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¿Qué hacer ante el discurso de odio de Morena?

La campaña que Morena ha emprendido contra los diputados de oposición que frenaron la reforma eléctrica es una amenaza al pluralismo democrático. Hay formas de resistir este ataque.
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Al ver la campaña de odio que ha desatado el lopezobradorismo contra los diputados que frenaron la reforma eléctrica, uno podría concluir que hemos tocado fondo en nuestra acelerada caída de la democracia hacia la demagogia. Pero, como bien lo recuerda la periodista y escritora Ece Temelkuran, “a diferencia del espacio físico, en el universo político no existe una superficie resistente que uno pueda llamar fondo”, es decir, en política siempre se puede caer más bajo.

Y más bajo sigue cayendo la conversación pública en México. Abusando del poder de las instituciones del Estado, el presidente, los legisladores y los dirigentes de su partido están usando el lenguaje como arma para atacar a quienes piensan distinto, y lo hacen con cada vez más agresividad y estridencia. Se trata de una amenaza directa al pluralismo democrático, ya que busca:

Primero, reforzar el culto a la personalidad de un líder demagógico que considera que sus ideas y propuestas encarnan a “La Patria”.

Segundo, pasar del resentimiento pasivo al odio activo, al incitar a los seguidores del presidente a agredir a los opositores y destruir su reputación, en una suerte de linchamiento virtual.

Tercero, generar un entorno de crispación y polarización, buscando –con éxito– que la oposición y la ciudadanía se enganchen en este debate en los términos dictados por el populismo.

Y cuarto, desmovilizar a los ciudadanos menos politizados y a grupos de la sociedad adversos al riesgo, al activar el miedo a opinar y el asco por la política entre quienes podrían apoyar opciones distintas al populismo.

Hay seis acciones a realizar para resistir este ataque contra el pluralismo democrático:

1. Cuidemos nuestro lenguaje y dejemos de usar las mismas palabras que utilizan quienes esparcen el discurso de odio. Quien habla como el presidente, así sea para contradecirlo, ayuda al presidente. Quien repite las palabras de Citlali Hernández, así sea para contraatacarla o debatirle, ayuda a Citlali Hernández. Quien repite lo dicho por Mario Delgado, así sea para refutarlo, contribuye con Mario Delgado. No, no es buena decisión de comunicación “apropiarse” del insulto para burlarse de él: es un error. Usemos nuestras propias palabras, no las del populismo, para explicar la realidad.

2. Dejar de reproducir y amplificar los mensajes de odio en redes sociales. Sí, es indignante. Sí, es grotesco. Sí, da coraje. Pero compartir los videos de los voceros del populismo atacando a los legisladores opositores –y de estos contestándoles airados– solo ayuda a los voceros del populismo. Resistamos el reflejo emocional del tuit, el retuit y el “share”. Mantengamos la higiene en nuestras redes sociales.

3. Denunciar al discurso de odio como lo que es. No, no es libertad de expresión. No, no es una opinión. Es un discurso que llama a denigrar y atacar a un grupo de la sociedad por sus ideas y posturas políticas, deslegitimando su papel en la vida pública y negando sus derechos políticos de asociación, expresión y disenso. Si se tolera a los intolerantes, la democracia sufrirá las consecuencias.

4. Exigir a los medios de comunicación y a los liderazgos de opinión que no repitan mecánicamente el discurso de odio. Si le pedimos a Citlali Hernández, Mario Delgado o Sergio Gutiérrez que dejen de esparcir el mensaje de odio de AMLO, no lograremos absolutamente nada. Hay que hablarle a quien sí podría escuchar: los medios de comunicación y los liderazgos de opinión críticos del gobierno. No más repetición acrítica del discurso de odio. Basta de ser caja de resonancia de la polarización.

5. Hablar bien del voto opositor en el legislativo. Derrotar el discurso de odio no significa avasallar, humillar o denigrar de manera más estridente al populismo y a sus voceros. Derrotar el discurso de odio significa cambiar la conversación, hablar otro lenguaje y, sobre todo, apelar a emociones positivas como esperanza y orgullo. Los legisladores y líderes opositores deberían cerrar ya la página de la “derrota” de la reforma eléctrica, dejar de reaccionar de manera poco pensada a los ataques de Morena y pasar a lo que sigue: la defensa del INE y la construcción de una alternativa viable para 2024.

6. Mover la conversación de las personas a las ideas. El discurso democrático busca encontrar un diagnóstico sobre los problemas y comparar y debatir posibles soluciones. El discurso demagógico centra la discusión en la identidad de las personas y reduce la realidad a la lucha imaginaria entre un grupo interno (“nosotros”) que es “bueno” y se enfrenta a un amenazante grupo externo (“ellos”) que son malvados. México ya lleva muchos años perdidos en esta forma tóxica e improductiva de debate público y por eso nuestros problemas se van acumulando sin que podamos ponernos de acuerdo en las soluciones. Una sociedad demagógica llevará demagogos al poder. Así ganó AMLO en 2018 y, si seguimos así, alguien todavía peor podría llegar después. Por eso, más que “derrotar” al populismo, el verdadero reto es desterrar a la demagogia de nuestra conversación pública. Hablemos de México, de sus problemas y de sus soluciones.

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