Homer Simpson y la crisis nuclear

Con la tragedia de Japón, el debate nuclear se ha reabierto. Y si la creación de centrales nucleares iba a ser una de las bazas electorales del Partido Popular español  para las próximas elecciones generales, es muy probable que tendrá que replanteársela.
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En la última novela de Ian McEwan, Solar (Anagrama), el protagonista, un físico galardonado con el Premio Nobel y timador sin escrúpulos, se embarca en dos proyectos de producción de energía alternativa: el primero, un encargo oficial del gobierno británico, es un laboratorio para diseñar aerogeneradores domésticos, que se convierte en un fiasco descomunal por la dificultad de ejecución y en un gasto presupuestario sin final, y el segundo, años después, es una iniciativa particular, inspirada en la fotosíntesis de las plantas, que acaba todavía peor que el primero.

Michael Beard, el protagonista de la novela, un completo narciso, tiene un correlato en la realidad (aunque no sé si Ian McEwan lo tomó como modelo): el físico y Premio Nobel italiano Carlo Rubbia. El gobierno de mi comunidad autónoma, Aragón, lo tomó en serio y gastó en los años 90 más de 3000 millones para tratar de poner en marcha su gran y delirante idea, el “Rubbiatrón”: un procesador de residuos nucleares con el que pretendía conseguir energía nuclear sin los peligros de la energía nuclear. Y, como es obvio, ya  que no has oído hablar del “Rubbiatrón” en tu vida, fue un completo fracaso. El físico suizo André Gsponer dijo sobre este asunto que “Carlo Rubbia había reinventado el agua caliente”.

Es un ejemplo más de que los gobiernos, en vez de hacer bien el trabajo, se han dejado el dinero en el timo de la estampita.

La moratoria nuclear en España, que impide la instalación de nuevas centrales, evidencia nuestra hipocresía: pagamos un plus en la factura de la luz, mientras las compañías compran energía a Francia, producida en sus centrales nucleares. Si alguien se pregunta por qué la crisis no ahoga tan fuertemente a Francia, la respuesta puede ser que el 80% de la energía eléctrica que se consume es producida en sus centrales… frente al déficit energético español que de momento no tiene fin, y que, según parece, no tiene una alternativa real y viable.

Con la tragedia de Japón, el debate nuclear se ha reabierto. Y si la creación de centrales nucleares iba a ser una de las bazas electorales del Partido Popular para las próximas elecciones generales (y así parece indicarlo el informe de FAES), es muy probable que tendrá que replanteársela. El miedo ha subido hasta más allá de la línea roja, y es posible que muchos crean que quien está al mando de la seguridad de esas centrales nucleares, que todavía no tienen financiación ni ubicación, es Homer Simpson, engullendo donuts.

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