@fotografoencampana, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

El discreto encanto de Gabriel Boric

El recién electo presidente de Chile ha entusiasmado a las diversas izquierdas. Deberá escoger entre profundizar los logros de la centroizquierda o reflotar las fracasadas aspiraciones del Partido Comunista.
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Llama la atención el entusiasmo que despierta Gabriel Boric, recién electo presidente de Chile, entre las diversas izquierdas, desde las más moderadas hasta las abiertamente tiránicas. El entusiasmo de los moderados tal vez resida en que Boric contrasta con la tozudez conservadora del presidente peruano Pedro Castillo, los arrestos machistas de Rafael Correa y el populismo al estilo del siglo XX del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. Se trata, asimismo, de una cara nueva, a diferencia de Luiz Inácio Lula Da Silva, y recibe un país económicamente exitoso, muy distinto a la Argentina peronista. Tiene un pasado de revuelta y extremismo pero también lo tenía José Mujica cuando asumió por la vía democrática la presidencia de Uruguay; a pesar de su apoyo a los autoritarios de izquierda al estilo de Hugo Chávez, Mujica durante su gobierno respetó la democracia uruguaya y sus logros económicos.

La juventud del chileno, lector de poesía y con la apariencia física de un contestatario del siglo pasado, lo favorece en un tiempo en el que la falta de arrugas se confunde con renovación, por no hablar de su interés en asuntos tan actuales como el cambio climático, la equidad de género, las reivindicaciones indígenas y la inversión en ciencia. Su discurso público ha sido conciliador, producto de la dura lección de ser superado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales por José Antonio Kast, un político derechista que reivindica el legado de Augusto Pinochet. Su gabinete demuestra amplitud política y en materia económica se revela sensato, tan sensato que molesta a la ultraizquierda que lo acompañó en su ruta hacia el poder.

El apoyo del Partido Socialista de Chile y de los demócratas cristianos obliga a los consensos, pero solo el tiempo dirá si el liderazgo de Boric es lo suficientemente fuerte para sortear la pulsión autoritaria de su trayectoria antisistema, razón fundamental de las expectativas que ha creado su triunfo entre los autoritarios. Fue aplaudido públicamente por Nicolás Maduro, cabeza de una de las dictaduras de izquierda de la región como son Cuba, Nicaragua y Venezuela. La futura vocera del gobierno de Boric, la comunista Camila Vallejo, ha defendido las dictaduras actuales del continente, en concordancia con la política de su partido; cambió de opinión respecto al caso venezolano a raíz de los informes de la Alta Comisionada de la ONU, Michelle Bachelet. La organización de Boric, Apruebo Dignidad, se inspiró abiertamente en el partido ultraizquierdista español Podemos y se alió con el Partido Comunista de Chile, que, como todo partido comunista que se respete, tiende a la ceguera y el dogmatismo.

La Asamblea Constituyente, impulsada por Boric como salida a las protestas del año 2019, se instaló bajo el signo de una inquietud: ¿se redactará una Carta Magna capaz de representar la diversidad ideológica, social, cultural y política de los chilenos o el sectarismo puede hacer estragos? No hay que olvidar que Boric hizo su carrera en base a cuestionar y a rebajar los incontestables logros políticos y sociales de la Concertación, plataforma de partidos entre los que destacaba el Partido Socialista, de izquierda moderada.

El presidente electo tiene que lidiar con los sectores más extremistas que lo acompañan, como tuvo que lidiar, sin éxito, Salvador Allende. Allende no fue un violador de derechos humanos como Fidel Castro, Daniel Ortega o Nicolás Maduro, pero su gobierno buscó el apoyo de la Unión Soviética y toleró la intervención descarada del dictador cubano, amén de tomar decisiones económicas equivocadas por motivos ideológicos. Ante la presión estadounidense buscó instalarse en la dinámica de la guerra fría, pero los soviéticos ya habían escarmentado con Cuba y no tenían interés en sostener a Chile.

Boric no enfrentará a Estados Unidos sino a las presiones internas en el marco de un mundo en el que las palabras fascista y comunista han resucitado, tal como ocurrió durante la campaña electoral chilena. Los extremos políticos de derecha e izquierda amenazan la democracia liberal y Chile no ha sido inmune a ello. Las apetencias jacobinas de los sectores extremistas, al frente de los peores excesos de las protestas de 2019, pondrán a prueba a los ex líderes estudiantiles hoy en la primera fila del gobierno chileno, quienes deben demostrar su talento para la negociación con todas las fuerzas vivas de Chile, no solamente en este momento sino de cara al futuro.

Por último, y a pesar del aire de novedad millenial de Gabriel Boric, su propuesta de gobierno está lastrada por el típico estatismo, aliñado con reivindicaciones de la izquierda identitaria de esta época, afincada en la raza y el género. La transferencia de los fondos de pensiones al Estado y la promesa de la educación superior masiva y sin costo renuevan los objetivos del Estado de bienestar, pero no garantiza su cumplimiento. ¿Será posible, por ejemplo, que Chile llegue al cuatro por ciento de inversión del PIB en ciencia, una de las claves del crecimiento de economías como la china o la israelí? Esperemos que ante retos de esta magnitud, no se caiga en el socorrido expediente de polarizar a la sociedad chilena en torno al género y los derechos de la población LGBTQ, el peor camino para que estas reivindicaciones calen hondo en la sociedad, o en torno a cualquier otro asunto. Irina Kamaranos, pareja del presidente electo, declaró recientemente que se establecerán alianzas feministas desde el palacio de La Moneda, sede del ejecutivo, con Izquierda Unida y Podemos, cuya línea ha sido sumamente polémica dentro del movimiento de mujeres español. Toda generación tiene derecho a bregar por sus ideas, pero los estupendos avances del feminismo se deben mucho más a su capacidad de negociar desde la razón que a las posiciones divisionistas y separatistas.

La suerte está echada para que Boric escoja profundizar los logros de la centroizquierda en la Concertación o reflotar las fracasadas aspiraciones jacobinas y liberticidas del Partido Comunista. La izquierda más exitosa ha sido, sin duda, la socialdemócrata, pero esta se ha quedado corta ante los retos del siglo XXI y toca renovarla profundamente. Parafraseando al pensador de izquierda más interesante de esta época, Roberto Mangabeira Unger, se requiere imaginación y esperanza para despertar a los individuos y no simplemente seducirlos con el señuelo fácil del sectarismo y la superioridad moral. Chile ha tenido fortalezas económicas e institucionales que envidiaría cualquier país de la región; su debilitamiento reciente no tiene por qué ser irreversible y podría, eventualmente, convertirse en una oportunidad.

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