Atrapados en el clóset

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Prácticamente nadie se sorprendió cuando Ricky Martin decidió proclamar, vía su página de internet, su homosexualidad. El anuncio hizo oficial lo que ya habían insinuado la falta de relaciones románticas —con la notable excepción de Rebecca De Alba—, el anuncio de que sería padre de gemelos concebidos in vitro y de madre desconocida y su entusiasmo por los ajustados trajes de baño. Pero ¿por qué tardó tanto tiempo lo que era evidente? “Mucha gente me dijo que no era importante hacerlo, que no valía la pena, que todo lo que trabajé y todo lo que había logrado se colapsaría”, escribe Ricky. El puertorriqueño es de las pocas figuras públicas de Latinoamérica que ha reconocido su homosexualidad.

Algunos han acusado a Ricky de haber mentido por tantos años al ocultar su vida personal, pero la tolerancia –o falta de— a los homosexuales en América Latina ayuda a comprender el por qué. En los primeros años del Chile independiente, la homosexualidad era penalizada con diez años de cárcel y 100 azotes públicos. En Colombia, las relaciones gay consensuadas dejaron de ser un delito en 1980. Fidel Castro declaró en 1965 al periodista estadounidense Lee Lockwood que no permitiría que “los jóvenes cayeran en las manos de los homosexuales”. En Puerto Rico, el país de Ricky Martin, la sodomía estuvo castigada por las leyes hasta 2003. República Dominicana prohíbe la difusión pública de películas o vídeos musicales “relacionados con la homosexualidad”.

Sólo seis países en la región (Uruguay, Brasil, Argentina, Ecuador, Colombia y México) han dado pasos para reconocer la unión entre dos personas homosexuales. Y aun ahí el camino no ha sido de rosas. En Argentina, donde la unión civil ya es reconocida, el Congreso admitió a debate una ley para habilitar el matrimonio entre las personas del mismo sexo. El avance sucede en la misma semana en que un juez argentino anuló la primera unión homosexual de su país, ocurrida en diciembre de 2009. Y en México, pese a los esfuerzos del Gobierno de la capital (que aprobó en 2006 la “Ley de Sociedades de Convivencia” para reconocer las uniones gay, a las que no llamó matrimonio sino hasta el año pasado), la homofobia no se queda atrás. Un informe de 2007 de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados descubrió que, en México, cada dos días se comete un crimen con motivaciones homofóbicas.

En este ambiente, es difícil imaginar un equivalente latinoamericano de la lista de homosexuales más poderosos de Estados Unidos que publica la revista Out. Pese a que el público “sospecha” las preferencias de muchas de las personalidades gay de Latinoamérica, son muy pocos los que han salido abiertamente a proclamarlas. Salvo el caso puntual de Ricky (que no hay que olvidar que reside en Estados Unidos), son contados los nombres de políticos, deportistas, cantantes o artistas que han reconocido públicamente su homosexualidad sin temor al acoso y a la discriminación. Algunos han optado por una vida sexual que no proclaman, pero de la que no se les pide detalle. El cantautor Juan Gabriel, al ser interrogado sobre su sexualidad en una entrevista concedida a Univisión en diciembre de 2002, respondió: “Lo que se ve, no se pregunta”.

– Verónica Calderón

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