Cómo deshabituarse de Crónicas marcianas

AÑADIR A FAVORITOS

1. Admitimos que éramos impotentes ante Crónicas marcianas, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables. Desaparece Crónicas marcianas, después de ocho temporadas. Casi un clásico. Ya un clásico. Sardá alega que está cansado física y psicológicamente. Algunos analistas dicen que en Tele 5 no estaba bien visto y que sólo se mantenía en antena por su alta audiencia. Otros analistas dicen que le ha visto las orejas al lobo (lobo en forma de Buenafuente) y que prefiere tirar la toalla a morir aplastado.
     2. Llegamos a creer que un poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio. Crónicas marcianas se convirtió, para algunos, en el programa telebasura por excelencia. La razón no estaba en que Crónicas marcianas fuera el programa más telebasura, sino que su “creador”, Javier Sardá, estaba destinado a más altos proyectos: por formación, por trayectoria, por talento y por talante. Todo lo que había demostrado en La ventana, su programa de radio en la SER. Javier Sardá se convirtió en el chivo expiatorio de la telebasura. Algunos suponían que había una telebasura sin remedio, que no merecía crítica, pero que había una telebasura que “podría haber sido otra cosa” que era totalmente condenable: Sardá ha sido un estupendo chivo expiatorio. De la misma manera que, para su audiencia, los personajes freaks (y no tan freaks) de Crónicas marcianas han sido chivos expiatorios. Tamara, Pozí, la Pantoja de Puerto Rico… eran los chivos expiatorios de un público que quería divertirse riéndose con alguien que, aparentemente, nada tuviera que ver con él. Crónicas marcianas era un aliviadero de culpas. Una necesidad social.
     3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de otros. Crónicas marcianas es (era) un programa político porque defiende (defendía) la libertad: sexual, de opinión, de acción, incluso de credo, de régimen… Crónicas Marcianas es (era) un programa político porque la risa es (era) su principal argumento.
     4. Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
     No quiero ni imaginar un late night diario en manos de Manel Fuentes. No quiero ni pensar durante un segundo en sus chistes requetetrabajados (y aun así, malos).
     5. Admitimos ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos. Y en la otra cadena, Buenafuente, con su cara de buen chico, con su cabeza vendada.
     6. Estuvimos enteramente dispuestos a liberarnos de todos estos defectos de carácter.Y lo que menos me gusta imaginar es una televisión sin Boris Izaguirre. Sin su cabeza libre. Boris ha sido fundamental en Crónicas marcianas. Sus desnudos. Sus opiniones. Su manera de moverse, su forma de bailar, su sonrisa, sus ojos brillantes. Sí, Boris colabora en el programa de radio de Gemma Nierga en la SER. Pero no me gusta el programa de radio de Gemma Nierga: aunque Boris, cuando raramente lo escucho, me parece estupendo, echo de menos su cara y sus gestos y su mirada.
     7. Humildemente pedimos liberarnos de nuestros defectos. Carlos Latre se reciclará rápidamente. Puede que haciendo más a menudo esos programas de humor tan aburridos, puede que colaborando en otro late night, puede que haciendo él mismo su late night.
     8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos. Se ha odiado el éxito de Crónicas marcianas. Se ha odiado el éxito de Javier Sardá. El éxito está mal visto. Yo también odié en algún momento, ya superado, afortunadamente, a Javier Sardá.
     9. Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros. No es (era) obligatorio ver Crónicas marcianas. Hay otras cadenas en abierto. Hay otras cadenas, de pago. Hay videoclubes. Hay libros que leer. Hay infinidad de prácticas sexuales que probar. Hay oraciones que rezar. Hay platos que preparar. Es (era) fantástico no tener la obligación de ver Crónicas marcianas. Es (era) fantástico ver Crónicas marcianas libremente. O no verlo.
     10. Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente. Es cierto que, a veces, bastante veces en los últimos tiempos, Javier Sardá se dirigía a determinadas mujeres como si su actuación estuviera escrita por un guionista de los peores tiempos de la serie Benny Hill.
     11. Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a los habituados a Crónicas… y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos. Ya puede respirar tranquilo “el presidente del Observatorio Europeo de Televisión Infantil”, Valentí Gómez, que decía que Sardá era un demonio y un terrorista espiritual. Ya pueden respirar tranquilos los críticos, e intelectuales y artistas, que veían en Sardá a lo peor de la telebasura: porque él tenía otro nivel y lo rebajó por la audiencia. Ya puede respirar tranquila la competencia. Ya puede respirar tranquilo Álvarez Cascos. Ya pueden respirar tranquilos los que se escandalizan de lo que ocurre en televisión, pero que miran indiferentes lo que sucede fuera de la televisión. –

    ×  

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: