El microondas francés

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Los franceses tienen una extraña relación con los aparatos: como les choca que los gringos los hayan inventado primero, deciden mejorarlos. El resultado es fatal: los aparatos hacen lo mismo que los gringos, pero complicadito, con menos eficiencia pero con más teoría. Una teoría para la que el hecho de que el aparato sirva o no, es lo de menos. Así, en la licuadora se concilian el cilantro y El discurso del método. A fuerza de servir a la perfección en la teoría (el concepto, el diseño, la filosofía), el aparato tiende a no servir en la práctica. Si en México las cosas no sirven porque sí, en Francia no sirven por exceso de eficiencia.
     Uno tiene la idea de que, en el llamado “primer mundo”, que las cosas funcionen es lo que determina que sean del primer mundo. No es así. En el primer mundo las cosas pueden ser bastante peores que en el tercero, pero como su manera de ser peores es mejor que en el tercero, son del primero. La primera vez que vino a mi casa un técnico francés fue para revisar la lavadora, sentenció que no era que no sirviera, sino que estaba deprimida, y remató con el “desinfle”. (El “desinfle” es una conducta francesa que consiste en inflar los carrillos y desinflarlos de golpe con un sonido percutiente —una especie de ¡pft! Este desinfle se hace antes de cualquier frase para significar fastidio, depresión, escepticismo, duda existencial o que no hay cambio.)
     Un día decidimos comprar un horno de microondas. En México, uno va al súper, toma el microondas, lo paga y se va a su casa y lo inaugura haciendo palomitas. En Francia hay que ir a la tienda especializada, se escoge el microondas, como está encadenado al mostrador tiene que venir el empleado, le apunta con su pistolita láser, la pistolita envía por satélite un código de barras a la caja (que está a cinco metros de distancia), la caja hace ruiditos, uno mete su tarjeta en otra maquinita, pone su código, la impresora hace una factura con la que se acude a la zona de entrega donde descubren que ese microondas a) no está en existencia, b) está en huelga, c) está de vacaciones. Resultado: el horno llegará en dos meses.
     Cuando finalmente llega el horno, tiene cara de pocos amigos. No se ha rasurado hace dos semanas. De la puerta le cuelga un cigarrillo Gitane, de los fuertes. Hace meses que no usa desodorante. En lugar de hacer el zumbido eléctrico de todos los aparatos, suena a la erre de rien en la canción Rien de rien cantada por Edith Piaf. Uno mete las palomitas y busca el botón que diga “on”. Ahí comienzan los problemas: no existe, ¡pft!
     Lo que hay es sesenta botones, siete perillas, una pantalla de cuarzo líquido con cifras alarmantes, otra con cifras aproximadas, un radar fonético y una antena. El microondas es el resultado de la cruza entre un tostador de pan y el avión Concorde. Hay que acudir al Mode d’Emploi. El manual tiene lomo (mala señal), no tiene cómics (peor señal), y sus capítulos se titulan “El Cocer y la Nada”, “La Comida Humana”, “Las Palabras y las Roscas”, “Los Alimentos Pedestres”, “Crítica de la Sazón Puré”. ¿La primera frase del manual?: “Últimamente he estado asándome temprano…”
     Localizar el botón que eche a andar el sistema ha sido el hobby familiar. Como los botones tienen signos en lugar de letras que digan francamente DESCONGELAR o RECALENTAR, PRENDER o APAGAR, hay que localizarlos en el manual. Los signos son atroces: un capricho gráfico que seguro sacó diez en la École des Hautes Études Semiologiques de Paris. Anoto los que hemos descifrado, con su traducción al español:

Soit commencement, soit colapse de l’énergie gourmande à profondeur (on/off).
     Introduction ou expulsion définitive des expressions ethnozoobotaniques vers leur destin final (abrir/cerrar).
     Interconnexions structurelles des réseaux énergétiques découlant de la puissance calorifique du multi-chauffage du canard enchaînée (asar patos).
     Variation de l’énergie argaméddonique non-explosive étonnante pour le bombardement furieux des petites colombes ou d’autres formes dépressives de l’impérialisme alimentaire (hacer palomitas).
     –Élection de la sonnate de Chopin plus adéquate au gonflement du soufflé (que haga ruidito o no al terminar la cocción).
     –Situation lumineuse idéale pour la retransmission intégrale des atomes surgelés vers un état plus malléable et convenable qui permettra l’acte de manger sans provoquer un nouveau frisson (descongelar).
     –Introduire le registre minutieux du sexe des coquillages qui sont en train d’être cuits pour calculer si la présence des bits masculins exige plus de chaleur que d’habitude (género sexual de los ostiones).
     – Introduire le sujet du livre qui le cuisinier est en train de écrire pendant le cuissement des patates et ainsi savoir si la famille mérite de manger ou non (asado de las papas).

Mi microondas francés y yo hemos comenzado la peor de las relaciones posibles: las que se basan en la mutua expectativa de la rendición del contrario. No voy a ceder. Algún día lograré hacer las palomitas. Aun si tengo que esperar a que Francia deje de ser lo que va a ser y que ya, francamente, ha comenzado a ser: un país en vías de subdesarrollo. ¡Pft! ~

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