Emoción y ruido

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Rafael Berrio (San Sebastián, 1963) ha publicado su tercer disco en solitario, después de integrar los grupos Amor a traición y Deriva. Es uno de los personajes más singulares de la música española: acude a una tertulia semanal en San Sebastián y en sus conciertos desvela el lado más cómico de sus letras. En 2010 apareció 1971 (Warner), el primer álbum que firmó con su nombre y que lo unía a la chanson. En esa misma línea iba Diarios (Warner, 2013). Además de una producción similar, esos discos comparten temas y tono y encierran canciones que hablan del descubrimiento tardío del amor, del tiempo, de álbumes familiares. En otras se elogia la pereza, se recuerda a los muertos por la heroína o se esconde una elegía a una prostituta. También hay sitio para el humor y la autoparodia, como en “Mis amigos” o “Mi reputación”.

En Paradoja (Warner, 2015), Rafael Berrio saca su lado eléctrico y coquetea con el rock. No disimula su admiración por Lou Reed y The Velvet Underground. También hay guiños a Nirvana y resuenan los ecos de Jacques Brel y Léo Ferré. La canción que abre el álbum y que le da título, “Paradoja”, es un corte instrumental que sirve casi como advertencia y declaración de intenciones. Y a pesar del cambio hacia la electricidad y el ruido, Berrio sigue siendo el mismo y le interesan los mismos temas: habla del paso del tiempo, de la imposibilidad de volver al pasado o de la mortalidad (“Cambios a mansalva y decadencia”, “El animal que has sido”, “Mis ayeres muertos” o “Inanimados”), hay sitio para el desencanto y una profunda insatisfacción (“Niente mi piace” o “Yo ya me entiendo”) y el amor como salvación (“El mundo pende de un hilo”). En sus canciones mezcla reflexiones, citas y erudición, sin caer en la petulancia, con el humor, el amor y la vida cotidiana. El resultado es, una vez más, pura emoción. ~