Foto: Juan Carlos Hernández/ZUMA Press Wire

Venezuela rumbo a 2024: entre la confrontación y la cohabitación

La oposición venezolana ha convocado a elecciones primarias para elegir al candidato que se enfrentará a Maduro en los comicios que deben ocurrir en 2024. ¿Le permitirán legitimarse y despertar la expectativa de cambio?
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Cuando Hugo Chávez escogió a Nicolás Maduro como su sucesor, nadie en Venezuela imaginó que permanecería una década en el poder. Hoy, 10 años después, Nicolás Maduro es el verdadero legado del chavismo.

Bajo Maduro, Venezuela es una dictadura que viola sistemáticamente los derechos humanos, destruyó el 80% del PIB y cuya cadena de mando está siendo investigada por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional.

Aun así, no hay nada más elocuente acerca del fracaso del modelo chavista que la diáspora venezolana. Maduro convirtió a Venezuela –país históricamente receptor de migrantes europeos y árabes que huían de la guerra y de perseguidos políticos de las dictaduras de Sudamérica– en la peor crisis de migrantes y refugiados del mundo.

Según la última actualización de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, hay 6,805,209 de migrantes y refugiados venezolanos en el planeta. Esta cifra supera a la crisis de refugiados en Siria, un país sumido en una guerra civil, y empata a la crisis de refugiados de Ucrania, una nación invadida por Rusia.

Los venezolanos comprobamos que el chavismo puede ser más letal que una guerra.

¿Qué hacer para enfrentar este panorama? Una fecha surge como una oportunidad política: 2024, año en el que, de acuerdo con la constitución venezolana, el chavismo debería convocar elecciones presidenciales.

Ante este escenario, la oposición venezolana, por medio de la Plataforma Unitaria, convocó unas elecciones primarias para elegir al candidato que se enfrentará a Maduro en 2024.

¿Estas primarias permitirán a la oposición legitimarse y despertar la expectativa de cambio? ¿Pueden ser una herramienta para superar la actual crisis de representación y reconectar con la ciudadanía? Lo abordaremos en las siguientes líneas.

Primarias 2023: entre la legitimidad y la expectativa de cambio

Las primarias son la mejor oportunidad que tiene la oposición venezolana para mejorar su coordinación estratégica, fortalecer a la Plataforma Unitaria y despertar la expectativa de cambio en la ciudadanía.

Aún no hay fecha ni reglas. Pero desde que se anunciaron las primarias, decenas de venezolanos mostraron su intención de ser candidatos. Unos con real voluntad de poder, algunos para mejorar su posicionamiento y otros con la intención de restar votos a la oposición y entorpecer la transición.

Más allá de nombres, las primarias en Venezuela estarán signadas por dos estrategias que condensan las visiones del liderazgo sobre nuestro conflicto político: confrontación o cohabitación.

En torno a estas ya se han ido configurando algunas coaliciones.

En primer lugar, está la Coalicion de los Gobernadores. Manuel Rosales, gobernador del Zulia y excandidato presidencial, es su candidato. Al obtener la gobernación del Zulia, Rosales fue el gran ganador del amañado proceso electoral de noviembre de 2021, cuyas irregularidades fueron documentadas en el informe de la Misión Electoral de la UE.

A la Coalición de los Gobernadores se sumarán los partidos Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo (Rosales) y otro de los ganadores del pasado 21N: Fuerza Vecinal, partido que nació de una división de Primero Justicia y sobre el cual recaen dudas sobre su financiamiento y compromiso con la democracia.

El mensaje de la coalición de gobernadores es simple: gestión. Para ellos, el problema de Venezuela no es la crisis de migrantes y refugiados, la violacion de derechos humanos o la emergencia humanitaria, sino la ineficiencia del chavismo en materia de servicios públicos.

Bajo la idea-fuerza de “resolver los problemas de la gente”, venderán que pueden mejorar la gestión del chavismo. De esta manera, la coalición de los gobernadores optará por la cohabitación. Aspiran a que esta ausencia de confrontación aumente sus posibilidades de ganar las primarias y “cobrar” una victoria en las presidenciales de 2024.

En segundo lugar, otra de las coaliciones que ha surgido es la de Salvemos Venezuela. El candidato de esta alianza es el presidente encargado, Juan Guaidó.

Salvemos Venezuela representa lo opuesto a la Coalición de los Gobernadores. Si la línea estratégica de los gobernadores es la cohabitación, la vía escogida por Salvemos Venezuela es la confrontación.

Para Salvemos Venezuela, el problema del país tiene su origen en el régimen que gobierna desde Miraflores. Denunciarán la violación de los derechos humanos, los presos políticos, la crisis migratoria y la emergencia humanitaria generada por el chavismo.

Esta alianza sostiene que el problema de Venezuela no es gerencial, sino político. Para resolverlo, se deben atacar sus causas, no solo sus consecuencias. La principal causa de la crisis venezolana es la permanencia del régimen de Nicolás Maduro en el poder.

Otro de los elementos que distinguen a esta coalición es el factor internacional. La coalición de los gobernadores es intelectualmente parroquialista. Afirman que “los problemas de los venezolanos los resuelven los venezolanos”. La coalición Salvemos Venezuela plantea que, en un mundo globalizado donde Nicolás Maduro acude a sus aliados en Rusia, China e Irán para burlar las sanciones de Estados Unidos, el elemento internacional juega un papel clave en la solución de nuestro conflicto.

