Microhidroeléctricas

Son tan obvias las ventajas de las presas para la irrigación, la generación eléctrica y el control de inundaciones que sus desventajas tardaron en ser vistas.
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Son tan obvias las ventajas de las presas para la irrigación, la generación eléctrica y el control de inundaciones que sus desventajas tardaron en ser vistas. Sin embargo, el catálogo de consecuencias negativas (humanas, ecológicas, arqueológicas) es más atribuible al gigantismo que al concepto de retener agua corriente para aprovecharla mejor.

Cuando se rompe una gran presa (cosa que rara vez sucede), el resultado es un desastre. Pero, sin romperse, las grandes presas de La Angostura, Chicoasén, Malpaso y Peñitas (donde están las mayores hidroeléctricas de México) no fueron ajenas a las terribles inundaciones de Tabasco en 2007. La presa Hoover en el río Colorado (la primera de esa magnitud, 1936) y la presa de Asuán en el Nilo (1970) crearon problemas sin solución que hoy están claros. A pesar de lo cual, China decidió sumergir centenares de poblados y desplazar a más de un millón de personas de sus hogares para construir la mayor hidroeléctrica del mundo en el río Yangtsé (presa de las Tres Gargantas, 2010).

En el otro extremo están los microproyectos hidroeléctricos que no tienen esas consecuencias, pero no llaman la atención porque parecen poca cosa. La presa china tiene una capacidad de 22.5 millones de kilovatios, equivalente a diez millones de plantas eléctricas portátiles de 2.25 kw, como las que usan los soldadores y que, en caso de urgencia, pueden sostener el consumo eléctrico de una casa (o de muchas que gasten poco). Las plantas portátiles tienen un motor de gasolina, pero hay ahora plantas estacionarias movidas por un arroyo, con o sin represa, diez millones de veces más pequeñas que la del Yangtsé. Son hidroeléctricas minúsculas que generan electricidad para comunidades aisladas. Pueden verse operando en YouTube, bajo los rubros Pico hydro, Micro hydro y Mini hydro. Hay información en Google y la Wikipedia bajo los mismos rubros.

Los molinos de agua (como los de viento) se usaron para moler trigo durante milenios. También son milenarias las norias para sacar agua de los pozos con la fuerza de un animal que avanza dando vueltas. En el siglo XVI, el famoso Juanelo Turriano (el del "huevo Juanelo") construyó en Toledo una rueda de cucharones que subían el agua del río sin necesidad de animales, aprovechando la fuerza de la corriente. En el siglo XVIII, la Enciclopedia francesa incluyó muchas ilustraciones de talleres instalados junto a un río para que sus máquinas aprovecharan la fuerza motriz del agua.

En el siglo XX, la electricidad hizo que muchas tecnologías quedaran olvidadas. Las norias fueron desplazadas por bombas de motor eléctrico. Pero las antiguas ruedas hidráulicas han reaparecido, paradójicamente, para la operación contraria: sacar electricidad del agua. Son una buena solución donde no llega la electricidad, pero bajan los arroyos; especialmente en zonas montañosas, como las que abundan en la orografía de México.

Y no sólo sirven para encender focos. Un reportaje de Amy Yee ("Microhydro drives change in rural Nepal", The New York Times, June 20, 2012) presenta las microhidroeléctricas como un recurso para el desarrollo local. El gobierno nepalés, el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo han apoyado la construcción de más de 2,000, con una capacidad promedio de ocho kilovatios. Yee visitó una de las mayores (26 kw) que costó 29,000 dólares y da servicio a mil personas, no sólo en sus hogares, sino en proyectos productivos: molinos, aserraderos, tiendas, restaurantes y hasta una torre de telefonía celular. Los hogares consumen 12 kwh al mes, a un costo de diez dólares. El reportaje no habla de otras actividades como la acuacultura y el riego por goteo, pero las combinaciones son obvias.

El centro de tecnología apropiada fundado por E. F. Schumacher (autor de Small is beautiful) se llama Soluciones Prácticas en Perú. Ofrece un Panorama energético de los pobres 2012 de 110 páginas que incluye, naturalmente, proyectos microhidroeléctricos. Puede bajarse gratis en www.solucionespracticas.pe Curiosamente, en los Estados Unidos hay interés en las microhidroeléctricas, incluso en ranchos electrificados, para ahorrar energía comprada de la red o vendérsela. El gobierno apoya estos proyectos porque son de energía renovable y porque las oportunidades orográficas de construir grandes presas están agotadas. Hay orientaciones del Departamento de Energía en páginas como Evaluating a potential microhydropower site que puede leerse en Google. También en Google pueden encontrarse muchos proveedores de equipo y servicios para construir microhidroeléctricas.

Muchas son construidas por aficionados orgullosos de reciclar materiales; por ejemplo: aprovechar un generador de automóvil o las aspas de una lavadora. Pero no todos tienen esas aficiones y capacidades. Para facilitar el hágalo-usted-mismo, es deseable el desarrollo de elementos prefabricados, adaptables a diversas circunstancias. Puede ser un bonito proyecto de ingeniería innovadora con tecnología apropiada.

Valer Austin ha desarrollado en Sonora una idea distinta, pero afín: regenerar zonas desérticas que alguna vez tuvieron flora y fauna, con micropresas que aprovechan la técnica del tecorral. Los muros rústicos baratos de piedra sin cortar y sin cemento (usados normalmente para cercar terrenos) se construyen en los arroyos secos para frenar la bajada torrencial de las lluvias ocasionales y retener algo del agua, que no deja de fluir (a través de los huecos entre las piedras) hacia un nuevo retén, y así sucesivamente. El resultado es asombroso: la flora y la fauna reaparecen después de algunos años. Véase en YouTube: Cuenca Los Ojos y Restoring natural life on the border.

 

(Reforma, 30 de septiembre 2012)

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