Pilar Sanz, música, promotora musical

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Pasiones fuera de la redacción

Alguna vez he pensado que ser periodista tiene un aspecto profundamente triste y mediocre: hablar sobre lo que hacen los demás en lugar de hacer uno mismo. La afirmación es exagerada, ya que un periodista también hace su trabajo. Sin embargo, no carece de una gran dosis de verdad. Quizás sea por eso que muchos periodistas compaginan su trabajo con otras pasiones: mientras se ganan la vida en redacciones escribiendo las cosas que pasan por ahí (y no pocas veces sólo ante las pantallas de sus computadoras), dedican gran parte del resto de su tiempo a esas ocupaciones sin las cuales se sienten áun más lejos de la felicidad. Algunos de ellos ni siquiera se plantean dejar el periodismo y empezar a ganar dinero con otras ocupaciones: sienten que si no lo hacen por amor al arte, esa pasión perdería su esencia. Como si las dificultades y el desinterés económico les acercara más a la pureza.

En esta serie vamos a ocuparnos de esa faceta no periodística de los periodistas. Esta vez, ellos no serán los periodistas: estarán del otro lado.

– FT

“Del indie pop no se vive, pero a mí me ilusiona y es lo que me anima”

Su pasión es la música. Canta, toca la guitarra y el teclado. Organiza conciertos de pop independiente en livings de departamentos. Pone ocasionalmente discos en bares de la movida indie de Madrid. Ella es Pilar Sanz, y con 27 años es referencia en el impulso del pop independiente madrileño.

Ah, también es jefa de redacción de una de las revistas de tendencias más conocidas de la capital española.

Quedamos con ella en uno de los eventos que organiza como representante en Madrid de Live in the living, música en directo en el salón de un departamento del madrileño barrio de Malasaña.

Live in the Living es una iniciativa holandesa. El jefe es un músico llamado Rick Treffers, que tiene un grupo llamado Mist, y cuando venía de gira promocional a España, aprovechaba para hacer alguno de estos eventos en casa de amigos.

“Casualmente me enteré de uno y fui, hace tres años. Vi cómo era, y él me dijo que estaba buscando a alguien que lo organizara en España, porque creía que podía funcionar. Y dije ‘Pues yo pruebo, y si sale bien, fenomenal, y se sale mal, pues nada’. Y así empecé”, cuenta Pilar.

Acudir a un Live in the living es una verdadera ganga: más de dos horas de música acústica en vivo, con cerveza y refrescos para los que tengan sed, y tapitas para que la birra no caiga mal al respetable, por el módico precio de diez euros. Y con un descansito en el medio, para que el público recargue su capacidad de disfrute.

No es una iniciativa precisamente lucrativa: quienes se dedican a hacerlo lo hacen de puro corazón.

Ese sábado había unas 40 personas en el departamento para disfrutar las actuaciones de tres buenos representantes de la escena indie madrileña: Tiger and Milk, Manuel Piñón (cantante y compositor de Delco) y Los autonautas.

¿Los músicos cobran por tocar en una iniciativa tan poco lucrativa?

Les pagamos un poquito, una cantidad simbólica. Depende de cuánta gente venga al concierto y cuánto recaudemos, le pagamos un poco a los músicos, y pagamos la comida y la bebida que se pone.

¿Te llena a ti esto más que hacer periodismo?

[Risas] Depende. A veces sí. Esto no es lo que me da de comer, pero lo disfruto un montón.

¿Te ves dedicándote a esto en un futuro?

Sí, me gustaría. Pero es tan difícil plantearse vivir de esto, que no lo veo como una posibilidad real. Entonces…

¿Cómo ves el panorama indie en España?

En Madrid, y supongo que en otras ciudades españolas, tenemos un problema de salas. Sobre todo con Esperanza Aguirre y [Alberto Ruiz] Gallardón [presidenta de la Comunidad de Madrid y alcalde de Madrid, respectivamente] tocar es cada vez más difícil, y cada vez te ponen más restricciones. Cuando tienes un grupo famoso sí te puedes permitir llegar a tocar a una sala… Que te cobran una pasta por el alquiler, que les tienes que asegurar que les vas a llevar a no sé cuánta gente, etcétera. Entonces, los grupos que están un poco por debajo del umbral de ser conocidos no tienen muchas oportunidades. Al final tienes que buscar una manera alternativa de darte a conocer, y creo que esto es una manera muy buena. A lo mejor sólo vienen treinta personas al concierto, pero luego esas treinta se lo cuentan a otras tantas, y al final el boca a boca es lo que funciona. Esto es algo pequeño, pero creo que puede aportar bastante.

¿Algún grupo de los que ha tocado en Live in the living son famosos ahora?

