Ciudadanos y la política de la atención

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, intentó dar un golpe de timón que ha fracasado. El partido queda desunido, con menos poder y humillado por la estrategia fallida.
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En política, es mejor estar en el debate público sin ideas que fuera de él con ellas. Un ejemplo de esto es Ángel Gabilondo, líder de la oposición del PSOE en la Comunidad de Madrid. Tiene siete diputados más que el PP de Ayuso, es el líder de la oposición y será el candidato en las próximas elecciones, pero en la política madrileña nadie se acuerda de él. ¿Qué piensa, qué ideas tiene? Da igual. Lo realmente importante es que no aparece.

Ciudadanos llevaba meses desaparecido. Era difícil definir al partido ideológicamente, pero sobre todo no encajaba en la nueva dinámica de bloques y polarización. Gobernaba con el PP en Castilla y León, Andalucía, Murcia, la comunidad y el ayuntamiento de Madrid (en estos últimos cuatro casos, con el apoyo de Vox) y, al mismo tiempo, se estaba separando de su perfil derechista: hoy la opción alternativa, atractiva, rupturista en la derecha la representa Vox. El intento de Rivera de superar al PP en 2018 ya no tiene sentido.

Ante la indefinición y la sangría de votos (en Cataluña Ciutadans ha perdido completamente la relevancia), Arrimadas sentía que hacía falta un golpe de timón. Por eso ha intentado una moción de censura en Murcia. Había intereses regionales detrás (una pugna entre la coordinadora general, pro-Arrimadas, y los cargos de Cs en el gobierno regional) pero la maniobra se planeó también a nivel nacional, entre Moncloa y Ciudadanos: Ciudadanos gobernaría la Región y el PSOE el Ayuntamiento de Murcia.

Echar al PP de la Región de Murcia tiene sentido. El partido lleva gobernando más de un cuarto de siglo. Su expresidente está imputado por un importante caso de corrupción. El caso de la vacunación antes de tiempo del consejero de sanidad y de casi 500 cargos públicos de Murcia provocó la dimisión del consejero y una crisis en la región.

Pero la alternativa de Arrimadas no estaba exenta de problemas. El líder del PSRM está imputado. La actual coordinadora general de Ciudadanos, que formó parte del PP hasta 2015 (lo que mancha un poco su perfil reformista contra la corrupción del PP) y fue colocada por Arrimadas en septiembre de 2020, está enfrentada a Isabel Franco, también de Cs y actual vicepresidenta autonómica. (Hay abierta todavía una causa judicial contra Franco por un supuesto pucherazo en las primarias de Cs en 2019, en las que resultó elegida como candidata para las elecciones).

Era un autogolpe complicado y delicado. Y tuvo efectos inesperados a nivel nacional. Ayuso despidió a sus consejeros de Ciudadanos, por miedo, dice ella, a que se repitiera lo mismo en Madrid. La presidenta de Madrid llevaba meses pensando anticipar elecciones y Arrimadas le dio una excusa perfecta. La estrategia de Murcia también provocó una moción del PSOE en Castilla y León, que Ciudadanos, que gobierna con el PP, dice que no aprobará.

Es posible que la moción en Murcia no salga adelante (el PP dice que varios diputados de Cs han pactado no apoyarla; los consejeros de Cs siguen en sus cargos). La estrategia de Arrimadas apunta a fracaso. De momento, ha dividido el partido entre quienes apoyaban su estrategia y quienes no lo hacían porque tenían cargos institucionales y querían conservarlos. Ha desunido al partido más aún, y abierto disputas que recuerdan a las que hubo hace años entre UPyD y Ciudadanos. Ha perdido cargos institucionales importantes en Madrid (incluida una vicepresidencia) y abierto la puerta a sufrir más pérdidas. Y ha sufrido una humillación por la estrategia fallida.