Patria común

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Sr. D. Enrique Krauze
Muy señor mío:
 
     Quisiera hacer dos breves comentarios al artículo de Carlos Chimal "Premios Nobel: cien años después", publicado en el número de noviembre de su revista.
     El primero es que el autor nos envía, de modo sutil, un importante mensaje: la ubicación geográfica de los descubrimientos científicos es irrelevante desde el punto de vista del avance del conocimiento. No importa el lugar donde se hayan producido ni la nacionalidad de sus protagonistas, todos los aceptamos como algo propio, patrimonio común de la humanidad.
     Interpreto que "los peldaños que conforman la escalera del universo", por los que dice Chimal que transitamos "con asombro y confianza", tienen algo que ver con la "historia direccional producida por la ciencia natural moderna" que postula Francis Fukuyama. Si es así, podemos tener la esperanza de que en el futuro, superados los tiempos turbulentos que vivimos, el llamado conflicto entre civilizaciones dará paso a una etapa de mayor concordia, basada en la ciencia y sus aplicaciones. Claro que para esto hará falta, previamente, erradicar la pobreza.
     El segundo comentario se refiere a la idea de dedicar un espacio a la ciencia en una revista de literatura tan especializada y de tanto nivel como la suya. Lo considero una iniciativa excelente. Los neurólogos y los filósofos investigan conjuntamente el fenómeno de la conciencia, la teoría de la Consiliencia postula que todos los fenómenos tangibles, incluyendo la cultura, el arte y el funcionamiento de las instituciones sociales, se basan en procesos materiales reducibles a las leyes de la física… Todo apunta a que la separación entre "las ciencias y las artes" va desapareciendo y es muy positivo que su revista colabore a ello. Les animo a continuar haciéndolo; al fin y al cabo, ciencias y letras son nuestra patria común. –