#LibreríaInvisible Diez libros que (nunca) dejaron huella

A continuación consigno a vuelapluma algunos de los títulos que, a lo largo de 2014, más llamaron mi atención.
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Para nadie es un secreto que el oficio de reseñista literario es uno de los peores pagados que existen. Con todo, escribir sobre libros tiene algunas ventajas. Una de ellas es que las editoriales suelen enviar a los reseñistas, de forma gratuita y regular, sus novedades editoriales. Y aunque la mayor parte de dichas novedades no valen ni el papel en el que están impresas, en ocasiones se topa uno con obras que justifican con creces el tiempo que invertimos en su lectura. A continuación consigno a vuelapluma algunos de los títulos que, a lo largo de 2014, más llamaron mi atención.

Los amantes insolventes.  F.D. González

Anastasia Meléndez, ingenua estudiante de música, recibe una llamada de Juan Gris, joven empleado de un despacho especializado en acosar a deudores de tarjetas de crédito. La deuda de la estudiante se ha vuelto estratosférica en virtud de los intereses acumulados; ella está desesperada. Las llamadas telefónicas se suceden, volviéndose cada vez más agresivas. Gris se solaza explicándole a Anastasia todo lo que el banco le hará si no paga: humillaciones, vejaciones, deshonra pública. Presa del miedo, pero también de una excitación creciente e inexplicable, Anastasia no puede dejar de escuchar las amenazas del joven. Novela de suspenso y elementos eróticos despreciada por la crítica que, sin embargo, se ha convertido en el suceso editorial del año. Su adaptación fílmica es inminente.

La oscura oscuridad de la noche. Hérmes Martínez

Calificado por la  como “El Joyce mexicano”, Hérmes Martínez nos entrega una novela de casi 900 páginas que, a principios del año, dio mucho de qué hablar entre los especialistas, quienes saludaron su ambición, su audacia, su afán experimental, así como su capacidad para romper, de una vez y para siempre, con las convenciones de la narrativa tradicional. Poseedor de una “densidad mineral” y de un “hermetismo estremecedor”, el libro conquistó importantes galardones y elevó a su autor al Olimpo de nuestras letras. Quien esto escribe se declara incapaz de resumir el argumento debido, en primer término, a la complejidad de la trama y, en segundo, a que fue incapaz de pasar de la página 15. Esta dificultad –compartida por muchos otros–, no me impide sumarme al aplauso generalizado y entusiasta que ha recibido el autor desde la aparición de tan magnífico libro.

Los novísimos alimentos terrenales. Varios autores

Entusiasta de los nuevos soportes para las obras literarias, el editor Martín Mosqueda Siroco no solo ha renunciado a la publicación de obras en papel, sino que también dejó atrás los libros electrónicos en todas sus variantes. Su más reciente antología de minificciones se encuentra impresa en una barra de pan de caja; cada rebanada contiene un texto diferente. Se puede encontrar en tres versiones: blanco,  integral y con linaza.

Los trabajos de Evaristo y EtelvinaTarcisio N. Solórzano

Frente a una narrativa cada vez más centrada en la difícil realidad del país, y a contracorriente de aquellos empeños novelescos que insisten en ofrecer una visión cruda y desoladora del México actual (crímenes de estado, delincuencia organizada, corrupción, desapariciones, feminicidios, etcétera.), Tarcisio N. Solórzano, uno de nuestros más importantes y galardonados escritores, consigue revitalizar un género que, hasta hace algunos años, solo interesaba a un puñado de académicos: la novela pastoril. Este nuevo libro no oculta su parentesco con la Arcadia del renacentista Sannazaro y reclama para sí la herencia bucólica de un Garcilaso o de un Bartolomé López de Enciso. Hay aquí cándidas ninfas e ingenuos pastores cuyos avatares se inscriben en una tradición que muchos creían muerta y enterrada desde el siglo XVIII. “Quise retratar al verdadero México”, declaró Solórzano, quien este año celebró su nonagésimo sexto aniversario.

Una temporada en Superama o las iluminaciones de la Caja 6Vladimiro Ricota

Con solo 17 años de edad, este autor se ha convertido en una de las voces más estimulantes de la joven poesía mexicana. Su primer libro hace pensar, inevitablemente, en Rimbaud, en Radiget, en Bernardo Couto y en otros genios precoces. Sus versos, compuestos mientras se desempeñaba como cerillo en un supermercado, constituyen una crítica a la sociedad de consumo y abundan en metáforas relacionadas con productos tales como champús para el cabello, aceites comestibles, comida enlatada y embutidos.

Mi vida, mi MéxicoAureliano Cánovas Rico

Hace un par de años fuimos sacudidos por la noticia de que Aureliano Cánovas Rico, dos veces diputado federal, tres veces senador, líder vitalicio de su partido y ex gobernador del Estado que lo vio nacer, había sufrido un grave accidente automovilístico. Este ocurrió cuando se dirigía a un mitin político. A consecuencia de tan lamentable hecho, el “Tigrillo del Norte”, como era conocido, cayó en un irreversible estado de coma. Esta circunstancia no ha impedido a don Aureliano dictar sus memorias, las cuales acaban de ser publicadas por Universalis Ediciones. En ellas, el insigne político narra los pormenores de su trayectoria profesional, sus luchas sociales y su incondicional entrega a las mejores causas del país. No han faltado, por supuesto, voces que ponen en duda que don Aureliano sea el autor de la obra de marras. En respuesta, el propio Aureliano Cánovas –a través de su secretario personal y vocero– respondió contundente: “Dudar de mis palabras es dudar de México”.

Baila, nenaBernardo Mateo

Novela de ciencia ficción que trasciende el mero divertimento para convertirse en una mordaz sátira del México de hoy. El protagonista es el líder de una mediocre banda de reggaeton que, cierto día, compone una melodía extrañamente seductora. La canción fascina y conquista al público, pues posee la facultad de anular de manera gradual la capacidad mental del oyente hasta convertirlo en un vegetal. El lector se entera de que la canción forma parte de un plan fraguado por extraterrestres, quienes buscan apoderarse del planeta.

Pioneros de México. Inventores e inventos olvidadosMarcelino Mendo y Linares

Como todos sabemos, la televisión a color fue inventada por el mexicano Guillermo González Camarena. Sin embargo, y como suele ocurrir en estos casos, los estadounidenses consideran que este honor les corresponde a ellos, y en particular a su compatriota Peter Goldmark, quien desarrollo el llamado Sistema Secuencial de Campos. Injusticias históricas como esta son frecuentes y en buena medida tienen que ver con el colonialismo cultural y el control ideológico del que hemos sido víctimas los países subdesarrollados. En un esfuerzo por romper con esta situación, el reputado historiador y académico Marcelino Mendo y Linares dio a la imprenta en fecha reciente Pioneros de México. Inventores e inventos olvidados. Estas páginas ofrecen datos sorprendentes y reveladores, los cuales nos muestran cómo las culturas precolombinas (específicamente los mayas, los aztecas y los toltecas) conocían el uso de artefactos tales como los tractores, las gafas, las tijeras y un rudimentario horno de microondas. Incluso se habla aquí de la posible existencia, durante la colonia, de un artilugio capaz de realizar copias de documentos mediante un procedimiento similar al que emplean las actuales fotocopiadoras y que, presumiblemente, habría sido usado para producir copias de un poema de Sor Juana.

Diccionario de neologismos innecesariosProf. Higinio R. Sores

Una obra de consulta que vale menos por su utilidad que como un objeto curioso. Impecablemente impresa, contiene palabras nuevas que, en realidad, nadie usa y, en sentido estricto, resultan innecesarias. Algunas poseen indudable atractivo sonoro: “carmilete”, “ritofante”, “ursameto”, “sofrinaste”.

La incertidumbre de OrfeoSantiago Neville y Villafuerte

¿Puede salvarse una novela por una sola frase? El nuevo libro de este prolífico narrador ofrece, como ocurre con el resto de su obra, un argumento endeble, una prosa torpe y una tesis reaccionaria. Sin embargo, resulta memorable por cierta afirmación que ni siquiera aparece en el cuerpo del texto, sino en la nota biográfica impresa en la solapa. Allí, el anónimo redactor (¿el propio Neville y Villafuerte?) califica al firmante del libro como un  “candidato natural al premio Nobel”.

 

 

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