Fotografías: Georgina Cebey

Terrenos de la memoria

Rememorar es mucho más que un ejercicio contra la amnesia y eso es lo complejo del recorrido en el Memorial de las Víctimas.
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Un memorial es un reconocimiento que detona la reflexión en torno a un evento del pasado, utiliza el espacio como un punto en el que se ancla el recuerdo. Como estrategias que refuerzan este ejercicio se incluye el monumento, el museo y el archivo, aunque hay memoriales que ceden al diseño arquitectónico toda posibilidad de apelar a la memoria a partir de la contemplación y reflexión. Este último tipo de estrategias de la memoria son complejas pues le conceden al espacio la función de establecer un vínculo con un pasado que constantemente se plantea en un tiempo presente.

En la confluencia de Periférico y Reforma, a unos pasos de donde se encuentra el busto que recuerda a Luis Donaldo Colosio, se levanta el Memorial de las Víctimas, espacio que tras una inversión de 30 millones de pesos y un proceso de inauguración accidentado y polémico, puede hoy ser recorrido. Sobre un terreno federal, 70 muros de acero se integran a la naturaleza del lugar proponiendo una reflexión sobre el otro a partir de juegos de reflejos con agua y espejos en algunos muros; el tiempo permanece como constante reflexiva en la apariencia del acero que modifica su aspecto con el oxido en tanto que frases grabadas en las superficies metálicas funcionan como un ejercicio que verbaliza el problema que da identidad al proyecto: llamar a la memoria, no olvidar a las víctimas de la violencia que se vive desde hace varios años en el país.

Pero rememorar es mucho más que un ejercicio contra la amnesia y eso es lo complejo del recorrido, justamente comprender cómo se manifiesta y construye una idea de memoria en este objeto arquitectónico que, además de pretender un diálogo con la realidad nacional, obedece también a una tendencia memorialística que se expande globalmente. Lo primero que hay que entender es que la memoria es un mecanismo de gestión del pasado en el que se trabaja con  los hechos que son relevantes para la sociedad, son un referente común de valor simbólico. Un grupo concibe ciertas acciones contra la amnesia colectiva, hay un pasado que de alguna manera se queda abierto al servicio de una comunidad que recurre a él de manera aleatoria para recordar; una cruz al borde de la avenida nos hace suponer lo que ahí pasó, lo mismo que una bicicleta blanca. A un principio de memoria similar  recurren las cruces rosas de Ciudad Juárez que rinden homenaje a quienes han desaparecido; además de apelar directamente al suceso funcionan como un reclamo simbólico de justicia. Esa llamada de atención y esa presencia de una fuerza social, son elementos difíciles de percibir en el espacio del Campo Marte, un sitio que por su carácter federal poco empata como escenario de una colectividad que desea hacerse escuchar, pues el ejercicio oficial se contrapone en muchos sentidos con este simbolismo.

Antes que una obra política, el memorial es un espacio público cuya vocación es despertar la conciencia colectiva.  Traer el pasado al presente implica de alguna manera reconciliarse con él, objetivo lejano si pensamos que ese tiempo al que hace referencia este memorial es muy reciente. El homenaje que propone este lugar congela el momento aminorando las posibilidades de una reflexión más profunda. Este tipo de espacios debería superar la conmemoración oficial a la que tan acostumbrados estamos. En un país que se encuentra lleno de marcas pasadas que apelan a la memoria en diferentes sentidos, proponer un memorial es difícil y el mensaje puede ser confuso pues la memoria no es un lugar, es motor activo de un recuerdo reflexionado y crítico, la memoria no es impuesta y tampoco puede ser condescendiente con el pasado, su intención es mover y transformar la conciencia de la comunidad. Habría que preguntarse de qué manera ocurre esto en el Memorial de las Víctimas.

Quizá, la virtud de estos proyectos es que con ellos, sin importar su origen, los términos referenciados reclaman acercamientos más analíticos que anulen las generalizaciones a las que se someten. Pensar en la memoria y la manera en que nos relacionamos con el pasado reciente puede funcionar como primer ejercicio  para acercarnos a este tipo de espacios. 

 

 

 

 

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