En tercer lugar está la coalición de Primero Justicia, partido que es una versión moderna del histórico partido socialcristiano Copei.

PJ todavía no tiene candidato. A lo interno, se debaten dos corrientes: la del excandidato presidencial, Henrique Capriles, y la del primer vicepresidente de la AN, Juan Pablo Guanipa.

Guanipa cuenta con el apoyo de las bases del partido y pide elecciones internas; Capriles argumenta que al haber sido dos veces candidato presidencial (2012 y 2013) no tiene necesidad de medirse, pues es el candidato natural de la organización.

Guanipa se inclina hacia la confrontación y denuncia del régimen de Maduro; Capriles optaría por la moderación y la cohabitación. Para Guanipa, el problema es el sistema político. Para Capriles, es la ineficiencia del chavismo. Para Guanipa, se trata de recuperar la democracia. Para Capriles, de mejorar la gestión.

La definición del candidato de PJ podría inclinar definitivamente la balanza de las primarias en Venezuela.

Sobre la conformación de las coaliciones, aún resta por responder algunas preguntas: ¿Que hará Maria Corina Machado, la líder liberal más prominente del país? ¿Quién representará a los independientes? ¿Surgirá un outsider, como el comediante Benjamín Rausseo o el expresidente del CNE, Andrés Caleca?

Un hito político, no una fiesta electoral

El éxito de las primarias en Venezuela, y de la elección presidencial en 2024 dependerá de la capacidad de la oposición de interpretar el momento histórico y despertar la expectativa de cambio de los venezolanos.

Si la dirigencia las asume como una fiesta electoral en democracia, el fracaso está asegurado y condenarán a una generación a seis años más del chavismo.

Por el contrario, si plantean las primarias como una oportunidad para recorrer el país luego de una pandemia que nos inmovilizó por dos años, retomar la iniciativa política y legitimar no solo a un liderazgo sino a la Plataforma Unitaria como mecanismo de coordinación estratégica, habrá una oportunidad para el cambio.

El resultado más importante de las primarias no es el candidato, es el mandato y la legitimidad. El escenario más probable es que el chavismo inhabilite al ganador de esta contienda. De esta forma, evitarían que el ganador de las primarias, legitimado a nivel nacional y con la expectativa de cambio a su favor, los derrote en 2024.

Varios de los principales aspirantes a la primaria, como Juan Guaidó, Henrique Capriles o Juan Pablo Guanipa, ya están ilegalmente inhabilitados. ¿Por qué es ilegal? La sentencia de la CIDH sobre el caso de Leopoldo López es clara al respecto: no se puede privar a un ciudadano del derecho político a postularse a un cargo, y a los ciudadanos del derecho a elegirlo, sino hay una sentencia legal firme.

¿Puede el ganador de las primarias vencer al chavismo en 2024 y cobrar la victoria? Muy poco probable. De momento, no hay una coalición nacional o internacional que obligue al chavismo a aceptar su derrota. Por tanto, el traspaso del mandato de un candidato a un sucesor, respaldado por una Plataforma Unitaria legitimada, es lo que lo ayudará a sortear el camino de obstáculos hasta 2024.

Veamos un ejemplo reciente. El pasado 21 de noviembre de 2021, la dirigencia opositora planteó la elección regional como una fiesta electoral. Resultado: perdió abrumadoramente.

En enero de este año, el robo del triunfo opositor en Barinas, lugar de nacimiento de Hugo Chávez y de gran significación simbólica para el chavismo, volvió a movilizar a la ciudadanía y a despertar la expectativa de cambio. La oposición se unió, cambió el discurso, se olvidó de la fiesta electoral y, días después, venció al chavismo con la candidatura de Sergio Garrido.

2024: una oportunidad para el cambio

No voy a mentirles. No soy optimista con la ruta electoral. Creo que las probabilidades de cambio político en 2024 son cercanas a cero.

Con una comunidad internacional lidiando con el mundo postpandemia, atendiendo la invasión rusa a Ucrania e indispuesta a presionar al chavismo, Maduro tiene dos opciones: entregar el poder sin presión por la vía electoral o aniquilar a la oposición al estilo Nicaragua y, en última instancia, robarse las elecciones de 2024 y mantenerse en el poder.

Sin un movimiento de presión nacional e internacional que le aumente el costo de permanecer en el poder, la coalición chavista escogerá siempre el poder.

El problema de la democratización de Venezuela es la asimetría de poder entre las partes. Esta marcada asimetría ha logrado que el chavismo no tenga incentivos para negociar con la oposición en México y prefiere negociar directamente con E.U. el levantamiento de sanciones.

Con sus limitaciones, las primarias son la mejor oportunidad que tiene la oposición para reducir esta asimetría, despertar la expectativa de cambio y convertir la elección de 2024 en un hito político que desemboque en el inicio de una transición a la democracia en Venezuela.

El futuro de Venezuela depende de la habilidad de mi generación para propiciar una transición a la democracia en donde todos se sientan incluidos y nadie se sienta derrotado. Las primarias pueden ser un primer paso en ese largo y delicado proceso hasta recuperar la democracia y la libertad.


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