María Corina Machado y su copycat

Desde la elección de su indumentaria hasta la coincidencia en puntos de la agenda política, Delcy Rodríguez busca a través de la imitación conservar un lugar en el futuro de Venezuela.
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María Corina Machado regresó a Venezuela el pasado 25 de octubre, después de diez meses de exilio posteriores a más de un año de clandestinidad. Mucho se especuló sobre los impedimentos para su vuelta: mandato de Donald Trump, resistencia del interinato o la negativa de terceros países a involucrarse en tan delicado tema. Finalmente, entró por vía terrestre, apareció en una iglesia del estado de Lara y viajó a Caracas en automóvil en medio de muchedumbres y vítores. De inmediato, la interina Delcy Rodríguez, llamada por el presidente Lula y el historiador venezolano Elías Pino Iturrieta “la empleada de Trump”, calificó de show la impactante llegada de su archienemiga; sin embargo, pocos días después se prestó a un lamentable espectáculo en el que cantó de manera desafinada y bailó desaforadamente frente a un número no muy grande de seguidores.

El jueves 29 de octubre, Machado dio su primera rueda de prensa en la capital; el mismo día, Rodríguez llevó a cabo una alocución oficial, con el obvio fin de estorbar la primera comunicación de Machado en territorio nacional con la ciudadanía. Por fortuna, la población es experta en conectarse con medios digitales, ahora accesibles después de que el gobierno levantara las prohibiciones anteriores al 3 de enero de 2026. Vi con atención tanto la rueda de prensa de Machado como el discurso de Rodríguez. Aunque ya se ha vuelto un lugar común en redes sociales comentar la metamorfosis de la segunda, no pude más que sorprenderme ante la magnitud del cambio. La interina ahora se viste de azul y blanco –colores muy usados por Machado y distintivos de su partido Vente Venezuela–, en clara prescindencia del rojo incendiario característico de la revolución y tan amado por Hugo Chávez. Después del performance esperpéntico antes descrito y que mantuvo a las redes sociales oscilando entre las carcajadas y el enojo, a Rodríguez le tocó el disfraz de estadista: la voz bien modulada en contraste con la falta de afinación de su desafortunado canto, el elegante traje blanco de marca, un collar de perlas de accesorio, además de un escenario sobrio con la bandera nacional y la clásica decoración de cortinajes de los palacios de gobierno.

Pero el cambio no atañe solamente a la apariencia.

Tanto Machado como Rodríguez tocaron el tema de las elecciones presidenciales, un asunto sumamente delicado y engorroso para el gobierno autor del fraude electoral de 2024. La opositora insiste en poner fecha para el año 2027, tal como ha indicado, por cierto, el encargado de las relaciones exteriores de Estados Unidos, Marco Rubio. Con su enorme apoyo popular, Machado sabe que ganará las elecciones, a diferencia de Delcy Rodríguez, que no concita ni siquiera el apoyo unánime de lo que queda del chavismo. Rodríguez aseguró que los comicios se van a llevar a cabo pero, como dice la famosa canción mexicana, la empleada de Trump está en la onda de “a todos diles que sí, pero no les digas cuando”, con el subterfugio de la necesaria reinstitucionalización del país.

Respecto a este tema, Machado insiste en que el nombramiento de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y un nuevo Consejo Nacional Electoral, brazos de la revolución en este momento, puede avanzar sin que ello impida fijar un calendario para sufragar. La mesa entre el gobierno y la oposición representada por miembros de la Asamblea electa en 2015 de mayoría contraria al oficialismo, no incluye delegados de Machado, quien explicó que respaldaba el diálogo, pero prefería no participar directamente. De esta negociación depende la designación de los integrantes de los poderes judicial y electoral, claves para garantizar la transición democrática. Ella insiste en que deben ser organismos independientes, mientras Rodríguez se empeña en que los miembros deben ser escogidos de manera consensuada a partir del marco legal vigente, el mismo que el oficialismo ha retorcido una y otra vez a su favor.

Mientras la líder opositora insiste en el restablecimiento del estado de derecho, la interina afirma que debe preservarse la estructura actual del Estado y flexibilizar, no eliminar, leyes que han sido instrumentos para la violación masiva de los derechos humanos, como la llamada ley contra el odio. En este orden de ideas, la líder de Vente Venezuela exige la libertad de los alrededor de 300 presos políticos que todavía quedan en las cárceles, cifra que Rodríguez considera insignificante en comparación con la amnistía de su gobierno que ha favorecido a miles de personas.