Sí, por ejemplo, Russian Red tocó en Live in the living y ahora es súper conocida. Y también hay grupos conocidos que a priori piensas que no van a querer tocar porque esto es una cosa pequeña, y vienen. Por ejemplo, Niños mutantes, que es un grupo de los 90 y que es bastante conocido.

¿Crees que esto crecerá y no podrá hacerse más en los livings?

No, esto no puede crecer más. Es lo que es. Por ejemplo, la única posibilidad de crecimiento comercial es subir el precio de la entrada, pero si subes el precio de la entrada, la gente no va a venir, con lo cual es la pescadilla que se muerde la cola, ¿sabes? No, no puede crecer… Puedes conseguir un salón más grande alguna vez, pero entonces ya la gente ni está tan callada, ni es tan tranquilo, y ya se desmadra más. A partir de cincuenta personas ya la cosa no es lo mismo.

¿Muchas veces tienes que decirle a la gente que no hay lugar?

Sí, normalmente tenemos lista de espera.

¿Has tenido episodios de quejas de vecinos?

No, nunca, porque está pensado para que no hagamos mucho ruido. Es todo acústico: no hay micros, no hay amplificación. Y además, el horario está planteado para terminar antes de las doce. Es más temprano de lo normal. Siendo en sábado y antes de las doce, no hay problema.

¿Cómo consigues voluntarios para poner el salón de su casa?

Lo más normal es que sea gente que ha venido a un concierto y ofrece su salón. De hecho, yo prefiero que la gente venga a verlo, vean cómo funciona, y se queden tranquilos. Que no te roban, que la gente no se desmadra, que no te destrozan la casa, y entonces ya ofrecen su salón. Si tú ofreces tu salón con miedo (“No, no pueden entrar aquí… Ay, a ver si me van a robar”) yo prefiero que no… Si lo ofreces, tiene que ser con todas las consecuencias, porque yo trato de que la cosa no se vaya de madre, pero la posibilidad siempre existe, ¿sabes? Yo no puedo controlar a todo el mundo. Normalmente se enteran por amigos que les han contado, o lo han oído en la radio, o han entrado en la web por casualidad, aunque lo más habitual es que de cada concierto te salga un salón para el siguiente.

¿Cómo hacen con la limpieza?

Eso corre por cuenta de los de la casa. Yo pago los gastos y lo organizo todo. Los de la casa se ocupan de preparar el salón y de recoger. Como si hicieran una fiesta, vamos.

¿Siempre conoces bien la música de quienes vienen a tocar?

Sí, normalmente les conozco. Pero a veces me arriesgo y traigo a algún grupo del que he escuchado cuatro canciones y me han gustado, pero no sé cómo funcionan en directo.

¿Alguna vez ha venido alguna banda que no ha demostrado el nivel que esperabas?

No, porque esto tampoco va de que todo el mundo sea buenísimo. Normalmente, en todos los conciertos intento que, de los tres grupos, haya uno que sea muy nuevo y sólo tenga una maqueta, para darles la oportunidad. Sí que he tenido alguna mala experiencia al intentar traer algún grupo más o menos pequeño y que me hayan dicho que tenían un caché de tres mil euros y que no querían venir. Entonces, bueno, yo tampoco quiero que vengas si lo que te interesa es la pasta, porque esto no va de dinero, va de otra cosa.

¿Todavía no te han hecho ofertas de trabajo relacionadas con esto?

[Risas] No… estaría bien.

Háblanos de tu faceta de disc-jockey…

Yo soy periodista pero me gusta mucho la música. Tengo un grupo, hago los coros en Tiger and Milk, organizo conciertos, y de vez en cuando pongo discos en bares, pero todo esto lo hago porque me gusta, no de una manera profesional. Sigo pensando que de esto no se vive. Pero a mí me ilusiona y es lo que me anima, ¿sabes?

Cuéntame un poco más del grupo que tienes.

Se llama Oh, Violet! Es gente con la que tocaba hace unos años, antes nos llamábamos Allison Falling. Ese grupo era eléctrico, y ahora éste es más acústico: guitarra acústica, bajo y voz. Y algunos teclados. Yo canto, y toco a veces los teclados, y en alguna canción la guitarra. Pero normalmente canto.

¿Has tocado alguna vez en Live in the living?

No, nunca. No sé si es buena idea mezclarlo. A lo mejor ahora que ya he terminado de grabar con mi grupo las canciones sí que me animo. Hoy, por ejemplo, saldré a cantar una canción [coro para un tema del grupo Tiger and Milk]. Pero es que no puedo estar a todo, no puedo estar organizando y tocando a la vez. Es demasiado.

– Feliciano Tisera

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