Razón, emoción y personalidad en los discursos de la Convención Demócrata

En 2016 las mejores plumas y los mejores oradores están definitivamente del lado del Partido Demócrata. Aquí, tres grandes momentos de los discursos de la primera noche de la convención nacional de ese partido.  
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Los políticos republicanos han tenido sus grandes momentos retóricos. Ronald Reagan tuvo la pluma de la venerable Peggy Noonan para escribir con ella discursos que pasaron a la historia, como el del aniversario del “Día D” en Normandía. El mismo George W. Bush contó con redactores capaces de llevarlo a grandes alturas en el podio, como con el discurso de la misa por los caídos del 9-11 . Pero en 2016, las mejores plumas y los mejores oradores políticos están definitivamente del lado del Partido Demócrata. Comparto con ustedes tres grandes momentos de los discursos de la primera noche de la convención nacional de ese partido. 

1.- La revelación: el Senador Cory Booker. Este senador de Nueva Jersey hará titulares con su discurso lleno de fuerza, en el que hace un rápido recorrido por la historia de Estados Unidos. Señala que la genialidad de los fundadores de la democracia norteamericana no estuvo en ser perfectos, sino en aspirar a ser mejores cada día y en “asentar en esta tierra la idea de que todos hemos sido creados iguales.” Después construye un gran argumento a favor de la igualdad y de la idea del respeto a las diferencias, cuando señala que “El patriotismo es amar a tu país, pero no puedes amar a tu país sin amar a tus compatriotas, hombres y mujeres”. Su cierre usa con gran efectividad la metáfora y el epístrofe – la repetición de una frase al final de cada oración, en este caso “America, we will rise” o “Estados Unidos, nos vamos a levantar” (ver a partir del minuto 16)

2.- Bernie Sanders: el valor de la decencia en política. Se ha hablado mucho de cuánto tardó Bernie Sanders en abandonar la campaña interna por la candidatura demócrata y se especuló sobre cuándo y cómo manifestaría su lealtad y apoyo a Hillary Clinton. Se esperaba que sus seguidores más radicales no aceptarían esta realidad. Pero Sanders, sin dejar de ser fiel a sus convicciones sobre la desigualdad económica y la injusticia social, tuvo la grandeza de dar un discurso en el que reconoce a Obama y apoya a Hillary Clinton de la mejor manera que le es posible. (Por cierto, al verlo no pude sino preguntarme: ¿Cuántos problemas nos ahorraríamos en México si la clase política tuviera la civilidad democrática y decencia personal que tuvo Sanders?)

3.- Michelle Obama: el discurso de la reina.  En ocho años como Primera Dama, Michelle Obama ha pulido su estilo retórico hasta convertirse en una excelente oradora. En Filadelfia pronunció un discurso brillante, al que se le nota el contagio del estilo retórico del presidente Barack Obama.

 Un párrafo encierra todo el mensaje del discurso y vale la pena transcribirlo y explicarlo en inglés:

“The story that has brought me to this stage tonight. The story of generations of people who felt the lash of bondage, the shame of servitude, the sting of segregation, but who kept on striving and hoping and doing what needed to be done so that today, I wake up every morning in a house that was built by slaves. And I watch my daughters, two beautiful, intelligent, black young women, playing with their dogs on the White House lawn. And because of Hillary Clinton, my daughters and all our sons and daughters now take for granted that a woman can be president of the United States.”

“La historia que me trajo hasta este escenario esta noche. La historia de generaciones de personas que sintieron el latigazo de esclavitud, la vergüenza de la servidumbre, el dolor agudo de la segregación, pero que siguieron luchando, y esperando y haciendo lo que fuera necesario, para que al final, el día de hoy, yo despierte cada mañana en una casa que fue construida por esclavos. Y veo a mis hijas, dos mujeres jóvenes, bellas e inteligentes, jugando con sus perros en el césped de la Casa Blanca. Y es debido a Hillary Clinton que ellas y todos nuestros hijos e hijas ahora toman como algo natural que una mujer pueda llegar a ser presidente de los Estados Unidos.”    

Este párrafo tiene una cadencia totalmente Barack Obama, con el recurso de la aliteración (repetición de sonidos) utilizado de modo brillante para describir la esclavitud con dos triadas (conjuntos de tres palabras o ideas) enlazadas:

“the laSH of bondAGE, the SHame of Servitude, the Sting of Segregation, but who kept on StrivING and hopING and doING what needed to be done…”

Y después de ese viaje por la historia en dos líneas, Michelle nos aterriza en el presente y en su mente con un dato brutal. La Casa Blanca, sede y símbolo del poder de Estados Unidos en el mundo, fue construida por esclavos que eran negros, como ella y su familia[1].

…”so that today, I wake up every morning in a house that was built by slaves.”

Y de ahí, con una imagen mental, la vemos despertarse y asomarse a la ventana, y ver a sus hijas jugando afuera y… ¿qué piensa en ese momento de reflexión íntima sobre lo mucho que ha avanzado la democracia en ese país? Que si un hombre negro ya pudo ser presidente, que si los Obama ya rompieron un muro mental 100 mil veces más grande que el que propone Trump, Hillary Clinton solo tiene que avanzar por el camino que ellos, los Obama, ya le han abierto.

Y por eso, concluye Michelle Obama, por el hecho de que un país que ha sido esclavista, segregador y discriminador hasta la médula hoy tiene un presidente negro y mañana puede tener a una mujer como Comandante en Jefe, es que ella piensa que Estados Unidos no necesita “ser grandioso otra vez” como dice Trump.

“So look. So, don't let anyone ever tell you that this country isn't great—that somehow we need to make it great again—because this right now is the greatest country on earth”.

“Así que miren. No dejen que nadie les diga que este país no es grandioso. Que de alguna manera hay que “hacerlo grandioso de nuevo”. Porque este, hoy, es el país más grandioso del mundo.”

Toda una tesis de lo que representa la democracia en Estados Unidos sintetizada en un párrafo que, además, toca cuerdas emocionales muy profundas en la audiencia, porque Michelle lo dice desde el corazón, con voz entrecortada. Razón, emoción y personalidad del orador alineadas. Logos, pathos, ethos. Ese es el poder del discurso.

 

 


[1] Si hubiera rematado con un: “y estoy segura que muchas de sus casas, fueron construidos por inmigrantes, muchos de ellos sin papeles, muchos de ellos mexicanos”… le pongo un monumento.

 

 

 

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