Machado agradece a Trump la captura de Maduro que, guste o no, abrió la posibilidad de una transición democrática inexistente hace un año, insiste en la presión internacional en vistas a las elecciones presidenciales e, igualmente, en la renegociación de tratados comerciales con un marco jurídico confiable para las partes. En un acto de humor involuntario, la empleada de Trump se enorgullece de la soberanía del país y de la cooperación internacional sin injerencias. Estamos hablando de la cabeza del gobierno que entregó el 20% de las reservas petroleras de Venezuela a través de un contrato opaco con el gobierno de Estados Unidos y sigue las órdenes de Marco Rubio con tal de mantenerse en el poder. Así terminaron 27 de años de un antiimperialismo de cartón, pero mentir no cuesta nada. Mientras Delcy Rodríguez habla para sus seguidores creyendo que son imbéciles, Rubio plantea la factibilidad de una base militar en Venezuela.

Machado, como cualquier líder político, ha cambiado en las últimas décadas, pero sigue siendo ella. En cambio, lo de Rodríguez ha sido una metamorfosis radical. Cuando escuché su alocución me hice preguntas: ¿esa es la misma mujer que he oído vociferando, maldiciendo y amenazando? ¿La misma que ha formado parte desde hace largo tiempo del gobierno que convirtió a Venezuela en lo que es hoy, hasta el punto de que fue la vicepresidenta del gobierno de Maduro? ¿La que dijo en 2019 que la ayuda humanitaria gringa estaba contaminada con elementos cancerígenos? ¿La de la rodilla en tierra contra el imperialismo? ¿La que ha estado detrás de los aparatos represivos?

No solo es la misma sino que, para sorpresa general, coincide con su archirrival en puntos nada desdeñables para el futuro del país: pluralismo político, libertad de expresión y la mayor apertura y pragmatismo económico. La interina aseguró que se van a devolver a sus antiguos dueños un número no determinado de activos estatales o se abrirán licitaciones para su consiguiente privatización. Como dirían los opositores de izquierda de la revolución que trabajan en universidades de Estados Unidos y no quieren pelearse con sus colegas: es que Rodríguez, al igual que Maduro, representa el colmo del extractivismo y el neoliberalismo. Por último, ambas terminaron sus discursos con invocaciones al poder divino. Hay que dejar claro que Venezuela se ha vuelto un país más religioso que el que existía antes de 1998. Chávez solía invocar a Cristo con frecuencia, Maduro instituyó el día del pastor evangélico y María Corina se confiesa católica. Lo de Delcy me parece más bien un acto de imitación (parte de su plan de presentarse como la mejor opción para llevar el país a un mejor destino porque lo conoce desde dentro), pero de todos modos fue muy enfática durante otro acto público: Dios ha decretado una explosión económica para Venezuela.

Machado quiere una transición democrática y llevar a cabo una reorganización desde el Estado y la economía de un país devastado; Rodríguez quisiera convertirse en una versión de Deng Xiaoping, líder chino que entre los años setenta y ochenta del siglo pasado encabezó el principio de la transformación de su país. Desde luego, no puede porque tiene que someterse a elecciones y las va a perder si son limpias. Tampoco tendrá un rol a lo Adolfo Suárez, quien salió de las filas del gobierno de Franco, tuvo una destacada participación en la democratización de España y ganó las elecciones en 1977. El franquismo me resulta detestable, pero el país no estaba en el estado en que se encuentra Venezuela cuando murió el dictador en 1976.

Lo más que puede esperar Rodríguez es ser candidata en la próxima elección y que un proceso sensato de negociaciones le asegure espacios al chavismo postdictadura. Desde luego, la política venezolana puede ser tan absurda y sorpresiva que cualquier cosa es factible y las predicciones sobran. Lo que sí se puede asegurar es que estamos ante un caso que en inglés se reconoce como copycat, término referido al mundo del crimen y que se ha extendido a las redes sociales. Puede traducirse como “imitador” con un matiz más complejo: se trata de emular con la mayor precisión posible a una figura vista como superior, pero a la que cabe detestar.

A María Corina Machado le salió su copycat. ~


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