Los agravios de Trump no justifican el resurgimiento del sentimiento antiyanqui

Los agravios de Trump no justifican el resurgimiento de un sentimiento anti yanqui

México no debe caer en la tentación de volver al antiamericanismo visceral sino pensar en cómo resolver los asuntos que han permitido a Trump los abusos actuales.
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De la larga lista de países y personas que han sido agraviadas por Donald Trump, México y los mexicanos hemos sido los más apaleados, vilipendiados y ofendidos. Con inusitada malicia, Trump nos convirtió en sus chivos expiatorios para darle credibilidad a su proyecto de victimización nacional caracterizándonos como una plaga que se devora a un país inocente y noble.

Desde el punto de vista político, la táctica de Trump no es inusual. Para poner un ejemplo extremo de su abuso bastaría recordar que Adolfo Hitler representó a los judíos como seres indeseables para justificar el holocausto y exaltar la superioridad de la mal llamada “raza aria”.

Con Trump, lo dolorosamente sorprendente para nosotros los mexicanos es constatar que cada vez que nos insulta, sus seguidores le aclaman mostrando así una profunda antipatía por nosotros. Y hoy continúa humillándonos insistiendo en su obsesión de separar a los dos países construyendo un muro más grande y más alto que la muralla china; deportando indiscriminadamente a compatriotas que no han cometido delitos y con su trabajo han contribuido al bienestar de Estados Unidos junto a delincuentes que sí han cometido serios crímenes; anunciando que impondrá nuevas barreras al comercio bilateral y posiblemente impuestos a las remesas. Desde cualquier punto de vista, Trump ha sido una pesadilla constante para los mexicanos en México y para los que vivimos en Estados Unidos.                                                            

En respuesta a sus agravios no han faltado mexicanos que  han propuesto revisar las relaciones internacionales de México para obligar a las autoridades a mirar más hacia el sur, oriente y occidente, y menos hacia el norte. Simultáneamente, el sentimiento anti yanqui en México ha resurgido con fuerza como muestra una encuesta de Roy Campos publicada en El Economista.

Según esta, no solo el 81.2% de los mexicanos tiene una mala opinión de Trump sino que la imagen de Estados Unidos en México ha sufrido un enrome deterioro. En la muestra que compara la imagen de siete países se señala que entre enero y febrero de 2017, la imagen de EUA pasó de un 44.3% que tenía una opinión positiva a un 40.6% que tiene una opinión negativa.

No es de extrañar que en esa misma encuesta Canadá, Alemania y España sean vistos con simpatía por los mexicanos, lo sorprendente es que la Venezuela actual, hundida en el caos económico y político, tenga mejor imagen que EUA en México.               

Afortunadamente para los mexicanos, una encuesta de Gallup muestra que el 64% de los estadounidenses tiene una opinión muy favorable o favorable de México. Un porcentaje bastante alto que en gran medida refleja que el 83% de los encuestados se identificaron como Demócratas. Un acto que no solo muestra su simpatía por México sino su repudio a la satanización hecha por Trump. Desafortunadamente, solo el 46% de los Republicanos entrevistados tiene una percepción favorable del país. Un hecho que no debemos olvidar porque siempre es bueno saber quienes son nuestros amigos y quienes nuestros enemigos.

Otro dato que confirma la confianza que la mayoría de los americanos sienten por México es el turismo: a pesar de la inseguridad y el desprestigio del país propagado por Trump, los estadounidenses siguen llegando a México de visita o a vivir en él en grandes números: un poco menos de 30 millones de visitantes al año, de los cuales la inmensa mayoría son estadounidenses, y unos dos millones de americanos que se establecen como residentes permanentes.

Ahora bien, es innegable que el daño a la imagen de EUA que la elección de Trump ha causado en todo el mundo es formidable pero eso no debe confundirnos. Con todo y Trump, el país sigue atrayendo no solo a personas talentosas sino también a los desposeídos con espíritu emprendedor que creen que en este país encontrarán un futuro mejor al que les ofrecen sus países de origen. Una circunstancia que no implica, como muchos estadounidenses cegados por el nacionalismo proclaman, que Estados Unidos sea un país “excepcional”. En las listas de jerarquización de países, Estados Unidos nunca ocupa el lugar principal.

Sin embargo, Estados Unidos sigue siendo un país que ofrece muchas oportunidades y tiene una enorme capacidad histórica para absorber y asimilar inmigrantes.

Sacudido por el torbellino actual, México no debe caer en la tentación de volver al antiamericanismo visceral sino pensar en cómo resolver los asuntos que han permitido los actuales abusos. Por ejemplo, ¿Qué se puede hacer para detener la hemorragia de mexicanos trabajadores y emprendedores que emigran al norte? ¿Cómo reducir la dependencia económica del vecino del norte? ¿Cómo fortalecer las instituciones mexicanas? ¿Cómo hacer valer el estado de derecho en el territorio nacional?

El camino de México va a ser largo y accidentado y la vecindad con Estados Unidos es inevitable. En el pasado, Estados Unidos ha demostrado que sabe reponerse de las dificultades en las que lo meten los políticos demagogos gracias a la fortaleza de sus instituciones. Estoy seguro que esta vez se repetirá la historia y los cuatro años de Trump quedarán como una farsa alucinante. Falta ver si los mexicanos tenemos el carácter necesario para enmendar nuestras fallas.

 

 


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