El voto de Tony Soprano

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Lo más sorprendente es que se produzca el debate. No una vez, sino dos y tres veces. Es sorprendente porque en España no hubo debates en la última campaña electoral. En España ni siquiera puede haber debates cuando hay elecciones a la Federación Española de Fútbol: Ángel María Villar no acudió al debate que El Larguero organizó sobre las elecciones a la presidencia de la Federación Española de Fútbol. Lo más sorprendente es que en España haya un gran miedo a debatir, a exponer las ideas propias, a explicar el programa electoral, a ser zarandeado por el oponente, a perder las elecciones por una palabra desafortunada. A los mítines sólo van los fieles. Nadie acude a un mitin a informarse del programa político sino a jalearse contra el adversario. Lo más sorprendente es que Kerry pueda ser presidente por ganar los debates electorales al presidente. Lo más sorprendente es oír a Kerry y a Bush debatir de la guerra de Irak, de política exterior, de seguridad, de economía, de la seguridad social, de los inmigrantes, del aborto, del matrimonio entre homosexuales, de cómo la religión puede o no puede dejar su huella en la política gubernamental, de las células madre, de la industria, de los impuestos, de la educación, de los ancianos. Lo más sorprendente es verles y oírles defender sus ideas, sus proyectos, sus métodos y sus modos. Y verles y oírles respondiendo las preguntas del público. ¿Cuáles han sido los errores de su gestión?, le pregunta un espectador a Bush en el segundo debate. Bush no recuerda ningún error: eso se llama tener la autoestima muy alta. Lo más sorprendente es oírles discutir sin sacar los cuchillos. Kerry habla del paro que se ha disparado durante el mandato de Bush y Bush habla de las subidas de impuestos que Kerry realizará. Lo más sorprendente es que Kerry y Bush respondan rápidamente, que no se pierdan en la retórica. Tienen que decirlo todo en dos minutos y en ese tiempo tienen que ganar votos: convencer a la mujer del Medio Oeste y al minero del Este. Lo más sorprendente es que los debates sirvan para que los electores elijan a uno y otro candidato. Lo más sorprendente es que la campaña electoral tenga sentido. Lo más sorprendente es que TVE1, Antena 3 y Tele 5 emitan los debates simultáneamente. Que los candidatos se abracen, incluso afectuosamente. Lo más sorprendente es oír a Kerry hablar de la hija lesbiana de Dick Cheney, el vicepresidente ultraconservador. Que hablen sin verdadero entusiasmo: son tiempos de guerra. Felipe Sahagún dice, en el análisis del tercer debate en TVE, que Kerry, para ganarse a los votantes moderados, no forzó el tono. Lo más sorprendente es que los opositores de Bush hayan presentado a Bush como un tarugo y que Kerry sólo consiga ganar los debates a los puntos.


“El segundo debate no me gustó porque parecían telepredicadores”, me dice Ignacio Martínez de Pisón. A mí, sin embargo, me pareció muy interesante. Asumían las fórmulas del medio en el que se estaba produciendo el debate: la televisión. Si algo faltó en los debates fue la verdadera televisión: no hubo pausas publicitarias, no hubo cortes cada doce minutos para vendernos coches o bebidas de soja, no hubo un poco de realidad. Nadie aguanta un programa de televisión que dura hora y media. Son necesarias las treguas. La emisión simultánea de todas las cadenas en abierto impidió el zapping. Estábamos encerrados en la sala del debate y sólo podíamos acudir a la misma sala del debate o a la misma sala del debate. Eso sí, con diferentes traductores simultáneos. En el tercer debate, el traductor simultáneo de Bush para TVE se encalla en cada palabra. En el segundo debate, con los candidatos hablando directamente a la audiencia, no importan tanto los temas como la puesta en escena. Bush funciona mejor en esa distancia corta.


En el tercer debate, Kerry ironiza sobre la autoridad moral y el sentido de la ley de Tony Soprano. Kerry habla a los estadounidenses que ven la televisión y les habla de los personajes de la televisión. Es de madrugada y ando con la cabeza limitada, pero no consigo imaginar a Rajoy y a Zapatero hablando, en los debates que no se llegaron a producir, sobre los Alcántara o los Serrano. ¿A quién ha votado Tony Soprano? ¿Y Los Serrano? Soprano es uno de esos estadounidenses que ganan más de doscientos mil dólares al año, aunque su forma de ganarlos no sea muy admirable. Esa sería una razón que le llevaría a votar a Bush, que ha recortado los impuestos a los estadounidenses que ganan más de doscientos mil dólares. Pero el comportamiento moral de Soprano no está muy acorde con el comportamiento moral de Bush. En el tercer debate, Kerry habla mucho de pobres y de ricos. Habla del enorme paro que deja la administración Bush, de los problemas de seguridad social, de los mineros. Bush tiene pocas defensas y carga contra el populismo de Kerry, cuestiona que pueda sacar adelante sus promesas sin subidas de impuestos. En el tercer debate Kerry y Bush hablan de cómo solucionar el problema de los inmigrantes que llegan por el sur. La palabra “hispanos” no se pronuncia. Kerry es partidario del control de fronteras y Bush de la tarjeta laboral. Kerry y Bush quieren que los inmigrantes salgan de las sombras. En el tercer debate Bush habla de libertad y de educación y de democracia, Kerry habla de ricos y pobres y de seguridad social. No resulta sorprendente la importancia que tiene todo lo que dicen los dos candidatos. ~

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