Remedios instantáneos (y privados) que disimulan la irresponsabilidad del Estado

Cuando las empresas por fin pueden ser socialmente responsables, la responsabilidad social que tiene el Estado puede ser peligrosa y cómodamente relegada.
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Después de visitar las casas de algunos de sus estudiantes, la directora de una escuela primaria en St. Louis, una de las ciudades más pobres y sobre todo más peligrosas de Missouri (59 asesinatos por cada 100,000 habitantes, 73 muertos por disparos en lo que va del 2016), se dio cuenta de que un buen número de niños y niñas dejaban de asistir a clases porque no tenían ropa limpia. A los alumnos les avergonzaba presentarse con ropa sucia. Así que la directora contactó a una conocida compañía de lavadoras, que donó una lavadora y una secadora; y la escuela, entonces, invitó a todos los estudiantes y a sus padres a traer su ropa sucia para lavarla y secarla entre clases.

La donación se ha replicado en otras 16 escuelas y ha conseguido los mismos buenos resultados: el cruce de lo doméstico a lo escolar ha aumentado la asistencia a clases en más del 90%. Los límites entre la casa y la escuela, los compañeros, los padres y los maestros, motivan a los niños a asistir a clases y, al parecer, a participar más.

De acuerdo con el reporte de NPR, el centro de lavado en las escuelas públicas funciona porque atrae a los padres a la escuela; los familiariza con las instalaciones, el ambiente, los estudiantes, los profesores y, en consecuencia, los padres se aseguran de que sus hijos no falten a clases, para, además, aminorar el riesgo de que ingresen al alto índice de jóvenes criminales en la ciudad.

Pero ya se sabe que el problema de la caridad es la dependencia. En México, la fundación privada Teletón recibe “aportaciones” de decenas de millones de pesos de los diferentes estados de la República. ¿Dónde queda, entonces, la responsabilidad del Estado de garantizar la atención a todos los niños con discapacidad?

En St. Louis, la directora acudió a una compañía y no al Estado. ¿Por qué? ¿Por qué no? Resultó, sin duda, más efectivo desplazar la responsabilidad del gobierno. Y aunque pensaríamos que las empresas por fin pueden ser socialmente responsables y participar en el trabajo de ecualizar las diferencias, eso sí, con remedios instantáneos; la raíz del problema, el origen de la pobreza, está lejos de ser resuelta con una lavadora y una secadora en cada primaria pública.

 

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