una idea al instante, la pausan, la borran o graban otra más encima. El pedal se vuelve una herramienta de composición en tiempo real, y su materia prima son los ostinatos.
Al tratarse de música autocontenida dentro de un ciclo que se repite, su interés dependerá directamente de la simpleza o complejidad de dichas ideas y la pericia del músico para lograr que este contrapunto se mantenga durante mucho tiempo. Este recurso es fundamental en la música de AdP. Khn toca un riff en el bajo, luego una melodía en la guitarra, luego otra melodía que armoniza la primera, mientras Klek toca un ritmo en compás irregular, ambos con una precisión milimétrica. Notas “desafinadas” y puntillosos ostinatos de métrica irregular se van plantando en el oído, que primero los encuentra extraños, luego cada vez menos, y por ahí de la octava vuelta, los da por buenos y los interioriza. Este fenómeno, conocido como efecto de mera exposición y bien estudiado en psicología, hace que el cerebro se mantenga atento de principio a fin, primero asimilando, luego decodificando, y finalmente disfrutando sin saber exactamente cómo sucedió este proceso.
¿Música 2?
“No puedo creer que estuve vivo para ser testigo del lanzamiento de música 2”
@Leehzart
“La parte rara comienza en el 0:00”
@surikatga
La combinación de música microtonal, math rock y contrapunto estratificado en la música de Angine de Poitrine resulta increíblemente refrescante, aunque la banda ha citado numerosas influencias, de Frank Zappa a Leo Brouwer, John Scofield y Gentle Giant. Música de culto, bandas independientes como Primus, King Crimson y Aphex Twin; Mylets, genio del multilayering por medio de pedales y máquinas de loops; los californianos Ten Eleven (guitarra y batería), que utilizan una guitarra de doble mástil y una profusión de pedales. King Gizzard & The Lizard Wizard son quizá su referencia más inmediata, con sus compases rítmicos irregulares y sus exploraciones microtonales. Todos ellos tienen resonancia en su música, como lo tienen también el Anatolian rock, la música árabe y la india, a la vez ajena y profundamente intrigante. La música folklórica es aquella que se alimenta de la tradición y la reinterpreta. Angine de Poitrine se ha alimentado de algunos de los lenguajes musicales más complejos de la humanidad y ha logrado sintetizarlos en uno que, inesperadamente, resulta accesible a un público cada vez mayor.
Música que reta al cerebro y pone a mover los pies
“Jamás imaginé que vería gente bailar a música microtonal en 17/4, pero aquí estamos”
@Tangaroa077
“Hay música que ‘escuchas’ y música que ‘sientes’. Esta es música que hueles.“
@2fatigued4u
Dejando de lado el elemento artístico y performático de la banda –del cual Devo y Klaus Nomi estarían orgullosos–, hay algo en la música de Angine, un fino equilibrio entre lo sofisticado y lo primordial, que trasciende estilos y generaciones. Es como las imágenes en 3D que estuvieron de moda en los 90: hay un momento en que la complejidad se disipa y llega la claridad. El propio grupo lo describe de la siguiente manera:
“Con la agilidad de sus pies y un módulo electrónico de bucles, Khn graba en tiempo real y armoniza múltiples capas de ornamentación melódica, alternando constantemente entre guitarra y bajo microtonales. Estas líneas se entrelazan en frases angulares y cromáticas, moldeadas por cuartos de tono.
Dentro de este torbellino de células repetitivas, la batería de tono mate de Klek actúa con la sabiduría y la contención de un sherpa. La adición gradual y calculada de elementos –o la estoica dosificación del silencio– guía al oyente a través del viaje, poniendo en marcha ritmos asimétricos, aumentando la intensidad hasta un clímax o cambiando el ancla rítmica en el momento preciso.”
El inicio de “Sherpa” en un concierto en Québec lo escenifica: sobre un loop de bajo y guitarra que se retroalimentan, banda y público tienen un momento de comunión; la batería toca una serie de acentos alternados a la cual se suma una guitarra microtonal. Tras varias repeticiones, esta base polirrítmica se modula a un ritmo de 4/4. En foco con la banda por última vez esa noche, el público revienta en saltos, como niños en guardería. Ver en vivo a Angine de Poitrine debe ser una experiencia fuera de este mundo.
El hombre vs la máquina
“Primera vez en semanas que me siento orgulloso de ser humano”
@thisartlife
“Enviaron a sus guerreros más fuertes para combatir a la IA”
@LOSThefner
Con programas de IA, canciones que suenan a Taylor Swift o a Harry Styles están al alcance de un simple prompt, y están inundando internet. Las canciones de nuestros días son increíblemente formulaicas, y la IA generativa no hace más que multiplicar este proceso. Cada vez más gente se da cuenta, desde un punto de vista emocional si no analítico, de lo homogéneo, soso y repetitivo de esta música.
En este panorama desalmado, donde la desesperanza es palpable, la llegada de Angine de Poitrine ha sido una bocanada de aire fresco. Con su humor, extravagancia y exorbitante talento, Angine de Poitrine nos ha devuelto la esperanza. No son de otro planeta, todo lo contrario: son lo más humano que nos ha ocurrido en mucho tiempo. ~
Apéndice: Ejercicio para hacer una modulación métrica à la Angine de Poitrine
- Lee en voz alta la siguiente lista:
un dos tres cuatro cinco seis siete ocho nueve diez once doce
- Ahora vamos a definir una velocidad para tu lectura. Sigue el segundero de tu reloj. Observa cuánto dura un segundo. Con eso en mente, lee ahora la siguiente lista, logrando que en cada segundo entren tres números: “UN dos tres” (segundo uno), “CUATRO cinco seis” (segundo dos) y así sucesivamente, hasta llegar al doce. Repite el proceso, leyendo más fuerte -acentuando- los números en mayúsculas, a los que llamaremos “cabezas de grupo”, o cuatro PULSOS.
UN dos tres CUATRO cinco seis SIETE ocho nueve DIEZ once doce
Dado que hay cuatro pulsos, cada uno de un segundo, leer la línea debe haberte tomado cuatro segundos.
- A continuación lee una nueva lista. Ahora acentuaremos un número de cada dos: “UNO dos TRES” en el primer segundo, “cuatro CINCO seis” en el segundo, “SIETE ocho NUEVE” en el tercero y “diez ONCE doce” en el cuarto. Leer la línea seguirá tomándote los mismos cuatro segundos, lo único que cambiará es la acentuación (ahora hay seis pulsos). Adelante:
UN dos TRES cuatro CINCO seis SIETE ocho NUEVE diez ONCE doce
- Por último, alterna entre la línea de cuatro pulsos y la de seis.
¿Notas cómo se produce una sensación extraña, de “cambio de ritmo”, al hacerlo? ¡Acabas de realizar tu primera modulación métrica!