¿El regreso de Dios? ¿Alguna vez se fue?

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Mark Lilla acaba de publicar en el New York Times un extraordinario artículo en el que pone en entredicho la historia de la política laica: según él, hasta bien entrado el siglo XX, el discurso político ha estado dominado por la retórica teológica que al día de hoy siguen utilizando Ahmadinejad o incluso, como dice Lilla, su fellow believer George Bush. Es más: cabe la posibilidad de que la separación entre religión y estado haya sido solamente una anomalía temporal, y no será raro que, de nuevo, los susurros de Dios al oído de los gobernantes vuelvan a ser su primera baza política.

Pero Christopher Hitchens le ha respondido ya, esta vez en Slate: aunque da la razón en muchos puntos a Lilla –le felicita por insinuar que “teología de la liberación” es un oxímoron–, resume su punto de vista en el último párrafo: “la religión no es nada más que una proyección del deseo del hombre de ser un esclavo y un idiota, y el miedo derivado a un exceso de conocimiento o de libertad”. Sin embargo, dice, el hombre ha sido ya bastante capaz de librarse de ella. Lilla debería haberle dado más crédito por eso.

– Ramón González Férriz

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