Foto: Crater_sp, CC BY-SA 2.0 , via Wikimedia Commons

El mito de la austeridad

En días recientes, el primer mandatario usó el “arma moral” de su bajo salario para buscar minar la credibilidad de un periodista. El ataque expuso que la premisa de la austeridad presidencial es falsa.
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La conferencia matutina del 11 de febrero de 2022 tuvo varias manifestaciones de los hechos alternativos preferidos de Andrés Manuel López Obrador. Aprovechando una exposición ilícita de los supuestos ingresos de Carlos Loret de Mola, el presidente reiteró que su sueldo es de apenas 167 mil pesos mensuales, lo que implicaría que varios funcionarios ganan más que él, en contravención de la regla constitucional que establece que el salario máximo debe ser el del jefe del Ejecutivo.

Con el “arma moral” de su bajo salario y la austeridad republicana, el mandatario ha buscado minar la legitimidad de los consejeros del INE y exigir reducciones presupuestales por ese supuesto dispendio y lujo indebido en la función pública. Utilizó ese mismo argumento para cuestionar la credibilidad de Carlos Loret, bajo el peregrino planteamiento de que no es posible que un periodista gane mucho más que él.

El punto es que la premisa presidencial es falsa por tres razones: 1) el presidente no gana 167 mil pesos; 2) no hay razones para que un particular gane menos que el presidente; y 3) la regla constitucional del salario máximo presidencial es un capricho demagógico, que debería interpretarse a la luz de la razonabilidad de los derechos humanos.

En México, el salario no se compone únicamente del dinero entregado por concepto de sueldo, también se integra por todas las prestaciones en especie que recibe el trabajador. Como la remuneración incluye las percepciones en efectivo y todas las prestaciones otorgadas, el sueldo real del presidente no se compone exclusivamente de sus 167 mil pesos mensuales, sino de la manutención que recibe como jefe de Estado, que incluye su alojamiento en Palacio Nacional, vestido, atenciones, cuidados, atención médica, alimentación y transporte personal, para señalar los más relevantes.

Mediante una solicitud de transparencia, se pidió a Hacienda y a la Presidencia de la República que informaran sobre esos montos, pero no ha habido respuesta. La primera se declaró notoriamente incompetente (su sinceridad se agradece) y la segunda sigue en el trámite del asunto. Aún así, hay indicios que permiten definir algunas cantidades en este tema.

Hace un par de años, mediante la solicitud de transparencia con folio 0210000034520, la Presidencia de la República reconoció que al erario le cuesta seis millones de pesos mensuales que López Obrador viva en Palacio Nacional, al menos por concepto de gastos de luz, agua y salarios de los trabajadores de confianza al servicio del primer mandatario. Esta cantidad no incluye el valor de habitar un departamento en ese edificio, con tres recámaras, sala, comedor, estudio, cocina y baño, en 300 metros cuadrados. Se trata de un alojamiento cuyo precio en el mercado sería altísimo, considerando las características del inmueble en que está ubicado. El monto de seis millones mensuales tampoco comprende los gastos de manutención de su familia cohabitante, consistente en su esposa e hijo menor de edad.

Si bien esos seis millones de pesos incluyen los sueldos de 147 trabajadores, la opacidad presidencial impide delimitar cuánto de este personal y recursos no sería necesario si el presidente viviera en una casa pagada de su propia bolsa, así como sufragara su ropa, alimentos, servicios domésticos y tratamientos. Tampoco hay datos precisos del costo de los transportes y seguridad que lo acompañan en sus giras. Considerar esto no implica que deba desaprobarse que el titular del Ejecutivo cuente con estas prestaciones: por el contrario, resultan naturales al ejercicio de su función, no es deseable que carezca de estas, pero no pueden ser ignoradas al valorar lo que recibe como empleado público.

Por tanto, a la luz de lo que ya sabemos, la vida del presidente López Obrador en Palacio Nacional cuesta, al menos, seis millones de pesos mensuales, lo que implica 72 millones de pesos anuales, no los dos millones que él sostuvo que cuesta su salario. Incluso con los datos expuestos este viernes 11 de febrero (y que Carlos Loret rechazó como falsos), Andrés Manuel López Obrador ganaría el doble que el ciudadano privado Carlos Loret y mucho, muchísimo más que el presidente del INE Lorenzo Córdova, los comisionados del INAI o los demás funcionarios a los que fustiga con el látigo de su ficticia austeridad republicana que, además, es contraria a los principios de progresividad de los derechos humanos y de no reducción de los salarios .

Bajos estos parámetros, ¿con qué cara exige el presidente López Obrador que el INE recorte lujos y gastos suntuarios o sus correligionarios que los consejeros electorales se bajen los sueldos? La austeridad republicana es una ficción que viaja en camioneta de lujo, con ayudantes, personal de seguridad, vuelos en aviones comerciales y residencia en un palacio virreinal.

El modo de vida del mandatario es equivalente al de otros jefes del Ejecutivo en el mundo: vive en una suntuosa residencia, es vestido, alimentado y transportado, junto con su familia, a donde desee. Está más cerca del estilo de los reyes que del relato de la honrosa medianía a la que ni el mismo Benito Juárez se apegó.

Con el abuso de poder ejercido por López Obrador contra un particular, no solo se exhibe la prueba suprema de su falta de virtud, como hubiera dicho Thomas Macaulay, sino que su desmesura tuvo el mismo castigo que daban los dioses a aquellos que cometían esa falta: al exceder sus límites, el presidente encontró su némesis en un periodista al que hizo públicamente víctima y héroe, y a la par expuso la falta de verdad de su cuento. Su hibris lo despojó del halo franciscano y lo confrontó con los otros datos, esos que dicen que se parece más a un príncipe que al mendigo que finge ser. ¿Alguien planteará en la Corte que las pretensiones de López Obrador de reducir sueldos y presupuestos, tanto en la administración pública como en los órganos autónomos, son irracionales e improcedentes, dado su salario multimillonario, porque él gana más que nadie en el gobierno?

Quizá la exhibición de su verdadera piel sea el mayor castigo para aquel que despreció la privacidad y derechos ajenos, por su impulso descontrolado de pasar por encima de los demás.

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