Adam Michnik: “Hay que desnazificar el Kremlin y desmilitarizar Rusia”

El intelectual polaco, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2022, cree que "no podemos descartar la posibilidad de un futuro democrático en Rusia.”
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Adam Michnik, referente de la disidencia polaca, fundador de la Gazeta Wyborcza y Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2022, ha participado en las jornadas Convicciones y responsabilidades. Diálogos para una presidencia, que organiza la Asociación de Periodistas Europeos en la sede de la Fundación Carlos de Amberes de Madrid. 

En una conversación por Zoom con el periodista Carlos Franganillo, Michnik ha dicho que el discurso de Vladimir Putin mostraba “el fracaso estrepitoso del líder ruso”. 

“Está perdiendo la guerra en términos políticos y propagandísticos, veremos lo que ocurre militarmente”. El presidente ruso habría caído “en una rampa que ha construido él mismo”. Aunque no sepamos lo que va a ocurrir, ya se puede afirmar que “esta guerra ha revelado la debilidad militar de Rusia.” Los soldados fueron engañados, creyendo que los recibirían con flores, tenían uniformes de gala.

Ha hablado de algunas paradojas de la guerra. Así, ha señalado los discursos próximos a Putin en la extrema derecha y la extrema izquierda europeas. El gobierno polaco compartía esa reivindicación de valores conservadores y un discurso antieuropeo “putinista”, pero ha apoyado con determinación a Ucrania en la guerra. La solidaridad ha sido muy grande: los ucranianos y los polacos “dejamos de hablar de nuestra historia compartida cuando Rusia empezó a bombardear las ciudades, los colegios, los hospitales y los museos de Ucrania”.

“La UE y la OTAN son lo que Putin teme”, ha dicho Michnik, que ha descrito la ideología de Rusia y sus seguidores como una mezcla de nazismo y bolchevismo. Putin ha denunciado a Lenin, desde una perspectiva nacionalista, y también ha criticado los valores de Occidente, como la igualdad entre los sexos y las orientaciones sexuales. 

“Putin tiene la mentalidad de un espía de la KGB”, ha dicho: lo importante es “saber mentir, tener mucho dinero y ser fuerte”. Es una visión se que se basa “en la vileza de la gente”. Dando la vuelta a los eslóganes de la guerra rusos, Michnik dice que hay que “desnazificar el Kremlin y desmilitarizar Rusia”.

La guerra, dice Michnik, no debe conducir a la rusofobia: Brézhnev no era toda la Unión Soviética, porque también estaban allí Sajárov y Solzhenitsin, y Putin no es Rusia, ni tiene sentido excluir a sus artistas y escritores. 

Más de una vez la apertura ha llegado a Rusia con una guerra perdida, ha dicho: con la derrota ante Japón en 1905, o en Afganistán en los ochenta. “Las guerras perdidas son el camino de las reformas domésticas.”

Pero para eso, ha dicho, “tiene que perder Putin”. Es un tipo que “le das la mano y luego tienes que mirar que no te haya quitado algún dedo. Rompe todos los tratados. Yo soy partidario de las soluciones pacíficas pero no puedes ir tranquilamente a la mesa de negociación con alguien así. Esta guerra ha sido desatada por Putin y no puede ganarla.”

“No podemos rendirnos. Putin tiene que perder esta guerra para que Rusia sea un país normal: no solo por eso, pero también por eso.”

Para que ocurra, Putin debe ser eliminado. “No necesariamente lo sustituiría alguien más intransigente. Probablemente quien venga después diga que hay que dejar la guerra”. 

El discurso de Putin “es una muestra de debilidad y no de fuerza”, según Michnik. Pero no cree que sea un momento revolucionario en Rusia. “Las revoluciones no suelen producirse cuando la situación es más dura, sino cuando el régimen trata de hacer reformas. Pero sí hay una larga tradición rusa de golpes de palacio.”

“Aunque parezca lejana, y aunque no tengamos control sobre esos acontecimientos, no podemos descartar la posibilidad de un futuro democrático en Rusia.”

Michnik, que se ha fumado un cigarrillo en la charla,, ha hecho referencia a “la lógica de Múnich”, con el abandono de las potencias occidentales a Checoslovaquia. “Desde la Segunda Guerra Mundial no hemos visto una solidaridad tan inquebrantable con otro país en Europa”.

Para que se mantenga, “hay que explicar por qué esta guerra es importante”. En Polonia se ve como un peligro inminente. En Portugal o Cataluña puede parecer más lejano, pero no podemos permitir que venza un modelo autoritario, imperial, xenófobo, que sería como un cáncer que se extendería por las células del organismo de los otros países: así es como funcionaron el fascismo y el bolchevismo.”

“Hemos visto morir muchas democracias en Europa y no podemos permitir que vuelva a ocurrir. Debemos dejar la democracia como herencia a nuestros hijos.”

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