Foto: Presidencia de la República / Ilustración: Letras Libres

Sheinbaum con más poder y el país más vulnerable

Tras los movimientos en la FGR, la UIF y el Senado, la presidenta amplió su margen de maniobra. Pero en el camino, la vulnerabilidad de México frente a Estados Unidos ha crecido.
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En agosto pasado, Omar Reyes Colmenares –un policía cercano a Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública– sustituyó  a Pablo Gómez al frente de la Unidad de Inteligencia Financiera. A fines de noviembre, la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República le permitió a Claudia Sheinbaum imponer –luego de un apresurado simulacro de consulta y elección en el Senado– a una de sus más cercanas colaboradoras, Ernestina Godoy, al frente de esa institución. El pasado 1 de febrero, la presidenta le ganó (gracias a una ayudadita del Departamento de Justicia de E.U.) las “vencidas” a Adán Augusto López Hernández, el “hermano” de AMLO, y por fin pudo desplazarlo de la coordinación de la bancada de Morena en el Senado.

El empoderamiento de la titular del Ejecutivo es evidente, innegable y preocupante. Controlar la UIF le permitirá disponer de la información financiera y fiscal y congelar las cuentas bancarias de cualquier ciudadano.

El poder de la FGR es enorme: el uso discrecional de la justicia ha sido el instrumento de control político por excelencia desde hace un siglo. Sheinbaum se tardó un año en conseguirlo, pero lo logró. Sin Gertz ¿habrá diferencia sobre cómo se empleará? No lo creo.

En cuanto el caso del liderazgo de los senadores morenistas, más que ampliar su poder, le quita de encima a un político hipócrita, pedestre y soberbio, que se deleitaba en obstaculizar las decisiones de Sheinbaum aparentando lealtad. Ignacio Mier no es claudista, pero es institucional y le debe el puesto, al menos parcialmente.

El regocijo que ha causado entre los simpatizantes de la presidenta que se haya liberado de esos tres personajes y ganado margen de maniobra frente a López Obrador sin causar ninguna crisis política es al mismo tiempo el reconocimiento tácito de que la 4T está montada sobre un caudillo que no la ha dejado gobernar, que goza de un poder al que no piensa renunciar y que sigue obstaculizando los cambios que requiere el país. Solo que no se atreven a reconocer esa perniciosa deformidad del poder: la dualidad del mando.

Si algo se demostró en el primer año de gobierno de Sheinbaum es que no va a darse una ruptura ideológica ni programática, pues comparte y coincide en lo esencial del proyecto de AMLO: la construcción del régimen político autoritario (la aprobación de la reforma judicial es logro suyo y la imposición de la electoral pronto lo será), el estatismo económico (preeminencia de Pemex y CFE), la política social basada en transferencias monetarias y no en construcción de instituciones que garanticen los derechos sociales, el amor a la dictadura cubana, etcétera.

Una vez resuelta la interrogante sobre el deslinde ideológico y programático, quedan dos preguntas por responder. La primera, si Sheinbaum logrará independizarse del caudillo por completo o mantendrá la dualidad de mando. Porque si bien con el despido de Gómez, Gertz y López Hernández amplió su margen de maniobra, la dualidad persiste, pues el poder del señor de Palenque aún es mucho. Pruebas de ello, su “hermano” mantuvo el fuero y la FGR no abrirá ninguna investigación pese a La Barredora y a la larga lista de señalamientos de tráfico de influencias, corrupción, evasión fiscal, etc. Y mientras AMLO tenga el poder de sostener el pacto de impunidad para los suyos, Claudia seguirá maniatada.

Me podrán objetar que no soy realista, que Morena es lo que es (una coalición de intereses gobernable solo mediante la cohesión que le dan AMLO y la corrupción) y que la 4T y Claudia le deben todo a López Obrador. Lo entiendo, pero entonces por lo menos llamemos a las cosas por su nombre: vivimos bajo un caudillismo necesario para la 4T, pero nefasto para el país. Que Sheinbaum haya ganado unas batallas y reequilibrado un poco la ecuación del poder frente al caudillo es bueno para ella, pero falta que lo traduzca en algo positivo para los mexicanos.

Por eso la pertinencia de la segunda pregunta; ¿qué piensa hacer Sheinbaum con ese extra de libertad y de poder que ha conseguido? Por desgracia, hacer cambios sustantivos en la procuración de justicia –una de las deficiencias más antiguas y graves del Estado– no está en su horizonte mental, no es prioritario. Tres hechos lo confirman. Uno, la manera como impuso a Ernestina Godoy como nueva titular de la FGR desechó cualquier posibilidad de regresarle la autonomía a la fiscalía. Dos, no solicitarle a la fiscalía que dé curso a las 37 denuncias que presentó la diputada panista María Elena Pérez Jaén en contra de López Hernández e inicie investigaciones. Tres, la conclusión de la investigación oficial sobre el accidente del tren Interoceánico, que culpabiliza al maquinista y a los conductores del tren por exceso de velocidad y que, al desechar señalamientos hechos por ingenieros, por la Auditoría Superior de la Federación y diversos medios sobre las irregularidades, la corrupción, la negligencia y la improvisación con que fueron rehabilitadas las vías y adquiridos los trenes, impide que quienes tomaron las decisiones (entre ellos, presumiblemente, un hijo de López Obrador, que fue nombrado por su papá como supervisor general de la obra) puedan ser investigados determinar su nivel de responsabilidad jurídica o política.

Esta actuación inaugural de Ernestina Godoy al frente de la FGR significa que la prioridad es y será mantener el pacto de impunidad para su movimiento y el uso discrecional y selectivo de la justicia.

Además de para controlar adversarios y críticos, la FGR y la UIF serán utilizadas para administrar la disciplina en Morena. Ahora Sheinbaum tiene el sartén por el mango (a lo mejor, compartido con AMLO, pero antes solo lo tenía éste), lo que le dará mayor poder de negociación en el complejo proceso de selección de las candidaturas para 2027, que comenzará a más tardar en el segundo semestre de este año. Porque lo que está en juego es cuál de las facciones principales de Morena (la de AMLO o la de Sheinbaum) adquiere mayor poder en el 2027 para imponer en 2030 al candidato presidencial. Para eso sí tienen mirada de largo plazo.

No se trata, pues, de mejorar la procuración de justicia para los ciudadanos sino de seguir utilizándola con fines políticos. En el camino, no les importa incrementar la vulnerabilidad estructural del país frente a las presiones de Estados Unidos.

Las vulnerabilidades políticas

Mientras México tenga más debilidades económicas, rezagos sociales y deficiencias institucionales que Estados Unidos, su capacidad negociadora y de defensa de la soberanía será menor. Ni AMLO ni Sheinbaum son responsables de esa asimetría, pero sí se les puede responsabilizar por que, frente a la amenaza real de un gobierno estadounidense agresivamente antimexicano, como lo ha sido el de Donald Trump en sus dos períodos, no solo no hayan considerado prioritario instrumentar una estrategia para reducir las vulnerabilidades, sino incluso no les haya importado incrementarlas gracias a su proyecto de convertir a México en un régimen político autoritario.

Esta es una revisión somera de cómo las acciones de la 4T han agravado las vulnerabilidades políticas del país frente a su vecino.

