Post cóitum, post mórtem

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Se dice que el pintor belga Paul Delvaux quedó muy impresionado cuando en 1934, en Bruselas, vio el cuadro de Giorgio de Chirico titulado Misterio y melancolía de una calle. Tan grande fue el choque ante la metafísica crepuscular de Chirico que destruyó muchas obras que había hecho hasta entonces. Delvaux quedó admirado por una pintura que se refería a la poesía, al silencio y al vacío. Después, en 1948, Delvaux pintó un impactante elogio de la melancolía, donde ya no vemos la luz oblicua del sol poniente de las obras metafísicas de Chirico, sino la luminosa frialdad de una mujer desnuda en la típica pose triste, con la mano apoyada en la mejilla. Me pregunto si este cuadro, titulado Elogio de la melancolía, está además inspirado en un poema de Nietzsche que es también un elogio de la melancolía, y que comienza así: “No te enfades conmigo, melancolía, / porque tome la pluma para alabarte / y al hacerlo incline la cabeza / como un anacoreta sentado en un tronco” (“An die Melancholie”).

El cuadro de Delvaux muestra a una sensual dama recostada en un diván, apenas cubierta por una tela de seda, en un extraño recinto de aspecto clásico que podría ser un lugar público, como la sala de espera de una vieja estación de tren. Frente a ella hay otra mujer, apenas cubierta por un brocado, y en el suelo, absurdamente, hay tirado un ropaje negro. Es la expresión surrealista de esa melancolía moderna que no se ha disipado con los ritmos industriales. Se ha dicho que este cuadro expresa la tristeza postcoital de una mujer. La dama melancólica parece contemplar la falta de sentido de una modernidad vacía, con la mirada fija, como si un dios antiguo la hubiese hipnotizado. Acaso Delvaux se inspiró en la famosa canción de la melancolía (“Das Lied der Schwermuth”) que entona un mago en la obra más conocida de Nietzsche, Así habló Zaratustra. Después de evocar la náusea que sufren aquellos a quienes se les ha muerto el viejo dios, sin que haya nacido uno nuevo, el mago invoca al demonio melancólico, toma el arpa y canta un poema que Nietzsche insertó en su Zaratustra y que no había escrito originalmente para este libro. Aquí no usa la palabra de raíz griega, Melancholie, sino la sajona Schwermuth.

La dama del cuadro de Delvaux expresa no solo la tristeza después del coito, sino además la angustia por la muerte de su dios, el amado que la ha abandonado. La melancolía en Nietzsche no solamente es el demonio malvado al que le pide que no se enfade porque lo reta y lo enfrenta a su voluntad. Es también la náusea ante el temor de que los grandes avances de la modernidad, con su ciencia y su tecnología, puedan socavar los fundamentos de la cultura. Para Nietzsche los humanos están sumergidos en ese dolor superior y extraño que puede darle sentido a la vida.

La mujer melancólica que aparece en el cuadro de Delvaux es la misma que pintó en muy numerosos cuadros. Parece encarnar el mito del eterno retorno de Nietzsche. La inspiración para pintar esta mujer, que parece una fría escultura de cera, que se repite incansablemente, provino de la visita que hizo Delvaux a un gabinete de curiosidades en Bruselas, a comienzos de los años treinta. En él se exhibían los modelos anatómicos hechos en cera de la colección Spitzner, y allí vio una figura llamada “La Venus dormida” que lo conmovió.

La bella y fría dama en el elogio de la melancolía que pintó Delvaux no solo parece escapada de un museo de cera, sino también de la mente delirante y poética de Nietzsche. Es una refutación plástica del famoso proverbio de la tradición médica galénica: “Post coitum omne animal triste est, sive gallus et mulier.” ¿Todos los animales se ponen tristes después del coito, excepto el gallo y la mujer? Es curiosa la excepción, pero responde a algunas ideas antiguas en la medicina griega según las cuales las mujeres no podían ser melancólicas. Sobre los gallos no sé qué decir, en cambio me imagino que las mujeres griegas maltratadas que no tenían orgasmo seguramente tampoco eran poseídas de tristeza postcoital (acaso estaban tristes todo el tiempo). Sin embargo, el mito de la melancolía se desarrolló en sentido contrario, y encumbró a la mujer como el gran arquetipo de la melancolía y la tristeza. La condición post cóitum está, a pesar de su melancolía y su sensación de vacío, llena de emocionantes alternativas y posibilidades. En cambio la anatomía post mórtem de un dios fallecido es incapaz de ofrecer una nueva forma de moral y de cultura que no sea iluminada por otra divinidad. ~