La economía de un mundo conectado

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Imaginen por un momento que existiera un banco llamado Muyjusto, cuyo fin último fuera administrar, de la manera más eficiente, los recursos de cada uno de sus clientes y que, en lugar de cobrarles comisiones por cada operación, retuviera un porcentaje de los ahorros que les generara su eficiente administración.

El banco Muyjusto ofrecería a sus clientes conectarlos con personas que tiene un excedente de recursos en el momento en el que otras necesitan de un crédito. Les permitiría negociar directamente y fijar un interés conveniente para ambos. De esta manera, el prestador ganaría más de lo que su dinero produce de intereses en el banco y los deudores pagarían menos de lo que les cobraría el banco por un préstamo.

El banco Muyjusto avisaría que hay 90 personas que, al igual que alguno de sus clientes, están a punto de comprar la misma televisión, de manera que pudieran negociar en conjunto en lugar de hacerlo por separado, logrando un precio por mayoreo inaccesible para los que compran de manera individual.

El banco Muyjusto promovería que sus clientes consumieran los bienes y servicios que producen ellos mismos, de manera que el dinero viajaría de bolsillo en bolsillo sin perder en intermediarios y sin dejar de sumar poder colaborativo.

Este banco incluso vería con buenos ojos el que sus clientes decidieran intercambiar bienes y servicios para no gastar recursos en algo que otra persona ya no necesita.

En resumen, el banco Muyjusto sumaría los recursos de todos sus clientes para generar beneficios para ellos mismos. Una red de recursos en sinergia continua.

Sin embargo, para que este banco fuera una realidad tendría que existir un sofisticado sistema que conectara a todos sus clientes, a fin de detectar oportunidades de eficiencia entre las actividades individuales para volverlas colaborativas, ya que ni un millón de empleados tendría la capacidad de operar una red así de compleja.

El banco Muyjusto no existe y, sin embargo, buena parte de las ventajas que podría ofrecer están surgiendo a través de internet.

Por primera vez contamos con una red que no está intermediada por un fin específico o un interés previamente definido. Internet nos permite conectarnos y punto, la forma en la que capitalizamos esa conexión depende únicamente de nuestra determinación e instinto para lograr activar esa sinergia alrededor de una idea, contenido, producto o servicio.

La economía mundial se está transformando día a día con el nacimiento de ideas que rompen el statu quo, conectando personas que buscan obtener un beneficio en común.

En los últimos años hemos visto nacer servicios como www.prosper.com, un banco que conecta personas que realizan préstamos entre sí,sin intermediarios, pudiendo negociar directamente los intereses.

También está www.thredup.com, un sitio que reúne a padres para intercambiar la ropa de sus hijos conforme crecen, en lugar de tener que comprar ropa nueva cada vez que dan el estirón.

Compartir los libros que ya se han leído con otros es posible a través de www.bookcrossing.com

Algunos han decidido que no es necesario comprar un auto para utilizarlo dos horas diarias si lo pueden compartir con otros, ahorrando y contaminando menos. Así nace www.zipcar.com, un servicio que permite ubicar un auto cercano en el momento en que se necesite, utilizarlo el tiempo deseado y después dejarlo para que alguien más lo use, ahorrando en gasolina, seguro e impuestos.

www.myfootballclub.co.uk es la primera comunidad en internet que se unió para comprar y administrar un equipo de futbol en forma colaborativa.

Las posibilidades son infinitas si nos ponemos a pensar en opciones para capitalizar la fuerza de una audiencia conectada para conseguir un beneficio común.

En México, actualmente tenemos 32.5 millones de internautas y solamente Facebook, tiene más de veinte millones de usuarios en nuestro país, nueve de los cuales son capitalinos y eso ubica al Distrito Federal como la tercer ciudad del mundo con más usuarios de esta Red Social. Y aunque todavía hay mucho camino por recorrer, las condiciones y las conexiones necesarias para que los mexicanos capitalicemos el poder de los medios digitales ya están ahí.  

Estamos inmersos en una transformación profunda de los sistemas que rigen nuestra forma de consumir bienes y servicios, de relacionarnos, de utilizar y gastar nuestros recursos. Es tiempo de pensar en nuevas posibilidades. El reto es “pensar digital” y reinventar colaborativamente nuestro sistema económico.

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