  1. México ha tenido narcotraficantes desde hace un siglo y desde entonces ha sido presionado por su vecino para aplicar políticas de combate al narcotráfico. Pero los niveles de control territorial, diversificación delictiva, ataques a empresas, incluyendo estadounidenses, y de capacidad de fuego que han alcanzado los cárteles en la actualidad son inéditos.
  2. También la protección política y policial al narcotráfico es antigua. Lo que es propio de la 4T es llegar a borrar por completo la frontera entre Estado y crimen organizado en varios municipios –lo ejemplifica el caso de Tequila, Jalisco, donde el alcalde convirtió al ayuntamiento en brazo operativo del Cártel Jalisco Nueva Generación–, y alrededor de una decena de gobiernos estatales que tienen señalamientos de permitir gobernanzas criminales. Además, crear corporaciones delictivas desde el Estado para desfalcar al Estado y financiar al partido oficial, como en la trama del huachicol fiscal.
  3. El incremento de la corrupción ocurrido en los últimos siete años ha rebasado por mucho la también antiquísima tradición mexicana de considerar los gobiernos como botín y privatizar todo tipo de recursos públicos. No solo se trata de la adjudicación discrecional descarada de contratos públicos a familiares y amigos, sino también de eliminar la transparencia y la rendición de cuentas. Los 600 mil millones de pesos que le robaron a Pemex y al fisco marcan un récord difícil de superar. Todo ello sellado con un pacto de impunidad blindado a toda costa.
  4. Si bien la debilidad del estado de derecho en México es centenaria, la hace más grave destruir la autonomía del Poder Judicial y elegir jueces, magistrados y ministros afines al partido oficial, sin experiencia ni capacidades jurídicas. Ello se ha traducido en un retroceso gravísimo en la impartición de la justicia en todos los niveles, incrementando la desconfianza y la incertidumbre sobre la resolución de conflictos por la vía pacífica y legal. Se suma el cinismo con el cual utilizan a la FGR, cuando se comenzaba a impulsar su autonomía como una condición necesaria, no suficiente, para mejorar la procuración de justicia.
  5. Impulsar desde Palacio Nacional una política para dividir y polarizar a la sociedad. Fomentar el odio y las divisiones sociales y políticas es lo peor que le puede pasar a un país amenazado. La invasión estadounidense de 1847 se dio cuando México estaba profundamente dividido.
  6. Desaparecer la política exterior mexicana es otra enorme contribución de la 4T a la vulnerabilidad del país. En los últimos siete años, México se ha aislado de países y regiones relevantes para equilibrar la dependencia de E.U.; ha priorizado relaciones en América Latina con base en simpatías ideológicas y no en los intereses del país; perdido presencia en los foros multilaterales; ha convertido las embajadas estratégicas en lugares para el pago de favores electorales; precarizó al servicio profesional y a los diplomáticos de carrera; recortó a la mitad el presupuesto de los consulados en E.U., convirtiendo la defensa de los mexicanos en demagogia pura, y dejó de hacer cabildeo con actores sociales, políticos, económicos y culturales de Estados Unidos fuera de Washington D.C. y con la comunidad mexicano-estadounidense.
  7. De la misma manera, la política migratoria no existe más allá de los discursos del supuesto “humanismo mexicano” en el trato a los migrantes que cruzan el territorio mexicano. La política real se la dictó Trump a López Obrador cuando éste mandó 27 mil soldados a sellar las fronteras sur y norte del país, y también a Sheinbaum, que mantuvo la directiva de que la Guardia Nacional se convierta en la fuerza de contención, al servicio del gobierno de E.U., de las caravanas migrantes. La estrategia para apoyar el desarrollo regional de América Central se redujo a exportar el programa “Sembrando vida”. El presupuesto de INAMI y la Comar están por los suelos, para no desentonar.
  8. Debilitar la democracia (fin de la división de poderes y de organismos autónomos; control de medios, amenazas a la libertad de expresión, etc.) y estar a punto de liquidarla con la reforma electoral es añadir una nueva vulnerabilidad de la que nos deshicimos con mucho trabajo en los últimos 40 años. Tener democracia no frena los ataques de Trump, pero ser un régimen autoritario facilita e incentiva las violaciones a la soberanía y las intervenciones militares. Es cierto que a Maduro se lo llevaron acusado de ser narco, no por dictador, ¿pero quién salió a defenderlo? ¿Quién va a derramar alguna lágrima por la dictadura cubana aparte de los radicales de Morena?

Ocho vulnerabilidades políticas –sin mencionar las económicas– agrandadas de cara a la revisión del T-MEC y a los impulsos intervencionistas de los halcones de la Casa Blanca, todas gracias al empoderamiento de nuestra presidenta y a la vocación autoritaria de la 4T. ¿A eso llaman defender la soberanía nacional? ¿Para eso quieren tanto poder? ~


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