Memoria. Madrid, 11 de marzo

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Mezclado entre los miles de viajeros
hay un hombre que sabe del destino.
Los rostros soñolientos del amanecer,
las vidas, que son únicas y paralelas,
las lentas esperanzas
en los raíles rápidos del tiempo.
Todos ignoran la sentencia,
la voluntad vacía del terror, y por ello
hablan, ríen, dormitan.
Pero entre los muchos que avanzan
hay un hombre que sabe,
y mira sin mirar a la muchacha
que, sujeta a la barra, balancea su cuerpo,
y mira sin mirar
el relajado sueño de una niña
que la madre protege en su mirada,
y mira sin mirar
mientras el tren avanza
por la lenta rutina de los días.
Porque sabe que los otros ignoran
su oscura decisión fatal.

El vértigo en los ojos de la historia:
un dios resuelto en Nada palpita por sus venas.
Dueño por un momento de los hilos,
con el gesto banal de la costumbre,
abandona el vagón.

Lo demás son los nombres rotos
y el amasijo informe de la carne
mientras suenan sirenas y teléfonos.
¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?
Con las rotas palabras te respondo
este rotundo no contra la muerte. ~