La verga como barómetro

Abundan las vergas en divertimentos y epigramas licenciosos.
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Abundan las vergas en divertimentos y epigramas licenciosos, tan jocundos como innumerables, algo predecibles, que invariablemente riman con jerga, alberga y juerga. Una monserga.

Fuera de lo francamente licencioso, los símiles eran los mismos que los del habla cotidiana, del labriego “arado” al obvio “badajo” y la enhiesta “espada”. Y nunca falta el tenaz aconcagüita que alardeaba: “seré alma de picacho y vibraré en el surco”, y cosas así.

Los románticos vestían a la verga con ropajes eufemísticos y discretos tropos: se disimulaba como “hombría”, “vigor” o “varonía” (de muchacho me sorprendió un verso en el que Miguel Hernández se decía marcado “por varón en la ingle como un fruto”). Cuando el poeta tiene imaginación y algo que decir, todo cambia.

El símil dominante, desde el ocaso modernista, quizás fuese la sangre: una pudibundez de sustantivo que inflamaba la metonimia. El joven Paz la empleó obsesivamente en su libro juvenil Raíz del hombre, verdadera hemorragia de la que años después se burlaría. La metonimia sangre-verga a veces se prolonga (stricto sensu) al corazón, esa verga con ventrículos.

El superior poeta Gonzalo Rojas, por ejemplo, celebra “este sol colorado que es mi sangre furiosa” cuando se interroga “¿Qué se ama cuando se ama?”. Y el cordial López Velarde deseó sacarse el corazón para llevarlo a conocer “el perímetro jovial de las mujeres”, paladeable descripción del tafanario. Otra laboriosa imagen barroco-zacatecana de la verga es la que inicia “Ánima adoratriz”:

Mi virtud de sentir se acoge a la divisa

del barómetro lúbrico que en su enagua violeta

los volubles matices de los climas sujeta

            con una probidad instantánea y precisa.

Imagen que, curiosamente, no se aleja de la ciencia, en tanto que la verga es, en efecto, un escrupuloso barómetro de la atmósfera arterial.

Por último, otro ejemplo del nivel de complejidad en un himno a la verga, el de otro gran chileno, Pablo Neruda, en cuyo fascinante “Barcarola” se imagina que si su amada le besara el así llamado “corazón”

…sonarían sus negras sílabas de sangre,
crecerían sus incesantes aguas rojas,
y sonaría, sonaría a sombras,
sonaría como la muerte,
llamaría como un tubo lleno de viento o llanto
o una botella echando espanto a borbotones.


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