La decadencia de la teoría

En este universo de carnaval, la tarea de los individuos es el branding y rebranding de sí mismos, como si fueran diseñadores trabajando con el nombre de un producto.
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Imaginar y reimaginar son cualquier cosa menos lo mismo, y los “reimaginadores” de la academia contemporánea tienen mucho en común con los autodesignados “imaginadores” del imperio Disney (una marca registrada, por cierto), que se jacta de poder diseñar un mundo más deseable moralmente del mismo modo que los “imaginadores” de Disney reciben de sus empleadores la tarea de dar vida, como dice la web de la corporación, “a mundos asombrosos y nuevos”. La versión más refinada se encuentra en la reivindicación, que ahora se ha convertido casi un lugar común en la profesión y que se dice de manera literal y no metafórica, que “el diseño puede cambiar el mundo”. En este universo de carnaval, la tarea de los individuos es el branding y rebranding de sí mismos, como si fueran diseñadores trabajando con el nombre de un producto. Esto se ve especialmente en la multiplicación aparentemente infinita de las identidades sexuales, que, de manera central, es un producto de self-branding.

Cuando la tarea de la teoría era, en palabras de Adorno, reflejar la realidad, tenía valor moral y explicativo. Pero ahora que la tarea autoasignada de la teoría es transformar la realidad, se ha convertido con respecto a la liberación social y personal en lo que según August Bebel era el antisemitismo con respecto al socialismo: la emancipación de los idiotas.

Publicado originalmente en el Substack del autor.


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