Revista Atlántica

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Ayer se presentó el número 30 de la gaditana RevistAtlántica de Poesía, dedicado a México. De entrada hay que festejarlo. La mera circulación, aunque tímida, de veintisiete poetas mexicanos en las librerías y kioscos de España es motivo de borrachera.

Elegante revista-libro de formato italiano, RevistAtlántica lleva años publicando números espléndidos. En esta ocasión se agarró de una valiente coordenada: poetas nacidos a partir de 1950. Hay de dulce, de chile y de manteca, y el resultado es inevitablemente desigual. Esto es bueno, porque la muestra es tan variopinta como la escena poética mexicana; y malo, porque hay poemas flagrantemente malos. Pero los poemas flagrantemente malos (pegajosa, la frase: poemas flagrantemente malos) son los menos, y la muestra logra dar una idea aproximada de lo que se está escribiendo por allá. Además, en sus páginas centrales hay un puñado de ensayos y un rescate. De los ensayos hay que destacar la claridad de Armando González Torres (sobre Reyes y Paz) y lamentar la cháchara de Víctor Manuel Mendiola (sobre las antologías de poesía hispanoamericana). Hay un ensayo que elogia la poesía de José Emilio Pacheco, lo cual me parece muy bien, pero que lo hace en contra de la de Octavio Paz, lo cual no viene al caso. Gilberto Prado Galán rescata, para lectores españoles, la poesía de Alí Chumacero a cincuenta años de Palabras en reposo. Y rescate es mucho decir: para no pocos lectores de por aquí, el nombre de Alí no les dice nada.

De vuelta a la presentación: ahí estuvo, aún tocado por una reciente operación, Tomás Segovia, que leyó sus poemas publicados en la revista y un par de inéditos (uno de ellos un “Soneto votivo”, que continúa con su longeva serie de poemas eróticos o, según mi humilde opinión, pornitos). Alguien dijo que Tomás era un puente vivo, un verdadero gozne de carne y hueso entre la poesía española y la mexicana. Él, al parecer, estuvo de acuerdo, aunque matizó (mintiendo): “ahora más hueso que carne”.

– Julio Trujillo